Mateo y Lucas Ocón, en un parque de Torre del Mar, en Málaga
Mateo y Lucas Ocón, en un parque de Torre del Mar, en Málaga - FRANCIS SILVA
TRANSEXUALIDAD

Cuando Lucía y Natalia consiguieron ser Lucas y Mateo

Dos gemelos transexuales de Málaga hacen público su cambio de sexo para ayudar a visibilizar los problemas del colectivo

MÁLAGAActualizado:

«No volvería a teneros como chicas». Después de tanto tiempo, al fin lo había asumido completamente. En el recuerdo de Lucas y Mateo Ocón está grabada a fuego la frase que les soltó su madre cuando con 23 años le dieron la noticia: habían tomado la determinación de dejar de ser para siempre Lucía y Natalia.

Cinco años después de cortarse la melena rubia y rizada que lucían, hoy llevan barba, como su padre, y entran y salen por su casa familiar, en la que siguen residiendo, con total naturalidad. «Nuestros amigos casi ni han notado el cambio», ironizan con una sonrisa estos dos hermanos, primer caso de gemelos transexuales que se conoce en España.

Los dos hermanos han querido compartir su experiencia mediante un video en el canal de Youtube Twin Brothers que empezaron a grabar poco antes de que cambiaran su aspecto físico. El antes y el después. De Lucía y Natalia a Lucas y Mateo. «En principio hicimos el video por nosotros mismos. Para tener un bonito recuerdo. Y también para que nuestras futuras parejas pudieran saber de dónde venimos».

Pero también quieren ayudar al colectivo transexual, muchos de cuyos miembros pasan por situaciones especialmente duras. «Especialmente para los adolescentes que puedan estar sintiendo algo como lo que nos ocurrió a nosotros», expresan.

«Mamá, no me pongas ese vestido. Y mucho menos lazo; los niños no lo llevan», le decían a su progenitora

Lucas y Mateo, vecinos de Torre del Mar (Málaga), nacieron con un cuerpo de niña que muy pronto supieron que no les correspondía. «Mamá, no me pongas ese vestido. Y mucho menos lazo; los niños no lo llevan». Afortunadamente, y aunque no todo ha sido un camino de rosas y un cierto halo de incomprensión sobrevolaba el hogar, apenas tuvieron conflictos con sus padres. «Nos dejaban ir en chándal a todos sitios», rememoran.

Les aburría el divertimento de sus compañeras de clase e imitaban permanentemente el comportamiento de los chicos. «Ella era Juan y yo Felipe», recuerdan que se «bautizaron» cuando jugaban a «camuflarse» de niños. También veían el fútbol con su padre, además de pirrarse por corretear detrás de un balón. «Ahora somos del Barcelona aunque al principio nos gustaba el Betis; todos tenemos derecho a equivocarnos», se desternillan.

Conversar con ellos es atender a un cúmulo de anécdotas contadas con la mayor de las naturalidades. Desde esa íntima conexión que mantienen, siempre unidos y con el mismo sentimiento en torno a lo que deseaban ser. «Para nosotros nunca fue un problema ser diferentes, por eso siempre hemos sido muy positivos», aseguran.

«Es que no le dábamos mucha importancia: ya nos convertiremos en chicos», pensaban que ocurriría por arte de birlibirloque. En efecto, tanto su actitud actual —ahora que por fin están plenamente reconciliados con ellos mismos— como casi todo lo que cuentan de su pasado dista mucho de los casos de depresión tan habituales en las personas con transtornos de identidad de género. «¿Burlas? Alguna hubo, pero igual que se metían con el gordito o con cualquiera que fuera diferente», les quitan importancia.

Con tacones y maquillaje

Las cosas sí fueron a peor al llegar a la adolescencia. En ese momento en que la ropa ya no puede ocultar la naturaleza con la que uno ha venido al mundo. Paradójicamente, entonces no escondieron su cuerpo. Se maquillaron y se subieron a unos tacones. Sobre todo Lucas, que trabajó como azafata. «Me sentía disfrazado si me vestía como un hombre», afirma.

Le costó ser «coqueta». «Fíjate que yo creía que un ‘top’ era una canción de éxito», se ríe. Tuvieron novias. «Somos lesbianas», creían entonces. El concepto de transexualidad lo tenían «distorsionado», reconocen. Albergaban una idea de ello en la que no se reflejaban.

«¿Coqueta? Fíjate que yo creía que un 'top' era una canción de éxito», afirma Lucas

Pero algo seguía ocurriendo. Nunca menstruaron, y su ginecólogo se sorprendía del nivel de testosterona que presentaban, cuando apenas tenían vello. Con un «lío monumental» en su cabeza, fue una visita a su médica de cabecera en la que le cuentan que se sienten hombres la que les permitió ver la luz.

Ella les guió hacia la Unidad de Transtornos de Identidad de Género en el Hospital Civil de Málaga. Donde también se encontraron obstáculos. Los psicólogos que les atendían creían que se estaban influyendo el uno al otro por el hecho de ser gemelos. «La sensación era la de tener que demostrar al médico lo que éramos».

Ante la larga espera, de visita en visita al psicólogo sin llegar a acceder al endocrino, acudieron a la medicina privada. Ahí comenzaron a hormonarse y se operaron el pecho. Ahora aguardan, esta vez sí en la sanidad pública, una intervención de histerectomía para que les extirpen el útero. Están en lista de espera. Diplomados en Relaciones Laborales, Lucas trabaja como cajero en un supermercado, pero le vence pronto el contrato, Mateo está en paro. Sus problemas, ahora, ya son los de cualquiera.