Visitante de las exposiciones
Visitante de las exposiciones - F. SILVA
ARTE

El Museo Ruso abre la puerta trasera del oficialismo soviético

El centro de arte malagueño renueva su exposición permanente y dos colecciones temporales para descubrir autores y aspectos silenciados tras la revolución

MÁLAGAActualizado:

El Museo de Arte Ruso de San Petersburgo en Málaga se renovó este viernes. De una atacada ha planteado tres exposiciones nuevas. Una permanente y dos temporales con una línea común: Descubrir aquello que el oficialismo comunista silenció o dejó en las sombras durante la época totalitaria iniciada con Lenin y continuada con Stalin. Se muestra a los líderes dentro de la corriente del «Realismo Socialista», pero se confrontan con obras y autores que no estaban dentro de los cánones. Mikhail Shavartsman es uno de ellos, al que se dedica una de las tres exposiciones. Artista «underground» que sobrevivió por el reconocimiento del público, pero sin el beneplácito del régimen.

«Radiante porvenir. El arte del realismo socialista» son 132 obras, algunas nunca se habían podido visitar antes, que narran y desmontan el discurso oficial sobre la vida en la antigua Unión Soviética tras la revolución y hasta el final de la II Guerra Mundial. La pintura era parte de la propaganda. Una forma de vender la grandeza de sus líderes. Están las obras oficiales que retratan a Lenin y Stalin en Siberia forjando su carácter revolucionario, como pensadores y dirigentes, pero también aquella visión vetada como la de Isaac Brodsky en 1927 por tener el cielo más protagonismo que el líder en «Lenin en la tribuna».

Hay retratos oficiales de la vida del gobierno. Los mejores pintores se dedicaban a estas obras en grupo para sacar con todo detalle los hitos más destacados del comunismo, como las reuniones académicas o los acuerdos de relaciones entre Rusia y China. Pinturas en las había políticos que dejaban de existir, como asegura Evgenia Petrova, comisaria de la exposición, «en una época donde había muchos fusilamientos se borraba a algunos personajes de los cuadros» cuando caían en desgracia.

Ante esto hubo artistas como Nikolay Rutkovsky que se atrevieron a colocar a Stalin junto al cadáver de Kirov, en medio de los rumores de que le jefe de estado había matado al otro líder revolucionario. Desafíos en la técnica, la forma o la corriente artística. No cumplían los cánones estandarizados para el adoctrinamiento de la masa social y eran relegados al ostracismo. Aquellos «desheredados» cobran protagonismo en las salas del Muso Ruso de Málaga con una colección que sale de los fondos en los cinco palacios de la institución de San Petersburgo con más 500.000 obras. De las que solo se exponen entre el 12 y el 15 por ciento, según la dirección del centro.

Importantes eran las mujeres. «Las diosas soviéticas» eran trabajadoras, como una obrera del metro o las dibujadas por Olga Yanovskaya en «Delegados femeninos del VI congreso» en 1932 con una mirada que no aprobó el oficialismo. Lo mismo que aquellos que se acercaron a los trabajadores de otra perspectiva. Los mineros del oro escribiendo a Stalin tras el llamamiento para aumentar las reservas de oro son la versión oficial de Vasili Yakolev en la que no aparecen las penurias de un oficio que se tragaba la vida de los trabajadores. Cuadros de grandes proporciones con una idealización constante de lo representado para dar una visión de una vida a la que había llegado la utopía.

No tenían cabida aquellas pinturas con protagonismo de las máquinas, con perspectiva diferentes o en las que se salían de las líneas típicas, que no ensalzaban a los «obreros de choque» o a los campesinos koljosianos. Aquellos que se salieron del guión como Piotr Buchkin en su retrato del Día del Trabajo de 1920, cuando era obligatoria hacer tareas para la sociedad y los habitantes de Leningrado –ahora San Petersburgo– comenzaron a plantar uno de sus parques.

Los triunfos deportivos no dejaron hueco a la obra «erótica» de Alexander Samokhvalov. Kirov en la marcha de deportistas aficionados o una corredora desnudándose. Son algunos de los cuadros que no entraron en el circuito oficial. Sí lo hizo la patria triunfante en una guerra que dejó asediada Leningrado durante 300 días. «Se comía solo un trozo de pan de negro», recuerda Petrova, quien explica cómo el «realismo socialista» idealizó la batalla en Sebastopol o cómo después de la guerra se plasmó la reconstrucción y la vuelta a la realidad, como hizo Vasili Yakolev, en «Discusión del arte» con artistas debatiendo sobre la belleza femenina.

La renovación deja también una visión de los artistas soviéticos por el mundo. Es la tercera muestra, la segunda exposición temporal presentada, en la que se aporta la percepción de algunos pintores sobre la vida en China, Italia, Francia, España, Estados Unidos o África. Una visión diferente hecha por Deineka, Chirkov, Mokovsky o Levitan, que desgrana la percepción de otras realidades fuera de un país que ya aporta una amplia diversidad cultural e identitaria.