Imagen de viñedos en la zona Montilla-Moriles
Imagen de viñedos en la zona Montilla-Moriles - JESÚS PRIETO
AGRICULTURA

Los viñedos de Montilla-Moriles pierden un tercio de su superficie en una década

La comarca de Córdoba se enfrenta a la competencia de otros cultivos y la falta de relevo generacional

CÓRDOBAActualizado:

«Estamos preocupados por la continua pérdida de superficie de viñedo que se ha producido en los últimos años». Lo dijo a principios de este mes el presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida (DOP) de Montilla-Moriles, Javier Martín. Los datos que maneja el citado órgano avalan esa inquietud sobre el futuro del sector en Córdoba, aunque la mayor parte de los representantes del ámbito vitivinícola consultados por ABC prefieren ser optimistas al opinar que no ven probable más arranques masivos de viñedo.

Según las estadísticas oficiales del Consejo Regulador, la zona del marco estaba formada en 2017 por un total de 4.888 hectáreas repartidas en 17 municipios y entre algo más de 2.100 viticultores. Son 2.702 menos que una década antes, cuando se llegaron a las 7.590 hectáreas. Se trata de una merma de superficie que alcanza el 35,5 por ciento, es decir, más de un tercio. El peor ejercicio fue en 2008, cuando se perdieron 613 hectáreas, aunque la reducción de explotaciones ha sido constante en el periodo. En el último año, la caída fue de 164 hectáreas.

El presidente de la Sectorial de la Viña de Asaja en Córdoba, Juan Manuel Centella, se hizo eco de la preocupación entre los viticultores de Montilla-Moriles por la bajada de superficie. «El área actual está en niveles mínimos históricos, de modo que puede haber problemas de abastecimiento a las bodegas si aumenta el consumo de vino», alertó este dirigente agrario. A su juicio, «o se reacciona con rapidez ante este problema o la situación se va a poner muy complicada para el sector».

Según su criterio, las causas por las que se ha llegado a esta realidad son «múltiples». Por un lado, la menor rentabilidad del viñedo frente a otros cultivos, como el almendro y, principalmente, el olivar, con mejores precios en las últimas campañas. Centella también aludió a los ataques sufridos en muchas explotaciones hace seis y cinco años por plagas de conejos, «lo que hizo insostenibles las plantaciones para numerosos agricultores». Por último, mencionó, la falta de relevo generacional. «La viña es un cultivo que exige muchos sacrificios, por lo que los jóvenes que heredan viñedos terminan transformándolos en olivos que son más fáciles de llevar», recalcó.

Por su parte, el secretario provincial de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), Miguel Cobos, consideró que las cooperativas deberían apostar más por la concentración para mejorar el precio actual de la uva frente a las cotizaciones más altas de cultivos como el aceite de oliva. Este dirigente agrario prefiere no ser alarmistas al afirmar que el viñedo «no va a desaparecer». Según sus previsiones, su superficie se mantendrá entre las 4.000 y las 4.500 hectáreas en el futuro.

En el mundo cooperativo también hay temor por la evolución de este cultivo en los últimos años. El presidente de la firma La Aurora, Juan Rafael Portero, indicó que la pérdida de superficie se debe, por un lado a la escasa pluviometría caída en la zona en campañas anteriores y, por otro, a menores beneficios en relación a otros productos. No obstante, defendió que las lluvias registradas entre febrero y abril ayudarán a que la próxima cosecha sea mayor, lo que unido a la subida del precio de la uva en los dos últimos años puede contribuir a evitar más arranques.