FRANCIS SILVA
Arte

Chagall, Cervantes y la desobediencia a la oficialidad

El Museo Ruso de San Petersburgo-Málaga acoge tres exposiciones temporales de gran valor artístico unidas por el relato inconformista de sus protagonistas

MálagaActualizado:

«Marc Chagall enviaba a su hija pequeña para que fuese al estudio de Pablo Ruiz Picasso y le contara qué estaba pintando. En el camino se encontraba a un niño que siempre se le quedaba mirando. Era Claude Picasso, que hacía el recorrido inverso para observar y relatar a su padre qué estaba gestando el artista ruso». Con esta anécdota que ponía de relieve la mutua admiración que existente entre el genio malagueño y Chagall, el director de la Casa Natal de Picasso en Málaga, José María Luna, realizaba ayer su introducción de la muestra «Chagall y sus contemporáneos rusos». Una de las tres nuevas exposiciones temporales del Museo Ruso de San Petersburgo-Málaga, que también explorará las revisiones realizadas por artistas rusos del Quijote y la obra de Cervantes.

La primera de ellas permite al visitante conocer el trabajo menos conocido del pintor nacido en Vitebsk (actual Bielorrusia) junto a algunas de sus obras maestras, como «El paseo» o «Judío en rojo», y las creaciones de otros artistas judíos como Robert Falk, Nathan Altman o Vera Pestel.

En este itinerario por casi 60 obras de 15 creadores hay un total de 16 piezas de Chagall, seleccionadas entre los fondos del Museo Ruso de San Petersburgo y que también incluyen préstamos de colecciones privadas rusas y europeas.

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«Estamos ante un autor del que Picasso dijo que, muerto Matisse, era el gran maestro del color», manifestó Luna, a lo que la directora del Museo Ruso, Evgina Petrova, añadió el carácter de excepcionalidad de la muestra que se puede ver en Málaga, ya que la conforman piezas que durante décadas fueron conservadas en la clandestinidad por coleccionistas privados. Circunstancia motivada por el hecho de que Chagall «fue prácticamente prohibido» en Rusia durante la revolución.

Petrova explicó cómo la prohibición de la religión judía de representar situaciones concretas de la vida condujo al que está considerado como el artista ruso con mayor reconocimiento mundial hacia el estilo figurativo.

«Zambullendo la vida en la atmósfera de sus fantasías, Chagall transfiguraba lo visto y conocido hasta el punto de que transformaba lo representado en un cuento maravilloso», escribe sobre el artista la directora de la pinacoteca, quien destacó que a su regreso a Rusia tras una estancia de casi cuatro años en París, «sus pinceles, plumas y lápiz dominaron tanto la dislocación cubista de los planos, como la tempestuosa expresividad de las pasiones y el tratamiento completamente abstracto de los temas».

La particular visión del amor, así como los sentimientos y emociones que genera, queda plasmada en «El Paseo», una de sus obras maestras y que se puede ver en la exposición. Pero este paso por la «lírica amorosa espiritualizada, apasionada, conmovedora y alegre», señaló Evgina Petrova, se truncó con el estallido de la revolución rusa. «Románticamente predispuestos al cambio, y sintiéndose capaces de liberar al arte del carácter burgués», fueron muchos los artistas que simpatizarían con este estallido social, pero rápidamente, como Chagall, se sintieron desubicados en un contexto en el que el arte era un arma de propaganda política.

Petrova recuerda que Chagal fue requerido para decorar Vítebsk –la ciudad natal del artista– para conmemorar el aniversario de la revolución y realizó unos particulares diseños en los que se podía ver un caballo volador y una vaca verde. La pregunta de la dirección del Partido Comunista ante la que Chagall enmudeció fue la siguiente: «¿Qué tienen que ver con Marx y Lenin?».

Esta exposición temporal, que el alcalde malagueño, Francisco de la Torre, afirmó que reafirman el compromiso de la ciudad con la cultura, permanecerá abierta al público hasta finales de enero y coincide con otras dos muestras en el Museo Ruso, una de ellas conmemorativa del cuarto centenario de la muerte de Cervantes, que incluye 61 piezas de arte dedicadas al Quijote y libros a cargo de pintores rusos de los siglos XIX y XX.

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Estas obras reflejan la popularidad del escritor español en Rusia y el impacto de la obra más destacada de la literatura nacional en pintores de distintas épocas.

La primera traducción al ruso del Quijote data de 1769, aunque desde un año antes las librerías rusas vendían ejemplares en francés.

La tercera propuesta artística se presenta con un título que en parte podría ser hilo conductor de las otras dos muestras y sus protagonistas. «Resistencia, tradición y apertura» está formada por 41 piezas de 25 artistas fechadas entre 1977 y 2016 y pertenecientes a una colección privada de Alemania.

El conjunto ofrece una «visión panorámica» sobre el arte ruso en casi el último medio siglo y la actitud de resistencia o desacato a las observaciones oficiales a través de la recuperación de lenguajes como la abstracción, el surrealismo o el expresionismo. El comisario de la exposición, Juan Francisco Rueda, señaló que el leitmotiv de todos los artistas agrupados en la muestra es que «la oficialidad los rechazaba» porque «desacataron al poder y no se ciñeron al realismo socialista».