Playa de Matalascañas
Playa de Matalascañas - ABC
DISPUTA TERRITORIAL

Sevilla no tiene playa

Los investigadores almonteños Javier Coronel y Domingo Muñoz Bort desmienten la teoría de que parte de Matalascañas pertenezca a la ciudad hispalense

ALMONTEActualizado:

Alfonso X El Sabio no pudo regalar a Sevilla las 150 hectáreas de terrenos y la playa colindante a Matalascañas que reclaman dos ciudadanos hispalenses simplemente porque no le pertenecían. En 1255, fecha en la que Gabino Carranza y José María Font sostienen que el rey Sabio habría entregado a la ciudad de Sevilla parte del llamado «Cazadero Real», quien gobernaba sobre estos territorios era el musulmán Ibn Mahfut, rey de Niebla durante los terceros reinos de Taifas.

No fue hasta 1262 que Alfonso X conquistó el reino, por lo que, tal y como sostienen los investigadores almonteños Javier Coronel y Domingo Muñoz Bort, quien además es historiador por las Universidades de Sevilla y Barcelona y director del Centro de Documentación Histórica del Ayuntamiento de Almonte, la entrega de estas fincas a la capital hispalense era poco menos que imposible.

Así, según la documentación existente y los estudios de los dos investigadores, entre los que no se encuentra ninguna referencia al presunto «privilegio real», es a partir de la conquista de 1262 cuando Alfonso X comienza a repartir territorios a sus aliados en la guerra. Hasta 1335 no entrega Almonte a Alvar Pérez de Guzmán, alguacil mayor de Sevilla, al que se le encomienda la tarea de repoblar la zona. «El territorio no queda definitivamente sentenciado por la Corona hasta 1435: ese es el término tal y como lo conocemos, con Juan II», explican: «Almonte queda totalmente delimitado como es en la actualidad, entrando esa parte de la playa», sentencian.

Tampoco es cierto que esos terrenos no fueran objeto de desamortización, como sostienen los dos ciudadanos sevillanos de los que parte la iniciativa de reclamar el fragmento de costa almonteña. En efecto, «llega la Ley de Desamortización de 1850 al 51 y el Rey dice que los baldíos hay que venderlos, ni los comunales ni dehesas de propios: los baldíos. El Estado está asfixiado», recopila Muñoz Bort. No obstante, «el Ayuntamiento entonces se las ingenia para salvar 10.000 hectáreas de terrenos, pero el resto no pudo, no tenía escrituras y salen a venta pública», entre ellos, la zona reclamada.

Plano de las propiedades de Guillermo Garvey Capdemón
Plano de las propiedades de Guillermo Garvey Capdemón - ABC

Muñoz Bort y Coronel hacen balance del devenir de la porción de terreno con salida al mar objeto de la controversia: «En 1877 sale a subasta la zona conocida como las Naves, que es la zona de la que ellos hablan, y un año después, la Poleosa del Asperillo, aledaña a aquella. Las compra un tal J.P. Martínez, de Huelva, tal y como prueba en su tesis doctoral Juan Francisco Ojeda». Más tarde, en 1883, ambas fincas son vendidas por Martínez a la familia Ibarra e Hijos de Sevilla y en 1902 las compra Guillermo Garvey, que dos años antes había adquirido el Coto de Doñana. Garvey, gran defensor y amante de Doñana, es artífice, entre otras acciones, de la construcción del Palacio de Marismillas.

Ambas fincas tendrían después otros destinos, como en 1929, que son compradas por la sociedad Cotos Atlánticos de Alemania. Y las dos, junto con una tercera, pasan a Patrimonio Forestal del Estado, por interés general, en 1940.

Como indica Muñoz Bort, cualquiera puede consultar si estos terrenos fueron o no objeto de desamortización: está publicada en los boletines del Ministerio de Hacienda. Lo que está claro para ambos investigadores es, primero, que Alfonso X no pudo regalar algo que no le pertenecía aún, puesto que era propiedad del rey taifa, y en segundo lugar, que la desamortización y la trayectoria de estos terrenos, entre ellos la playa cercana a Torre de la Higuera, puede seguirse por la documentación existente hasta llegar a donde nos encontramos hoy.

Una búsqueda del mar que no es nueva

Para Javier Coronel y Domingo Muñoz Bort la noticia protagonizada por los dos ciudadanos sevillanos que han pedido al Ayuntamiento hispalense que reclame la propiedad de parte de la playa de Matalascañas (Huelva) supone la enésima intentona de la provincia vecina por buscar la salida al mar. «No sólo ha ocurrido con Matalascañas, también ha pasado por ejemplo con algunas localidades de la costa gaditana, y hay incluso bromas muy populares al respecto», recuerda Muñoz Bort, que también señala otras afirmaciones como que las naves de Colón salieron de Sevilla y no de Huelva, que «claro, no nos volvamos locos: la zona en 1492 pertenecía al Reino de Sevilla», pero esta cuestión territorial dista mucho de sostener que las carabelas salieron de la capital hispalense.

Sin embargo, estas confusiones, deliberadas o no, han provocado no sólo chanzas, sino también malestar en la sociedad onubense, como bien advierte Javier Coronel. «El problema está en que antes de publicar este tipo de noticias se debería hablar con las distintas universidades, con los catedráticos de Medieval y demás expertos, porque los privilegios están publicados y se pueden consultar», recomienda el historiador de las Universidades de Sevilla y Barcelona.

Sobre los intentos de la provincia de Sevilla de alcanzar un resquicio por el que ampliar sus territorios hacia el Atlántico, Javier Coronel explica que uno de los más llamativos se produjo hacia 1821, antes de que las provincias quedaran delimitadas prácticamente tal y como las conocemos hoy. En aquellos tiempos, cuando las Cortes de Cádiz instan a disolver los señoríos y crear las provincias siguiendo el modelo administrativo francés, «Sevilla ya intentó configurar su territorio arrebatándole a Almonte El Rocío y desde Torre La Higuera hacia la desembocadura del Guadalquivir, cogiendo todo el Lomo del Grullo», expone Coronel.

No fue la única disputa que se produjo entre los distintos territorios en aquella fase histórica, pero, en cualquier caso, «Huelva protestó y finalmente en 1835 se cierra, con algunas salvedades, la configuración de la zona tal y como está ahora mismo», zanja Bort.