CONGRESOS PROVINCIALES

Los cuatro costados de la crisis del Partido Popular andaluz

Las luchas internas en Jaén, Córdoba, Granada y Sevilla ponen a prueba el liderazgo de Juanma Moreno

Moreno y la secretaria regional Loles López posaron en enero con los ocho presidentes provinciales
Moreno y la secretaria regional Loles López posaron en enero con los ocho presidentes provinciales - EFE
J.J. BORRERO Sevilla - Actualizado: Guardado en: Andalucía

Las llamadas a la unidad no han surtido efecto. La «pax» malagueña del congreso regional de marzo, con la que se escenificó el apoyo unánime del partido a Juanma Moreno como presidente del PP andaluz, ha durado poco. Las diferencias se conocían pero estaban larvadas para que trascendieran solo como síntoma de un partido que respeta sus «sensibilidades» pero sin cuestionar los liderazgos. El detonante ha sido el veto de la dirección nacional a los secretarios de Estado José Enrique Fernández de Moya y José Antonio Nieto para evitar que se presenten, como querían y habían hecho público, a la reelección en la presidencia del partido en Jaén y Córdoba, respectivamente.

Pisar esos callos ha roto la discreción. Hablar ya de diferencias en vez de crisis es un eufemismo. En cuatro provincias habrá más de una candidatura,en contra de los deseos aireados por Juanma Moreno de conseguir listas de consenso para dar idea de un partido unido como una piña —frente a un PSOE dividido— y demostrar así que tiene engrasado al partido para el gran reto de ganar la Junta de Andalucía.

La versión oficial es que se han aplicado los criterios de incompatibilidad de los estatutos del partido, pero Moya y Nieto no se han callado. Hablan de «veto» y desconfían de la «neutralidad» que promete Moreno. Tienen claro que los hilos se han movido desde la dirección regional, que la conexión madrileña es Maíllo y que Moreno juega una estrategia de «doble o nada» (dice Nieto) que espera no tenga que pagar en su carrera a la presidencia de la Junta, una sutil advertencia de que el hacha de guerra ya no está bajo tierra.

Madrid que les dio los cargos institucionales que ocupan, ha arrebatado a Moya y Nieto el poder orgánico en sus respectivas provincias en aras a una pretendida renovación regional que Moreno no consiguió implantar durante los tres años de su mandato presidencial y que no se persigue en otras provincias como Almería, donde el controvertido y muy veterano Gabriel Amat no ha tenido problemas para seguir y presentarse como única opción a la presidencia.

Las críticas de Nieto al «absurdo» veto a su continuidad como presidente cordobés las hizo horas después de que el portavoz de la ejecutiva regional, Elías Bendodo, advirtiera públicamente de que «un liderazgo fuerte no se construye al margen de la unidad»; tal es la tensión que se vive en el seno del partido a un mes de que finalice el proceso congresual. Con la guerra abierta en cuatro provincias, Juanma Moreno se jugará en mayo la primera reválida de su liderazgo.

En Córdoba, Nieto señaló al parlamentario Adolfo Molina, su mano derecha en la organización, como sucesor natural, pero antes de finalizar la junta directiva cordobesa la también parlamentaria Rosario Alarcón anunciaba que le disputará el puesto. Alarcón, que llegó a la política de la mano de Nieto, es la baza que juega Moreno en el pulso por controlar el partido en Córdoba.

En Jaén ha ocurrido más de lo mismo. No ha habido opción al consenso. El pulso lo protagonizan dos alcaldes, el de Santisteban del Puerto, Juan Diego Requena, y el de Porcuna, Miguel Moreno. El primero es la sucesión natural de Fernández de Moya (que le nombró heredero mucho antes oliéndose la encerrona) y el segundo, fiel al presidente provincial hasta hace poco, será la baza «crítica»en línea con la renovación que propone la dirección regional. Las fuerzas, a tenor de los avales que presentan, son muy parejas.

¿Críticos y oficialistas?

En un manual para seguir los congresos provinciales del PP-A el primer punto debería ser no atender a definiciones sobre críticos y oficialista. El ejemplo más claro está en Sevilla. El sector «crítico» que lidera Virginia Pérez lo es hacia el actual presidente provincial, Juan Bueno, que no responde al perfil de candidato «oficial» afín de la dirección regional. Los principales apoyos de Bueno son críticos de puertas adentro a la gestión de Moreno, al que Sevilla se le resiste como plaza a conquistar. Bueno parte con ventaja frente a sus «críticos» a los que se les asocia con una maniobra personal de Javier Arenas de la que Moreno se desvincula, pero que a la larga haría suya con el pretexto —otra vez— de la renovación, el mantra bajo el que hacen campaña los seguidores de Pérez.

La crisis de Granada tiene otros componentes que la agudizan. Lo demuestra las cuatro candidaturas en liza, si bien el enfrentamiento tiene su clave en la forma en la que salió del partido José Torres Hurtado tras su imputación y la lucha visceral con el presidente Sebastián Pérez; un ejemplo claro de por qué las renovaciones no hay que dejarlas para última hora.

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