Rafael Gómez abre la puerta de la sede de los Juzgados de Córdoba
Rafael Gómez abre la puerta de la sede de los Juzgados de Córdoba - VALERIO MERINO
PERFIL

Sandokán, o las siete vidas de un «tigre» enjaulado

Más de cuarenta años hecho a sí mismo en una montaña rusa: Pobre y rico a su manera, pero vivo tras cada oscuro trance

CórdobaActualizado:

«Puede conocer a internos y funcionarios. Imagínese el alcance de la red de favores que en poco tiempo podría trazarse dentro de la cárcel». Las palabras son de un bueno conocedor del centro penitenciario de Córdoba, donde Rafael Gómez «Sandokán» ingresó el lunes para cumplir cinco años de condena por dos delitos contra la Hacienda Pública.

Un remake de las muchas vidas (siete tras pisar presidio) de un tigre ahora enjaulado, que emula así las peripecias del actor Kabir Badi, que dio vida en televisión hace décadas al pirata malayo de aspecto felino que noveló Emilio Salgari («Sandokán»), y del que adoptó el apodo el empresario por su gran parecido.

Tal vez ahora Rafael Gómez viva su peor momento personal a los 72 años, cuando el miedo real ha hecho mella en su rostro viendo tan cerca la cárcel. Dejando atrás sus dentelladas hilarantes de supremo líder llano.

La primera de sus vidas concita dureza y hasta cierta ternura. «Nunca he leído un libro. Ni me ha hecho falta», ha presumido siempre. De niño cuidó cabras, vendió pavos y aprendió el oficio que le llevaría a lo más alto: la joyería. Hijo de posguerra alejado de la escuela y matriculado en la universidad de la calle, donde sacó matrícula cum laude y fraguó su jerga de asertos locuaces. Tan es así que a los 16 años se sentía preparado para coger una maleta y emigrar a Francia y Suiza para ganar dinero y regresar.

Y salió hacia la segunda vida. Retorna con ahorros y monta en Córdoba su primer taller joyero a finales de los años 70. Su inteligencia innata le convierte pronto en el «rey del oro hechura». ¿Cómo? Busca oro y se lo da a los orfebres para que le suministren piezas asequibles al cliente: sortijas, cadenas, pendientes...

La red comercial no es otra que la misma que hacía parada en la peluquería de su entonces novia Dolores (hoy su mujer) vendiendo productos para el pelo. De la nada a la empresa RGS (Rafael Gómez Sánchez). Un joyero bajo el canon de los tiempos.

Buscando albañiles

De los quilates salta al ladrillo. Tercera estación. El retorno en la joyería busca dimensión y la encuentra en una construcción que se recupera del batacazo de comienzos de los noventa en España. Poco a poco Rafael Gómez empieza a convertirse en el patrón que busca albañiles en Córdoba para trabajar en la ciudad o en la Costa del Sol.

En 1996 nace Arenal 2000, la columna de su emporio futuro. La llave maestra para entrar en otra de sus pasiones: el fútbol. Presidente del Córdoba CF entre 1993 y 1996, donde despliega su genuino carácter en el foco mayor, relacionándose ya con los «Gil y Gil» de los palcos de la época. Un fulgurante ascenso como empresario que se topa con la miel del fracaso del balompié.

Sandokán llega a su década prodigiosa (1996-2006). Su cuarta vida. El ciclo alcista económico le conduce a ser un gran terrateniente de suelo urbanizable por toda Andalucía. Bien apoyado financieramente -sobre todo por la extinta Cajasur-, multiplica los beneficios como los panes y peces, ensanchando el negocio a la sanidad privada (hospital Xanit en Benalmádena), el ocio (Tívoli World), las fincas rústicas, el comercio mayorista desde China (que dio pie a las famosas naves de Colecor sin licencia, por las que fue multado con 30 millones de euros), y, por supuesto, la joyería, en la que crea línea de moda con famosos. Caridad a raudales, amistades altisonantes de todo pelaje.... Cifras mareantes, pero pocas de contraste: nueve mil empleos directos e indirectos, cuarenta empresas, nada sobre su patrimonio real ni su facturación oficial...

Caso Malaya

Hasta que una buena mañana de junio de 2006, Gómez sale esposado en un Ford Orion de su mansión cordobesa por la operación Malaya. Pagó 300.000 euros a los hombres de Roca para hacer la vista gorda sobre su sede en Marbella. Del susto inicial y la petición del fiscal de 18 meses de cárcel, acabó en 2013 con una sentencia de seis meses de prisión y 150.000 euros de sanción.

Aunque la historia paralela del caso le salpicó como un presunto «delator» en la timba de póker que pudo dar origen al estruendo judicial y político que arrasó con la ciudad de lujo. Pero resurgió en esta quinta vida, pues el mazazo «malayo» le permitió vender innumerables activos antes justo de la gran hecatombe económica que acabó pinchando la burbuja inmobiliaria. Ese oxígeno providencial en el peor momento. Nuca se delimitaron las huellas de esas plusvalías: Punta Cana, Marruecos, Córdoba...

Entretanto, el empresario de Cañero ya había parido su sexta vida: la venganza política contra su descalabro. A finales de 2010 funda Unión Cordobesa (UCOR), un partido político que concurre entre el asombro de los cordobeses a unas elecciones locales en 2011 donde logra cinco concejales, más de veinte mil votos y se eleva como jefe de la oposición en el Ayuntamiento de Córdoba.

Campaña de mitin, cerveza y copla. Promesas básicas en barrios humildes. Platos de ducha gratis a los pisos de 40 metros cuadrados. Pasar factura desde una política que no entiende y que quiere usar para cambiar el sino de sus tiempos. En 2015, el efecto UCOR se desinfla y se retira de la primera línea justo cuando estalla el caso por fraude fiscal que le ha llevado a vivir su séptima vida en la cárcel y quién sabe si la penúltima.