Gianluca Vacchi en Marbella / J.J.M.
Gianluca Vacchi en Marbella / J.J.M.
GENTE

Gianluca Vacchi pone a bailar a Marbella

El millonario italiano viral en las redes sociales se ha convertido en DJ después de que saltara a la fama por sus danzas latinas

MARBELLAActualizado:

El nuevo restaurante de Olivia Valére (LOV) en Marbella presentó en su fiesta de apertura a uno de esos insignes de las redes sociales. El italiano Gianluca Vacchi, que tomara notoriedad mundial cuando un video suyo y de su novia Giorgia se hiciera viral bailando «Una mordidita» de Ricky Martin, fue la estrella de la noche del sábado. El nuevo DJ llegó procedente de Mirkos (Serbia) en su avión privado, desde el que suele narrar parte de su estilo de vida a través de Instagram. No es complicado seguir la pista de este multimillonario convertido en divo de los platos, gracias a que nutre a sus 9,5 millones de seguidores de imágenes y videos de la vida, en ocasiones hortera, de derroche y lujo que lleva.

Tatuajes por todo el cuerpo, aparatosos abalorios en los brazos y piernas, una pequeña coleta en la perilla, un kimono negro de judo sin magas con pantalón pirata, perenne bronceado, gafas de pasta y fibrosa musculatura para convertirse en uno de los hados que pisará el verano de Marbella este año. Se puso a los platos en una nueva vuelta de tuerca de Olivia Valére a las noches de la ciudad, cenas en un reservado de discoteca, dentro de un patio de ensueño –el año pasado babilónico– con la música a todo trapo. Un restaurante-discoteca donde las mesas van desde los 800 a los 5.000 euros, dependiendo del paquete que se estime oportuno pedir esa noche para la reserva.

En la puerta se agolpan los coches de lujo y en el interior los vestidos ajustados y la voluptuosidad de la silicona amortizable. Vacchi llegó a bordo de un Bentley negro y seguido de un puñado de colaboradores entre manager, seguridad y cantantes. Posó simpático convertido en un «showman» que volverá a la ciudad, según vaticinan en la discoteca. Su nueva faceta de DJ le hace feliz. Es enérgico, simpático y sabe para qué lo requieren. Se marca un baile, saluda, sonríe y pide subir al escenario. Suena la música atronadora, le rodean chicas explosivas y todo el mundo baila con el ritmo de un hombre que se considera admirador de Ricky Martin, Luis Fonsi o Los Gemeliers.

Es un respetable hombre de negocios con traje hecho a medida, pero que se transforma en rey de la nocturnidad con una camiseta de tirantes negra. Lo hace, según confesó, porque «sigue persiguiendo sus sueños». Compagina ambas facetas. La primera le permite llevar el tren de vida del que hace gala en sus redes sociales. Vuela en avión privado, sus últimos pasos fueron por Alçati (Turquía) y Moscú (Rusia). La segunda le convierte en un millonario bailongo cumpliendo el capricho de ser DJ, antojo que ahora rentabiliza al precio de cualquier pinchadiscos internacional.

Los dividendos de sus más de 30 empresas en el mundo, repartidas entre modelos de negocio tan dispares como las autocaravanas o las empaquetadoras de fármacos, le permiten gritar «enjoy» (disfruta) desde yates, hoteles de lujo, exclusivas villas, aviones privados o fiestas del más alto copete. Ahora debido a la relevancia alcanzada también puede ser el alma de la fiesta desde un escenario y al mando de una mesa de mezclas.