Reunión de los huérfanos de la Policía Nacional en Málaga
Reunión de los huérfanos de la Policía Nacional en Málaga - ABC
POLICÍA

La tribu que cuida a los huérfanos de la Policía de Málaga

La Asociación de Huérfanos de la Policía Nacional se ocupa de 48 hijos de agentes fallecidos en Málaga procurándoles la igualdad de oportunidades

MÁLAGAActualizado:

El inspector Montero tenía 23 años cuando su padre falleció. Estaba en la academia de Ávila, siguiendo los pasos de su progenitor y su hermana quedó sin amparo. Fue cuando recurrió a la Asociación de Huérfanos de la Policía Nacional pidiendo ayuda. «Los psicólogos la llamaban todas las semanas, la apoyaron para que estudiaría, aprendió idiomas y se sacó una oposición de maestra. Ahora está en Dallas dando clase y con su plaza en excedencia», explica el agente. Es sólo una de las historias reales que hay dentro del Cuerpo Nacional de Policía, donde esta entidad se ocupa de ser el padre que falta, la madre que se marchó, el compañero que vela por el legado más preciado de aquel que ya no está: su familia.

En Málaga son 48 los huérfanos de agentes que están recibiendo ayuda y otros muchos, algunos presentes en la última reunión celebrada en la Comisaría Provincial de Málaga a finales de abril, ya no la perciben, pero aportan para ser esos padres que ellos tuvieron cuando faltaron los biológicos. Es el caso de Alex, que está en Ávila. Lucha por seguir el camino de su padre. Su caso fue singular. Parecía que la muerte de su progenitor no le había afectado. Sin embargo, no era capaz de hablar de ello. Ahora no sólo lo hace con orgullo, sino que se emplea a fondo para seguir sus pasos. «Lo perdí con ocho años. Fue con otros compañeros que habían pasado por lo mismo como conseguí romper esa barrera», recuerda el futuro agente.

«Cuando muere un policía hay que saber que la ayuda llega a las familias»

El hermano de Alex, José Manuel, comienza diciendo que no va a ser capaz de hablar sin llorar. Emocionado, dice a los presentes que deben colaborar. «La gente se cree que la muerte de un agente es algo que no va a pasar, pero llega. Y en ese momento, hay que saber que la ayuda llega a las familias», explica. Esos beneficios son un respiro. La asociación tiene 5 millones de presupuesto para toda España. Si el progenitor fallecido no es el agente se tiene derecho al 60 por ciento de las ayudas, pero si muere un policía la familia cobra el cien por cien.

El apoyo económico es fundamental. Cada huérfano recibe 330 euros al mes hasta los 24 años en función de sus ingresos y una compensación social de 220 euros. Si es discapacitado esas cuantías son vitalicias, para que nunca queden descubiertos. A parte hay ayudas para el curso escolar, psicólogos que los llaman periódicamente para ver que avanzan en su situación emocional y hasta viajes de inmersión lingüística concertados en Toronto o Liverpool. El objetivo es que, a pesar de que los niños pierdan la guía de sus padres, estén igualdad de oportunidades con el resto para competir en el mercado laboral.

«Gracias a la asociación mis hijos han podido estudiar una carrera y aprender idiomas»

Esto solo cuesta a cada asociado 5,07 euros de su nómina como agente y la mayoría comienza a pagarlo en la propia academia, donde conocen a muchos hijos del cuerpo que han necesitado este tipo de ayuda. «Mi marido murió en 2006. Gracias a la asociación mis hijos han podido estudiar una carrera y aprender idiomas», asegura María, que tiene un hijo en Ávila siguiendo los pasos de su padre fallecido y otro con discapacidad que estará amparado cuando ella también falte.

Ese es uno de los temores más comunes, el futuro de los hijos discapacitados. La asociación se ocupa de ellos hasta que fallecen. Es la máxima expresión de la palabra «compañero». Como en la tribu, cuando los progenitores faltan, el resto de miembros se hacen cargo de sus descendientes como si fueran sus hijos, procurando lo mejor para ellos, dándoles acceso a un futuro en plenitud. «Es el mejor regalo que puede hacer un policía en activo», señaló el inspector Montero para animar a pagar la cuota.