El río muy cerca de su nacimiento
El río muy cerca de su nacimiento - FOTOS: ROMUALDO MAESTRE
DEL ROJO AL OCRE

Río Tinto o la vida en condiciones extremas

La belleza cromática de sus aguas y minas potencian su turismo

RIOTINTOActualizado:

«Parece “bourbon”», exclama un estudiante alemán de Minas cuando recoge en su botella de plástico una muestra cerca del nacimiento de este río único en el mundo. Y es verdad. O miel, o albero, o meconio. Todo depende de la luz del día y de las condiciones ambientales para poder apreciar una infinita gama de tonalidades que van del rojo al ocre en Río Tinto. Alrededor del curso alto se sitúa el mayor yacimiento minero a cielo abierto de Europa, que ya fuera explotado desde tiempos ancestrales por tartesios y romanos. Sus peculiares colores se deben al alto contenido en sales ferruginosas y sulfato férrico que, junto a la escasez de oxígeno, otorgan un pH muy ácido. En las orillas se presentan estructuras características, resultado del enfriamiento de la escoria y los residuos mineros.

En la escasa vegetación de ribera de las márgenes del cauce –dada la acusada acidez del medio, destaca el llamado brezo de las minas. Es una especie amenazada y en peligro de extinción, endémica de Huelva, que acoge y da sustento a animales de la zona. Muchos son los sitios para parar con el coche y fotografiar el río. Este viajero le gusta el tramo que pasa junto al cementerio. Un trayecto muy bonito desde el camposanto del pueblo del mismo nombre hasta el primer túnel cauce arriba.

Merece la pena buscar el nacimiento y parar justo en el puente antes del mismo

Aunque en verano no es la mejor época del año para visitarlo, dado que el caudal ha disminuido y lo que es peor, el sol acompaña poco, lo mejor es planificar para evitar las horas centrales y hacer el recorrido bien temprano. Luego merece la pena buscar el nacimiento y parar justo en el puente antes del mismo. Hay un aparcamiento habilitado. El paisaje ha cambiado completamente y del aspecto casi desértico ahora son frondosos árboles. Existe una bajada fácil pero pronunciada, que requiere buen calzado, al menos unas deportivas.

Sin catalogar

La pregunta que más asombra a los científicos es cómo en las condiciones tan extremas de sus aguas pueda existir vida. Una gran diversidad de microorganismos –muchos de ellos aún sin catalogar– se han adaptado y son capaces de alimentarse solo de minerales. Tanto es así, como ya es conocido, que el lugar es estudiado por la agencia espacial norteamericana NASA para conocer estas formas de vida, debido a la probable similitud entre sus condiciones ambientales y las que podrían darse en el planeta Marte.

Es todo un espectáculo para los ojos ver tiras verdes como algas moviéndose al ritmo de las corrientes. Por cierto, si quiere fotografiarlas conviene llevar un filtro polarizador. También en las cavidades y canales de los enclaves mineros anidan distintas variedades de murciélagos, apunta la web oficial de turismo de la Junta.

El vagón más lujoso

La visita se puede completar con múltiples actividades, todas relacionadas con la minería, en las que conviene confirmar por teléfono (959590025 / 619526888) o página web http://parquemineroderiotinto.es/ dado que los horarios cambian por temporadas. El Museo Minero Ernest Lluch incluye la reproducción de una mina romana, diferentes piezas en relación con la minería y la metalurgia de todos los tiempos, así como otras de «arqueología industrial». De ellas destaca el vagón del Maharajá, el más lujoso del mundo para vía estrecha, construido para la reina Victoria de Inglaterra y traído a Riotinto para una visita del Rey Alfonso XIII.

Del pueblo minero no se puede ir el visitante sin constatar la singularidad de su barrio inglés. En 1873 un consorcio financiero extranjero con mayoría de capital británico compró las minas constituyendo la empresa Rio Tinto Company Limited. Desde esa fecha hasta 1954 hubo presencia británica en la cuenca minera. En un principio se alojaron en el antiguo pueblo de Riotinto. Más tarde, el hecho de que la expansión minera en el filón sur iba a afectar el pueblo y por otro una excesiva proximidad con los trabajadores cuyas condiciones laborales hay que situarlas en esa fecha, hizo que en 1883 el nuevo director general Charles Prebble decidiera la construcción de un barrio donde albergar la dirección. Para ello eligió una pequeña colina de antiguas escorias al oeste del pueblo, lugar con una «bella vista» sobre la sierra, valles y planicies y que le dio nombre al barrio. En el mismo se puede ver desde una capilla presbiteriana hasta quizás la primera pista de tenis en Andalucía. La casa nº 21 la tienen como modelo de vivienda de la época y es visitable. Posee tres plantas y dos jardines con una superficie total de 540 metros cuadrados distribuidos en tres plantas. Mucho espacio para el servicio, la mano de obra debía ser barata.