Francisco de la Torre se dirige a sus vecinos en una concentración en el Ayuntamiento
Francisco de la Torre se dirige a sus vecinos en una concentración en el Ayuntamiento - FRANCIS SILVA
ANTE LAS MUNICIPALES DE 2019

El alcalde de Málaga se abraza a la eternidad

El PP pide a Francisco de la Torre que diga si quiere volver a presentarse a sus 76 años ante el miedo a un fracaso electoral

MÁLAGAActualizado:

«Esto es como cuando dio Antonio Banderas el pregón de Semana Santa. Después, ¿a quién pones?». La pregunta, en voz alta, se la hace un concejal popular del Ayuntamiento de Málaga al ser preguntado sobre el nombre que debería encabezar la lista de su partido en las próximas elecciones municipales de 2019. Y explica a la perfección el vuelco que se ha producido en las quinielas en torno al futurible candidato a la alcaldía de esta capital.

De parecer meridianamente claro que el actual regidor, Francisco de la Torre, daría paso al presidente provincial de la formación y de la Diputación, Elías Bendodo, ahora las casas de apuestas se inclinan por la continuidad de quien consideran un valor más seguro. A menos de un año y medio de la cita, el cartel para conservar la principal urbe española que queda en manos del PP aparece borroso. Una circunstancia similar a la que ocurre en el resto de Andalucía.

¿Qué ha pasado? ¿Es normal que un partido que asegura apostar por la renovación vuelva a echarse en brazos de alguien que se presentaría a los comicios con 76 años tras casi dos décadas en el cargo? La cuestión, sin más, es que se huele el miedo tras el batacazo electoral en Cataluña y el temor a que el auge de Ciudadanos pueda tener reflejo en más territorios.

«Vender un nuevo candidato a tan poco tiempo de unas elecciones nos sitúa en una posición de desventaja». Esta declaración, sí pública, la hizo a final de año Mario Cortés, otro edil de De la Torre otrora considerado hombre de la máxima confianza de Bendodo. Y ahí está la clave. Pese a las frustradas intentonas de su partido, el regidor se ha negado a efectuar la operación sucesoria durante este mandato. A reproducir la estrategia que le consolidó como alcalde, en 2000 (tres años antes de unas elecciones) cuando Celia Villalobos le dejó el testigo al ser nombrada ministra.

Así que al margen de la «cohabitación» con el regidor, un nuevo candidato apenas tendría tiempo para presentar sus credenciales de aquí a mayo de 2019. Aunque no han trascendido encuestas, en determinados cenáculos populares se habla abiertamente de la pérdida de tirón popular que supondría relevar ahora a De la Torre, considerado como el principal artífice de la gran transformación de la ciudad durante la última década.

El hecho de que sea la dirección nacional del PP, poco amiga de cambios abruptos, la que elija a los «número uno» de las candidaturas en las capitales de provincia otorga más posibilidades a que todo siga como hasta ahora. De nuevo, el terror al difícil pregón posBanderas.

Pero la situación de incertidumbre es tal que a día de hoy ni siquiera los primeros actores se ponen de acuerdo en cómo debería modularse el proceso. Juanma Moreno —amigo personal de Bendodo y hasta ahora firme defensor de la renovación— ha puesto la pelota en las manos de De la Torre. Él es quien debe elegir si quiere volver a presentarse o no. Trasladándole de paso toda la presión. «A los alcaldes los ponen y los quitan los ciudadanos», ha dicho estos días. Bendodo, igualmente, ha negado postularse para el cargo. No ser cabeza de cartel le obligaría además a romper su promesa de no volver a optar a la Diputación, donde cumplirá ocho años.

Pero al otro lado de la cancha, Francisco de la Torre devuelve la bola. Quiere que se lo pidan. «Le corresponde al PP plantear la cuestión del candidato», dijo el jueves. Su primera negativa a continuar se ha modulado. Pese a su edad y a las presiones de su familia por que lo deje, está en pleno estado de salud y, asegura, de ilusión por seguir trabajando por Málaga. Pocos dudan de que le apetezca.

Pero no todos, incluso en su equipo, defienden esta opción. Otros ediles matizan su arrastre personal en las urnas recordando que ya se dejó nada menos que seis ediles en 2015. Si sigue gobernando, es gracias al apoyo que le dieron los tres ediles de Ciudadanos. Y se cuestionan el efecto electoral de presentar a un candidato que, esta vez sí por cuestiones naturales, debería abandonar el cargo antes del que expirara el siguiente mandato. O no. Porque con la vitalidad de De la Torre, siempre necesario, nunca contingente, nadie se atreve a hacer pronósticos.