David Ávila envió esta foto a los medios locales de Marbella cuando le incendiaron el gimnasio en San Pedro
David Ávila envió esta foto a los medios locales de Marbella cuando le incendiaron el gimnasio en San Pedro - ABC
NARCOTRÁFICO

La deuda que «Maradona», asesinado en la Comunión de su hijo en Marbella, no salda ni con su muerte

La banda del hombre asesinado el pasado sábado sigue recibiendo avisos por el robo de droga que cometieron

MARBELLAActualizado:

David Ávila, alias «Maradona», de 36 años de edad, salió de la parroquia Virgen del Rocío de San Pedro de Alcántara (Marbella) con sus amistades y familia el pasado sábado. Era el día de la Primera Comunión de su hijo, pero nunca llegó al banquete que había preparado. Anduvo aproximadamente 100 metros hasta el Audi gris donde halló la muerte. Allí un sicario lo abatió en plena calle a las 13.50 horas. Con su mujer agarrando a su hija y con el niño vestido para la celebración. Era más que un «ajuste de cuentas». Fue también un aviso a la banda. La deuda no está saldada.

Los agentes que investigan el caso reconocen que «estaba marcado». «Era una muerte anunciada», señalan fuentes vecinales. Cinco balas acabaron con su vida. Fue un profesional que se acercó con una «scooter» blanca, oculto por un casco, quien lo acribilló para decir a los que siguen vivos que «hay que pagar». Según ha podido saber ABC, «Maradona» debía unos 400 kilos de cocaína a un cartel colombiano. La deuda de toda la banda asciende a unos 9 millones de euros. «Si no pagan, no será el único», explican fuentes cercanas a la investigación.

Y es que los avisos continúan. Los narcos dejaron otro mensaje esta semana. «Paga la droga», fue la inscripción que se podía leer en el capó del Volkswagen blanco de uno de los colaboradores del fallecido. Esa misma noche, la Policía Local de Marbella detuvo ebrio a otro de sus supuestos amigos de fechorías. Se saltó un control y se dio a la fuga. Pasó la noche en los calabozos. «Están fuera de sí, como desquiciados, saben que tienen que pagar, que ellos también están marcados», explican las fuentes, que atribuyen la deuda a un «vuelco» (robo de droga).

Imagen del fallecido en una fiesta
Imagen del fallecido en una fiesta- ABC

El cártel tenía marcada la droga sustraída. Al venderse, alguien identificó el sello de la organización. Sabedores del poder dentro del mundo del narcotráfico, avisaron del hallazgo. Señalaron al «Maradona» y a los suyos. La banda de camellos aspirantes a narcos de San Pedro de Alcántara debe ahora compensar las pérdidas con «dinero o sangre». Es la razón por la que el entierro de David Ávila estuvo tomado por la Policía. Se trataba de evitar un nuevo episodio violento, sabedores de que allí podrían estar sus colaboradores más directos y que los colombianos podrían aprovechar para rematar la factura.

La muerte de David ha sido el trágico final de un chico que de jovencito soñaba con ser futbolista en las categorías inferiores de la Unión Deportiva San Pedro. Pronto vio que no era su futuro. Allí le sacaron el irónico apodo de «Maradona» por su falta de habilidad. Con la adolescencia cambió el balón por la playa. Con un grupo de amigos, comenzó a rescatar fardos perdidos del mar. De ahí pasó al tráfico de hachís y el primer dinero fácil. Con paso previo incluso por la cárcel. «Maradona», junto a su amigo «El Limón» —su cuñado, hermano de su esposa— fueron a prisión, pero esto no les quitó las ganas de seguir. Era una vida fácil y cómoda. «Se creían los reyes», aseguran algunos vecinos que lo recuerdan de aquella época.

Del hachís a la coca

Hace unos años dieron el salto a la coca. «Se gana más dinero, pero los errores se pagan con la vida», apuntan quienes conocen ese mundo. La vida fue entonces de lujos. «Estaba forrado», dicen los que le conocieron. «El dinero no le venía de familia. Lo consiguió traficando», señalan sus vecinos. Pasó de camello a empresario. Montó un gimnasio y participó de otros negocios, como el chiringuito «Heaven» en Estepona, pese a que no aparece en el registro como administrador. Se rodeaba de sus «hermanos» inseparables. La banda siempre permanecía unida.

«Los Gordos» eran sus fieles escuderos. Las fuentes consultadas explican que se iban a ver el Real Madrid a un palco en el Bernabéu, que se daban sesiones de rayos uva para estar siempre bronceados o que eran habituales las largas jornadas de fiesta en Puerto Banús sin escatimar gastos. Los mejores restaurantes, discotecas, zonas vips en conciertos y «beach clubs» se mezclaban con los clubs de alterne más selectos entre grandes cantidades de alcohol y drogas. Todo pagado en efectivo, como el aproximadamente millón de dólares por el que las autoridades argentinas abrieron proceso legal en 2015 contra David Ávila y otro socio por intentar introducirlo en el país de forma clandestina.

Era la vida narco de un grupo de amigos que está en caída libre «por faltar al respeto» a quien no debieron. Y han tenido tiempo para enmendar, porque los avisos han sido claros. Los colombianos golpearon quemando el «Heaven» y el gimnasio después, pero la banda no asumió sus responsabilidades. Entonces se reportó el fallecimiento del primer miembro de la banda. Ocurrió en Dubai, supuestamente en una carrera ilegal con un Ferrari un día antes de que ardiera el chiringuito y los guardas jurados del mismo aparecieran maniatados. La versión oficial, y a la que remiten los investigadores, es un accidente de tráfico. En San Pedro, los vecinos argumentan que, «si está muerto, es otro ajuste de cuentas».