Fotografía de la Torre de La Higuera, más conocida como tapón o peña de Matalascañas, tomada en 1941
Fotografía de la Torre de La Higuera, más conocida como tapón o peña de Matalascañas, tomada en 1941 - ABC
TORRES ALMENARA

Torre de La Higuera: el vigía que cayó dos veces

Un joven investigador almonteño prueba con documentos de la época que el famoso tapón de Matalascañas colapsó años antes del terremoto de Lisboa

ALMONTEActualizado:

La provincia de Huelva cuenta con más de 120 kilómetros de costa abierta al Atlántico, una inmensa extensión de arena que se despliega por todo su frente oceánico prácticamente sin solución de continuidad, con un perfil suave, sin grandes acantilados que irrumpan en su geografía o que supongan un obstáculo en un golfo en el que todo invita a recalar. Hoy, es una llamada a los miles de bañistas que eligen estas playas para pasar sus vacaciones; antaño, lo era para los fieros y peligrosos piratas, fundamentalmente berberiscos, que atacaban las costas del suroeste peninsular para hacerse con todo tipo de botines o incluso para cometer secuestros con los que después realizar chantajes que engrosaran las arcas de sus buques. Esta amenaza constante provocó que Felipe II ordenara la construcción de una serie de baluartes defensivos de los que hoy día se conservan en relativo buen estado algo más de una decena y gracias a los cuales se tiene constancia, entre otras cosas, de los llamativos cambios que la costa occidental andaluza ha sufrido a lo largo de los siglos. Son las torres almenara – un término árabe que hace referencia al fuego encendido en las atalayas como señal de aviso-, y según la abundante bibliografía que existe sobre esta construcción, el imperio habría erigido hasta 14 dentro de lo que hoy es el frente marítimo de Huelva.

Dentro de su extensión, fue la parte correspondiente al término municipal de Almonte la que concitó un mayor número de baluartes, con la construcción de hasta seis torres almenaras destinadas a proteger un frente de unos 40 kilómetros de extensión, desde el río del Oro hasta la desembocadura del río Guadalquivir. Una porción de costa rica, según los relatos de la época, en pesquerías y armadores, lo que propició el asentamiento de poblados y haciendas habitadas por gentes de procedencia diversa así como viviendas, almacenes, tiendas, mesones e incluso molinos harineros de agua, que convertían el enclave en un foco de atracción para los piratas. Contribuía a hacer aún más goloso el emplazamiento el hecho de que fuera la única vía de entrada natural de los galeones españoles provenientes de las Indias hacia el puerto de Sevilla.

Así las cosas, en 1577, se diseña el despliegue de baluartes que habrían de asentarse en lo que entonces se denominaba costa de Arenas Gordas. El 5 de julio de ese mismo año llega a la localidad onubense de Almonte Luis Bravo de Lagunas, con el objetivo principal de ejecutar el proyecto: seis torres almenaras dispuestas desde la desembocadura del río Guadalquivir hasta la linde con el término municipal de Palos de la Frontera y construidas con piedras procedentes de la localidad gaditana de Chiclana por los barcos que abastecían de pescado a esa población, que se catalogarían las Torres de Poniente. La primera de ellas es la Torre de Modolón, denominada actualmente como Torre San Jacinto. La sigue la Torre de la Cruz de Salvar o Salavar, más tarde llamada Torre Zalabar. Continúan por la costa Torre de Carboneros y Torre de La Higuera, y a continuación se hallan la Torre del Horado, conocida después como Torre del Asperillo y la Torre Río del Oro, mal llamada hoy como Torre del Loro.

Pero de todas ellas, sin duda alguna, la que se ha convertido en uno de los iconos turísticos nacionales más reconocibles es la Torre de La Higuera. Conocida también popularmente como el tapón de Matalascañas, la peña o la piedra, se trata de la zapata o cimentación de lo que efectivamente fue la torre en posición invertida. Bañada por las aguas del Atlántico, el enclave que hoy ocupa no es el originario, lo que es síntoma inequívoco de que la torre colapsó y cayó bocabajo desde el barranco en el que fue construida en su día.

Desde el siglo XX se mantiene la teoría de que el colapso de esta almenara fue producto del maremoto ocasionado por el terremoto de Lisboa de 1755. Así lo explican los guías turísticos de la zona y es sin duda la versión más conocida y aceptada por la ciudadanía. Sin embargo, el joven investigador almonteño Javier Coronel ha logrado desmontar esta teoría alimentada durante siglos. Y lo ha hecho basándose en documentos de la época, haciendo un seguimiento exhaustivo de mapas y escritos que detallan acontecimientos de aquellos años.

«No me hacía a la idea de que una ola gigantesca tumbara dicha almenara mientras las demás no sufrieron daño alguno», explica Coronel al recordar cómo nació su interés por averiguar qué había pasado realmente con Torre La Higuera. «Río del Oro, Carboneros, Zalabar y San Jacinto quedan intactas pese a que están a nivel del mar, mientras que la de La Higuera estaba a varios metros de altura en un barranco», desgrana.

En el informe del terremoto emitido por la casa ducal de Medina Sidonia no se hace referencia alguna al desplome de una de las torres vigía. Sin embargo, si se reflejan los daños sufridos por otras estructuras de la zona, como la techumbre de la antigua ermita del Rocío, que se vino abajo o la de la parroquia y algunas de las casas de Almonte. Las sospechas de Javier Coronel fueron confirmadas cuando descubre un plano de 1743 sobre la instalación de una almadraba en Torre Carboneros. En dicho plano, en el que aparecen las seis torres de Poniente, la de La Higuera ya se presenta invertida, dejando ver la cimentación como corona, mientras la demás aparecen pintadas con el cuerpo cilíndrico en posición original, por lo que, concluye el investigador, «la torre ya había caído 12 años antes del maremoto».

No es la única historia curiosa que encierra este conjunto de estructuras. La construcción de la Torre Zalabar – hoy completamente derruida-, se vio envuelta en un caso de corrupción como los que hoy copan la actualidad informativa. Diez años después de la orden de construcción de las almenaras, la Corona se vio obligada a enviar al juez Gilberto Bedoya por el retraso de las obras. Bedoya descubrió que el responsable del proyecto de la Torre Zalabar, el Maestro Mayor de obras del duque de Medina Sidonia había cometido falsedades en la edificación por lo que lo condenó «en vergüença pública» obligándolo a derribar lo edificado y a rehacerlo a su costa.

Moros en la costa

En los documentos estudiados por Javier Coronel, además de desvelarse el verdadero destino de la Torre de La Higuera, se esconden otros detalles llamativos, como el hecho de que las Torres San Jacinto y Río del Oro – esta última actualmente derruida -, eran las únicas artilladas. De la del Río del Oro, en las crónicas de la época se detalla que las dos piezas de artillería fueron clavadas – inutilizadas introduciendo por el orificio de la pieza un clavo de acero -, y arrojadas al mar por el pirata Morat Arraez, mientras que de la desparecida Torre del Asperillo se narra que su edificación se vio sometida a numerosos retrasos debido a que «se llebó la gente los moros», una expresión que hace referencia al rapto de los constructores por los piratas berberiscos. También podemos encontrar las denominaciones históricas de la hoy conocida como playa de Matalascañas o el Parque Nacional de Doñana.