El visionario Emilio Herrera
El visionario Emilio Herrera - ABC

El olvidado Emilio Herrera vuelve a Granada con todos los honores

50 años después de su muerte, una exposición rinde homenaje a uno de los granadinos más relevantes del siglo XX

GRANADAActualizado:

A los 88 años, y tras una vida repleta de singulares hitos, falleció Emilio Herrera. Fue el 13 de septiembre de 1967. La muerte le encontró en Ginebra, donde permanecieron sus restos hasta que fueron repatriados a Granada en los 90 en presencia del rey Juan Carlos. Al margen de aquel acto, poco había hecho su ciudad por reivindicar a uno de sus más ilustres y desconocidos genios. El olvido se impuso a su destacada carrera como militar e ingeniero aeronáutico, y a esa contradicción –lógica para él– que le llevó a presidir la II República en el exilio, a pesar de ser un declarado monárquico liberal. Ahora Granada ha puesto fin al abandono al que su figura ha estado sometida mediante la celebración del «Año Emilio Herrera» con motivo del 50 aniversario de su marcha al cielo en el que siempre creyó como cristiano que era.

La piedra angular del homenaje es la exposición que este miércoles se presentó en el Palacio de los Condes de Gabia de la capital. Este edificio de la Diputación de Granada albergará hasta el próximo 15 octubre la muestra: una retrospectiva que aborda la figura de Herrera en todas sus facetas. Sobre todo en la vertiente científica, por la que destacó como una de las mentes más brillantes de su tiempo, al que se adelantó. Ya en 1932 predijo la llegada del hombre a la Luna y supo ver el potencial de la incipiente industria aeronáutica, su gran pasión desde la infancia, cuando su padre, también militar, llevó a Granada por vez primera globos aerostáticos traídos de Alemania.

Genio y visionario

Fruto de aquel tierno interés, y después de años de sesudo trabajo empírico, Emilio Herrera diseñó su «escafandra estratosférica», una suerte de traje de astronauta en el que se basó la NASA para confeccionar la indumentaria con la que el hombre pudo viajar al espacio. La exposición incluye una reproducción de este invento sin el que, tal vez, el curso de la historia habría sido distinto. En la muestra se exhiben otras piezas de interés, como el catalejo o el telescopio de Herrera, traído expresamente de Portugal para la ocasión, además de un puñado de revistas y libros en los que participó.

Las contribuciones de Herrera a la ciencia granjearon su reconocimiento, no sólo en España, donde formó parte de una generación de académicos truncada por la convulsión bélica del momento, sino también en el extranjero. Formó parte de multitud de organizaciones científicas tanto en su país como en Francia, Argentina o Portugal, donde entabló buenas relaciones. Llegó a codearse con los más importantes pensadores de su tiempo, como el mismísimo Albert Einstein. Tal era el nivel intelectual de Herrera que incluso ambos llegaron a elogiar mutuamente sus ecuaciones.

Fiel a sí mismo

Si resulta fascinante el alcance de su aportación científica, no lo es menos su paradigmática figura política, simbolizada por el hecho de que llegara a ser durante dos años el presidente de la Segunda República en el exilio. Sus convicciones monárquicas, conservadoras y liberales, que iban de la mano del ferviente catolicismo que profesaba, no fueron un impedimento para que se mantuviera fiel al Gobierno ante el golpe militar del 36. Esa lógica incoherente sólo se puede entender con el beneplácito que le dio su amigo Alfonso XIII después de que abandonara España en 1931 para evitar el derramamiento de sangre que más tarde fue imposible detener.

La «escafandra estratosférica»
La «escafandra estratosférica»- ABC

La amistad que Emilio Herrera mantuvo con el monarca era tal que incluso fue a París tras su exilio para ponerse a disposición del Rey, que no tuvo reparo en pedirle que sirviera a España con la misma lealtad con la que le había servido a él. Desde entonces, Herrera permaneció ligado a la República, con la que se posición al estallido de la Guerra Civil, en la que perdió a uno de sus hijos; el precio que pagó por su lealtad. El final del conflicto le cogió en Buenos Aires. En un intento de regresar a España, decidió recalar por un tiempo en París, pero el cierre de las fronteras hizo imposible su retorno, a pesar de contar con buenos contactos dentro del régimen, y terminó viviendo en Francia casi el resto de su vida.

Emilio Herrera fue fiel a la República, pero sobre todo lo fue a sí mismo. Mantuvo la integridad moral a su paso por la Presidencia del Gobierno republicano en el exilio. Corrían años duros y para muchos españoles no era fácil vivir en Francia. Por las calles de París deambulaban cientos de expatriados. Niños, viudas, mutilados. A ellos dedicó sus dos años al frente del Ejecutivo republicano, que le sirvió de instrumento para conseguirles ayudas que facilitaron la existencia a muchas personas, inclusive a represaliados por la dictadura portuguesa.

El «Año Emilio Herrera» proseguirá con un completo ciclo de conferencias centradas en sus aportaciones académicas y militares. La colaboración desinteresada de múltiples instituciones ha hecho posible la organización de este humilde homenaje, ejecutado con el presupuesto mínimo, pero también con grandes dosis de voluntad. Una veintena de prestigiosos organismos han hecho sus aportaciones, pero nada habría posible sido sin el definitivo impulso de la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica, que llevó al Parlamento andaluz la iniciativa, secundada por todos los partidos. Algunos de sus miembros asistieron este miércoles al acto inaugural acompañados de dirigentes políticos de la Junta de Andalucía, la Diputación de Granada y la Universidad de Granada.