La novia del español Jorge Gómez Varo, Irene Lasanta, abraza a un familiar tras ser localizado el cadáver
La novia del español Jorge Gómez Varo, Irene Lasanta, abraza a un familiar tras ser localizado el cadáver - EFE
TRAGEDIA EN MÉXICO

Las cenizas de Jorge vuelan a Málaga

El malagueño finado en el terremoto de México fue cremado para agilizar la repatriación a España

MÁLAGAActualizado:

Será despedido en su ciudad, con sus seres queridos y a los pies de sus devociones más arraigadas. Las cenizas de Jorge Gómez, el malagueño que ha perdido la vida en el terremoto de México, vuelan hacia Málaga para recibir cristiana sepultura. «Jorge ha sido cremado. Era lo más ágil para la repatriación y lo que nos exigía menos papeleo», señala su hermano Alejandro, que definió los diez días de espera hasta que el cadáver fue rescatado por la Unidad Militar de Emergencias (UME) española como «un calvario». «Llegará de madrugada. Salen esta tarde [por ayer] y son unas 11 horas de vuelo», afirma su hermano. Ahora toca preparar una despedida en Málaga que se hará en dos actos. Será con sus dos familias. Por un lado, la carnal y, por el otro, la de los cofrades.

Jorge se marchó en 2015 a trabajar a México. La consultora coruñesa «Valora» lo fichó para sus líneas de negocio en el país americano. Se mudó con su novia y allá fue feliz hasta que la tierra tembló el pasado 19 de septiembre. El seísmo lleva hasta el momento 358 muertos, cifra que seguirá creciendo por los numerosos cadáveres que siguen enterrados en las ruinas. Sólo en el edificio donde perdió la vida el aparejador malagueño los servicios rescate israelíes situaron hasta 52 personas bajo los escombros. Jorge era uno de ellos. Perdió la vida mientras trabajaba. Quedó sepultado por el inmueble del 286 de la calle Álvaro Obregón de la Colonia Roma de Ciudad de México cuando se cercioraba de que no quedaba nadie en la segunda planta.

Todo se vino abajo antes de que pudiera salir. Desde ese momento, Irene Lasanta, novia de Jorge, se quedó a los pies del amasijo de hormigón hasta el fatal desenlace. «Nunca ha perdido la esperanza, hasta el final», apunta Alejandro. En unos primeros compases de búsqueda, mineros especializados y «topos» de la marina se afanaron por rescatar a todos los supervivientes posibles. A los dos días, cuando ya casi nadie creía que hubiera vida se detectó a Jorge y sus acompañantes en la segunda planta. Una llamada de su compañera Lizzeth alertó. Había calor y estaban vivos. Había que sacarles. Sin embargo, fue imposible.

Primero las lluvias pararon el rescate, que iba a ser inminente. Se sumaron equipos de Estados Unidos, Israel y Japón. Había que sacar a las seis personas con vida de la segunda planta. Llegó la UME y se hizo cargo de todo, se sumó una brigada ecuatoriana, pero volvió la lluvia y otro terremoto en Oaxaca. Era imposible avanzar. La estructura se movía y el asentamiento de escombros no era seguro. Había voces, que se apagaron con el tiempo. Seis días después se detectó calor. Había esperanza, pero también se desvaneció con el tiempo. Con el décimo día la UME rescató el cadáver del malagueño.

En la Costa del Sol recibirá dos misas, que están por confirmar. «Queremos dejarlas para el fin de semana, para que mi hermana y los niños vengan de Madrid», dice Alejandro en relación a Laura, que identificó a Jorge en México y que estuvo a los pies del edificio junto a Irene. «No sabemos dónde será enterrado. Lo más seguro es que sea en un columbario», apunta el hermano de Jorge, que dice que el benjamín de la familia recibirá misa en la parroquia del Corpus Christi de Pedregalejo –su barrio– y también junto Señor de Viñeros, imagen a la que le profesó devoción y que portó al hombro por las calles de Málaga, al igual que la Cristo de la Expiración, su otra devoción malagueña.