Vivienda en la que vivió la familia varios días en La Zarza - ALBERTO DÍAZ
SUCESOS

Tragedia en La Zarza: los últimos días de una familia atormentada

ABC reconstruye los 16 días que vivió la pareja que se suicidó en un pequeño pueblo de Huelva, dejando a cuatro menores que convivieron con sus cuerpos

LA ZARZAActualizado:

A La Zarza ya no vuelve nadie buscando un futuro. Las posibilidades de prosperar en esta pequeña población del Andévalo onubense se redujeron a cero con los primeros atisbos de la crisis minera de Huelva, allá por los 80. Fue entonces cuando familias como los Pando decidieron emigrar y dejar el pueblo. Una niña de nombre Rocío y de apenas ocho años dejaba atrás el «cuarto» donde había nacido en la calle la Roda junto a sus padres y sus hermanos Francisco y Vanesa. El cabeza de familia, minero de profesión y por herencia familiar, había optado por probar suerte en Huelva, en la capital.

A ese mismo cuarto, como le llaman los lugareños a las modestas construcciones que edificaba la «Compañía» para los trabajadores de las minas, regresó Rocío Aguilar el pasado 7 de septiembre junto a su pareja José Antonio y sus cuatro hijos, de edades comprendidas entre los cinco y los 13 años. Habían pasado tres décadas de la marcha de los Pando. Aquella pequeña volvía hecha una mujer y arrastrando unos problemas que le llevaron a elegir su cuna como última morada.

El casero descubría su cuerpo y el de su pareja sentimental el sábado. El macabro hallazgo se tornó en noticia nacional porque los menores habían convivido con los cadáveres varios días. Rocío había confesado en el pueblo que había intentado suicidarse en un par de ocasiones. La autopsia dictaminó que la pareja había muerto de una ingesta voluntaria de pastillas. A la tercera parece que fue la definitiva.

Bella Vázquez, copropietaria del Hostal La Coneja
Bella Vázquez, copropietaria del Hostal La Coneja- ALBERTO DÍAZ

16 días antes de conocerse el triste desenlace, Rocío y José Antonio llegaban con los cuatro menores a La Zarza. La intención de vivir en una casa en estado ruinoso y con partes del techo vencidas por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento no pasó desapercibida para el reducido vecindario. Así le ocurrió a Bella Vázquez, que regenta junto a su cuñada el único establecimiento hotelero de la localidad, el hostal La Coneja, que dista escasos metros de la vivienda familiar de los Pando. «Yo conocía a Rocío desde que nació y nada más pensar que cuatro niños iban a vivir en ese sitio lleno de ratas y con el techo a punto de caerse, no pude quedarme sin hacer nada». Esta vecina les acercó comida y agua fresca.

Al día siguiente, Rocío se entrevistó con el presidente de la entidad local autónoma de La Zarza-Perrunal. Juan Manuel Serrano recuerda que la joven, de 32 años, no fue pidiendo ayuda. Sólo quería comunicarle que habían entrado en la vivienda de sus padres. No tenían llave y se habían colado por una ventana. «Le dije que esa casa no reunía condiciones y avisamos a los Servicios Sociales para iniciar la búsqueda de recursos. No es cierto que no se interviniera como dicen algunos medios», se queja el presidente de la entidad local.

No fue la única gestión que hizo aquel viernes la madre. También habló con el equipo educativo del colegio Santa Bárbara de La Zarza para que sus hijos fueran escolarizados. El 11 de septiembre iniciaron el curso con el resto de compañeros. Un detalle que aleja la imagen de una progenitora que desatendía a sus pequeños.

Dos noches en el «cuarto»

En el ruinoso cuarto de la calle La Roda sólo estuvieron dos noches. En ese tiempo, los vecinos fueron testigos de cómo la madre se afanó por adecentar la vivienda a pesar del grave deterioro. «¿Ves cómo está ahora? antes no se podía ni entrar». Bella y su sobrina empujan la puerta de la casa de los Pando por donde ya ha pasado una legión de periodistas. Un peluche que le habían regalado a los pequeños y unas garrafas de agua son los únicos recuerdos de la breve estancia de la familia. Dos colchones en el suelo habían servido de alojamiento para los menores.

El sábado 9 de septiembre, la dueña del hostal les ofreció una habitación gratis donde permanecieron cuatro días hasta que encontraron una vivienda de alquiler que les buscó la entidad local en la calle San Roque, donde aparecería muerta la pareja once días después. «Fue una chica con una vida muy desgraciada. Es una pena terrible porque eso sí, como madre no le vimos un mal gesto con los hijos y los tenía bien cuidados». A Bella se le saltan las lágrimas recordando alguna conversación que mantuvo con la joven, que llegó a relatarle episodios terribles que prefiere no compartir. «Hay cuatro niños que ojalá salgan adelante y tengan una buena vida».

De la estancia en la calle San Roque apenas hay testimonios, salvo el relato que aportó el dueño de la vivienda a la Guardia Civil. Éste reside a pocos metros de la vivienda que le alquiló a la familia. Rocío recibía una ayuda por la discapacidad que sufre su hijo mayor mientras que José Antonio aportaba una pensión de incapacidad como militar jubilado. También el casero recuerda a unos pequeños bien educados y cómo el matrimonio se había comprometido a pagar a final de mes un alquiler pactado de 200 euros por el «cuarto». Éste sí está adecentado, como muchos de los que siguen en pie en La Zarza y que recuerdan su pasado minero.

Los nuevos vecinos aseguran que apenas vieron a la pareja, tan sólo a los niños. Es esta parte de la historia la que está más contaminada por las habladurías: que si los adultos consumían drogas, que si habían llegado a La Zarza porque huían de algo en Huelva. Sólo aquellos que tuvieron trato directo con Rocío y los pequeños niegan esas afirmaciones. Sobre José Antonio la información es muy escasa: «No hablaba ni se relacionaba con la gente».

El sábado pasado, Andrés el casero acudió a la vivienda que acaba de alquilar porque su mujer se había percatado que había basura acumulada en la puerta. «Llamaron a la puerta y les abrió el niño de ocho años. Le dijeron que fuera a avisar a la madre, que tenían que hablar con ella. Y el niño les respondió que se había tomado unas pastillas y que estaba dormida», relata una vecina que prefiere guardar el anonimato. Ellos insistieron y le mandaron que la llamaran. «Cuando el pequeño volvió, dijo que su madre estaba muy fría». El casero se temió lo peor y entró en la habitación. Rocío yacía desnuda junto a José Antonio.

Cuando la noticia corrió por las calles, el mayor de los hermanos trató de esconderse en el hostal donde tan bien le habían tratado. «Tenía miedo de que se lo llevara y lo separaran de sus hermanos». No se sabe cuánto tiempo estuvieron los menores conviviendo con los cadáveres. Sí que el mayor atendió a los pequeños como en otras ocasiones. La autopsia señala que la pareja llevaba muerta al menos cinco días. Toda una vida para la corta experiencia de unos niños.