Familiares llegados de Francia esperando su turno de visita en la prisión de Archidona
Familiares llegados de Francia esperando su turno de visita en la prisión de Archidona - F. SILVA
INMIGRACIÓN

El sueño de Europa tras unas rejas

Los familiares de los inmigrantes acogidos esta semana en la cárcel Málaga II hablan de cómo se vive dentro del centro penitenciario de Archidona

ARCHIDONAActualizado:

La presión migratoria en el Mediterráneo ha saturado la red de Centros de Internamiento de Inmigrantes (CIEs). La previsión del Estado sobre la llegada de pateras se ha visto completamente «desbordada» con la avalancha de las últimas semanas a las costas de Andalucía, como ha reconocido el propio ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido. Con esa saturación en los CIEs, la solución que encontraron la pasada semana siete tribunales fue alojar de forma temporal a los inmigrantes en el centro penitenciario Málaga II, ubicado en Archidona. Una cárcel que lleva construida y cerrada desde 2013.

En este centro penitenciario, que no contaba siquiera con dotación de personal aún, según explican fuentes de la Policía Nacional, varios agentes de este cuerpo se afanaban la pasada semana para que los familiares de los inmigrantes internados despejaran la puerta del presidio, donde se agolpan buscando entrar para ver a sus seres queridos.

En esta suerte de CIE temporal que es la cárcel de Archidona solo trabajaba hasta el momento una empresa local que se dedicaba al mantenimiento del centro. Ahora lo pueblan los 507 argelinos llegados en la última oleadas de pateras a las costas españolas que tienen colapsado el sistema de asistencia a los inmigrantes.

Según los datos ofrecidos por el Ministerio del Interior, la llegada de pateras a España se ha incrementado en un 190 por ciento en las últimas semanas. Es tal la avalancha, que ha hecho fracasar todas las previsiones. En el litoral se han acumulado estos días un millar de almas a la deriva. En lo que va de año, según las cifras del Gobierno, las costas españolas han recibido más 15.000 personas a bordo de 600 pateras. Un aluvión tal que el sistema no lo ha podido absorber y que ha llevado a los últimos en llegar a España a ocupar las instalaciones de Archidona.

Según cuentan los familiares de los internados en el centro penitenciario, este capítulo malagueño es solo una escala en la travesía de los hombres retenidos. No buscan quedarse en Andalucía, explican. El destino real es Francia, a donde quieren llegar la mayoría de quienes están en la cárcel malagueña, puesto que allí viven quienes les esperan en Europa.

Televisión y deporte

Lo que está llamado a ser la cárcel de Málaga II cuenta con todos los servicios. Tras una inversión de 117 millones de euros, el centro quedó completamente equipado para ponerse en funcionamiento en enero de 2018. La prisión está dotada con calefacción, enfermería, televisión y campos de deporte para los internos. Tiene todos los servicios necesarios para llevar una vida de reclusión.

Estas instalaciones, que han estrenado los argelinos alojados allí, sí han sufrido pequeños daños al producirse leves altercados entre algunos de los inmigrantes, que tiraron colchones y papel higiénico por las ventanas de sus dormitorios a modo de protesta. Sin embargo, tras la primera visita de los familiares a los internos, las caras eran de alivio y al salir repetían que dentro «están bien», llevando la mano al corazón y la mirada al cielo.

El primer turno de visitas entró a la una de la tarde del jueves. «Los que han ocasionado problemas han sido apartados, pero el resto está bien. Tienen agua, comida y luz», señala Naib, que asegura que su hermano «tiene 16 años y las autoridades están revisando su documentación». «Para que haya un menor dentro debe haber mentido en su edad. Los jueces sólo trasladaron a varones y mayores de edad», responden desde el Ministerio de Interior.

Llamadas desde dentro

En la puerta de la cárcel, una veintena de personas llegadas de Francia se queja de la incertidumbre por no saber cómo están sus familiares. Sin embargo, desde dentro reciben llamadas de los inmigrantes, que tienen teléfonos móviles para comunicarse. «Lo traen en la travesía; cuando desembarcan en España llaman para decir que han llegado sanos y salvos. Se los proporcionan las mismas mafias que los embarcan», apuntan fuentes oficiales.

Entre los que llamó avisando del éxito de la travesía está el hijo de Mustafá, que espera con desasosiego al segundo turno de visitas a las cuatro y media de la tarde. «Llevo tres días esperando a ver a mi hijo en Cartagena y ahora cinco aquí. Sé que está dentro porque me ha llamado y fue él quien me dijo que los trasladaban», señala el padre, quien apunta que les han dicho que algunos sólo comen galletas de cereales y que no hay comida. «Hay menores dentro», asegura Mustafá por las conversaciones telefónicas. Cada embarcado tiene su móvil que, según los familiares, usan al pisar tierra para decir que están bien. «Está a nombre de la persona. Con el número de teléfono se le puede pedir a la empresa en Argelia los datos de titular y saber si son menores de edad o no», explica Mustafá, que es el único del grupo de habla español, porque vive en Valencia.

Otra de las mujeres, que espera en un coche con matrícula de Francia, se acerca durante la entrevista y asegura que «están siendo maltratados», que a su marido le han pegado. En su regazo lleva un bebé de dos meses y pide la libertad para los internos.

Ni hambre ni malos tratos

Tanto la falta de alimentación, como los malos tratos son desmentidos por algunas de las familias que esperan en la puerta, pero también por el Ministerio de Interior y por la Asociación Málaga Acoge, que es una de las encargadas de asistirlos dentro de la prisión. «La Policía no ha intervenido. Ni siquiera en los destrozos se ha necesitado una intervención de las autoridades, ya que no llegó a ser ni una pequeña revuelta», detallan fuentes de Interior.

En Archidona la polémica suscitada se vive con distancia y temor. «En el pueblo no se ven. No hay más inmigrantes porque ellos estén ahí abajo», afirma Manolo Caro, vecino de Archidona. Sin embargo, sí hay miedo a que la prisión no abra en enero de 2018. La propia alcaldesa, Mercedes Montero, mostró su preocupación pese a las llamadas del secretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto, diciendo que los plazos para la apertura se van a cumplir. «La prisión será bueno. Va a venir mucha gente a trabajar y, aunque se repartan por varias localidades, no dejarán de mejorar la economía del municipio», reflexiona Rafael Lara, quien apunta a que los vecinos con esta reconversión provisional y los destrozos ocasionados creen que se va demorar la apertura unos meses más.