Francisco Poyato - PRETÉRITO IMPERFECTO

Posverdad chivada

La apariencia de que la Justicia o la Seguridad puedan ir al son de la agenda oficial, da escalofríos

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Flaco favor se le está haciendo a los muchos fiscales que cada día, y con alta precariedad de medios, intentan sacar adelante sus investigaciones de manera rigurosa, profesional, honesta y, sobre todo, justa. El alboroto suscitado por los representantes del Ministerio Público en torno a la operación Lezo revela preocupantes focos tóxicos de política espectáculo, guionizada por el sesgo ideológico o el simple revanchismo profesional y no por la defensa del interés público con todas las garantías legales. Sin olvidar los estos días reiterados principios de jerarquía y unidad de actuación, parece que guardados en el ropero. Esa política de plató, que inunda la televisiva apisonadora inmisericorde cuando te enfila por la calzada de la actualidad como te quedes atascado en medio. Esas «puertas giratorias» de las que tanto se habla para introducirse en las alcantarillas del sistema podrido son las que cobran todo el sentido cuando asistimos a episodios como el del otro día con el escrito fiscal que tiraba la piedra pero luego resulta que escondía la mano -con faltas de ortografía incluidas- de manera precipitada aunque aireada de forma calculada. Si de verdad tienen indicios suficientes para demostrar que José Antonio Nieto ha sido el «chivato» del clan González en la investigación de la flagrante trama corrupta, que cumplan su cometido legal y se depuren las responsabilidades que sean necesarias con la gravedad añadida del alto cargo del Estado en liza. Porque si fuese así, sería inadmisible. Pero si lo que se está jugando es con el tremendismo, la hipótesis dolosa, el prejuicio, el oportunismo y la honorabilidad de las personas (en este caso la del propio exalcalde de Córdoba), que la limpia proceda en sentido inverso con todas sus consecuencias y se ponga orden en semejante guirigay. La apariencia de que la Justicia o la Seguridad puedan ir al son de la agenda oficial de turno produce escalofríos. Última posta, el caso del juez encargado del caso de los ERE con Chaves y Griñán en el banquillo y su pasado como alto cargo de la Junta bajo las órdenes de éstos... O anteriormente la de algunos magistrados recusados en el caso Gürtel por sus vinculaciones a gobiernos del PP. Tanto da uno como otro.

Nos fascina la llamada «posverdad». Esa nebulosa de insinuaciones, propaganda, medias verdades, medias mentiras, conjeturas y algunos datos objetivos bien alineados que configuran una relato suflé con aires de novela testimonio a lo Truman Capote y sacia la sed de venganza. Y en ese terreno fronterizo entre lo que es, lo que ha sido, lo que pudiera ser y lo que no será nunca requerimos la prueba de cargo para ser inocente, y no todo lo contrario, que es lo que al menos nos habían enseñado hasta ahora. Y pensar que un fiscal, o un juez, o los que velan por todos nosotros, pueden entrar en esa dinámica, repito, pone los pelos de punta.

Escrito lo cual, capítulo aparte merece la torpeza política de José Antonio Nieto y la famosa reunión sobre la seguridad de los mercados mayoristas vistos los antecedentes de la hemeroteca sobre la Casa de Interior, en la que se ha llegado a grabar hasta la conversacion de un ministro con un alto cargo. ¿Le está tocando purgar su ingenuidad, su error o su exceso de manera notable...?. Sólo hay que contemplar la ronda mediática de los últimos días por toda tertulia informativa que se precie. Eso sí, en una especie de juicio previo retransmitido en «prime time» para el veredicto final de la opinión pública sobre la mencionada «posverdad» prefijada. Se puede hacer un ejercicio de fe, como Santo Tomás (creer en este caso sin escuchar la dichosa conversación), o simplemente cerrar la mano y extender hacia abajo el dedo pulgar sin más resquicios sentimentales. Lo que está claro es que eseMinisterio no está en la calle Capitulares.