La Tarasca no sería de Granada si no tuviera un «pero»
La Tarasca a su paso por el centro de Granada. Ruiz de Almodóvar
Festividad

La Tarasca no sería de Granada si no tuviera un «pero»

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Los granadinos se han concentrado, a las 12 de la mañana, en este miércoles de Corpus en las principales calles del centro esperando el paso de la Pública de las fiestas grandes. Un ambiente en el que se alternaban las ganas de pasarlo bien, emoción e intriga en una de las citas más controvertidas de esta festividad.

Dominando al tradicional dragón, y haciendo las veces de una Santa Marta moderna, la Tarasca, es decir, el maniquí que se coloca sobre la bestia ha paseado este año luciendo diseño de Isabel Penela, que la ha vestido para estas fechas estivales que se avecinan.

«En Granada somos muy particulares, y hemos quitado a la Santa para poner una mujer, a la que todos los años cambiamos de ropa, y se convierte en un referente de la moda», explica el concejal de Cultura, Juan García Montero, que ha en clave de humor, asegura que «en el fondo todos los granadinos vamos con la expectativa de ver lo feo que es el traje de la Tarasca. Parece que si uno va a la Tarasca y no dice lo feo que es su traje, no es Corpus».

Un vestido al que este año Penela ha querido dar un aire de fiesta, con un estampado en abanicos, que han situado estratégicamente a lo largo de toda la tela. «Hemos tardado más de un mes en hacer el diseño, porque es una seda bordada, que representa la alegría de la fiesta», explica la diseñadora de Moda Cheny, refiriéndose al modelo línea años 50, con una falda en evasé que simula el capote de un torero. Es consciente de que habrá críticas, pero «estamos muy orgullosos de haber sido los elegidos por el consistorio para vestir a la Tarasca, y hemos puesto mucha ilusión, sabemos que no podemos gustar a todo el mundo, pero creemos que nos acercaremos a mucha gente con nuestra forma de diseñar».

«No sé de dónde viene la costumbre, pero lo cierto, es que el trabajo que hacen los diseñadores con este maniquí es sensacional, y todos los años va preciosa», ha querido destacar Montero. Aunque es imposible no escuchar algún «pero» al paso de la Pública, sobre el color elegido para su atuendo, el modelo o incluso su peinado.

Precedida de un desfile de cabezudos, que con sus globos de «vejiga» han golpeado sin contemplación a los valientes de las primeras filas, y gigantes, representando a las tradicionales figuras de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, y los reyes moros, Boabdil y Moraima. «Me parece muy curioso cómo los reyes moros y los cristianos siempre han ido en absoluta convivencia en este desfile, demostrando que se trata de una fiesta muy tolerante, y de la que debemos estar muy orgullosos», ha reseñado García Montero.

La tradición de la Tarasca

Según cuenta la leyenda, la Tarasca era una especie de dragón, con seis cortas patas parecidas a las de un oso, un torso similar al de un buey con caparazón de tortuga a su espalda y una escamosa cola que terminaba en el aguijón de un escorpión. Su cabeza era la de un león, con orejas de caballo y una desagradable expresión. Devastaba el territorio de la ciudad de Tarascón en Provenza.

El rey de la ciudad la había atacado con todos su medios, pero no había conseguido destruir a la bestia. Sin embargo, Santa Marta la encantó con sus plegarias, y volvió a la ciudad domándola y sobre ella.

Pero, los habitantes aterrorizados ante el aspecto del animal, al caer la noche, lo atacaron y murió sin ofrecer resistencia. Ante eso, Santa Marta predicó un sermón a la gente y convirtió a muchos de ellos al cristianismo. Arrepentidos de dar muerte a la bestia domada, los ciudadanos cambiaron el nombre de la ciudad por el de Tarascón.