Presos y familiares hacen su entrada en la aldea del Rocío por el conocido Barrio de las Gallinas - MIGUEL ÁNGEL JIMÉNEZ
PEREGRINACIÓN CENTRO PENITENCIARIO

La Virgen del Rocío abraza a los presos y sus familias

Un grupo de 15 internos de la prisión de Huelva peregrina a la aldea almonteña gracias a una experiencia que cumple ya 19 años

ALMONTEActualizado:

Han llegado andando, doloridos, cansados y emocionados, como todo el que alguna vez decide peregrinar hasta las plantas de la Blanca Paloma. Pero ellos, además, llegan con un peso y al mismo tiempo, una ilusión adicional: la de ser portadores del voto de confianza que la Prisión Provincial de Huelva otorga cada año a un grupo de internos.

En esta ocasión han sido 15, 11 hombres y cuatro mujeres, internos de segundo grado, que gracias a su buena conducta han podido disfrutar de dos días de libertad y convivencia dentro de una experiencia que a menudo trasciende el objetivo de la reinserción social que tienen otras actividades puestas en marcha por las instituciones penitenciarias para convertirse en el germen de una nueva vida.

Tal es el impacto que tiene en los internos sentir la mirada de la Virgen del Rocío que algunos, después de cumplir sus condenas, siguen acudiendo a la peregrinación que organiza la prisión de Huelva desde hace 19 años, aunque sin mezclarse con el grupo actual ya que no les está permitido.

Con ellos salió de la cárcel el pasado martes 24 de abril un equipo de más de 30 personas conformado por personal de seguridad, monitores y voluntarios de distintas ONG que apoyan la iniciativa con su trabajo. No sólo se han encargado de las responsabilidades que les son inherentes, sino que además se han preocupado de que la experiencia sea, para estos hombres y mujeres, «alucinante», como ellos mismos aseguran. Para ello, les preparan algunas sorpresas, pequeños lujos de los que no se pueden disfrutar cuando se cumple condena, como desayunar chocolate con churros o incluso cantarles una serenata como si de una tuna auténtica se tratasen.

Lo cuenta Pablo Sánchez, monitor de la prisión que pese a estar jubilado desde hace cinco años, no falta a esta cita, y que asegura que «mientras la Virgen quiera, seguiré viniendo». Y eso que manifiesta abiertamente la dureza del camino, que presos y cuidadores emprendieron el martes a las siete de la mañana para llegar hasta Villarejo, enclave donde se produce la pernocta.

Durante esa primera jornada de peregrinación el grupo para en San Juan del Puerto y en Moguer, donde se realizan ofrendas a los simpecados de sus respectivas hermandades del Rocío y a la Virgen de Montemayor, aunque desde hace algunos ejercicios, las flores han sido sustituidas por cestas de alimentos que se destinan a un fin social.

En la jornada de hoy, 25 de abril, los internos salieron temprano del lugar de pernocta para llegar a la aldea de El Rocío a mediodía. Nada más llegar, lo primero que han hecho es visitar a la Virgen en su Santuario, y a continuación, vivir uno de los momentos más esperados por ellos: el almuerzo convivencia que se les ofrece en la Hermandad de Moguer durante el que pueden disfrutar de la compañía de sus familiares.

A las 17:30 horas, los peregrinos acudieron a la eucaristía oficiada en el Santuario por el capellán de la Prisión Provincial Emilio Rodríguez Claudio, para regresar, una vez finalizada y ya en autobús, al lugar en el que han de cumplir condena por algún tropiezo cometido en la vida, vida que tras esta experiencia de apoyo humano y devoción - que en el año 2011 derivó incluso en la constitución de la Asociación Rociera La Libertad -, no volverá a ser igual para ninguno de ellos.