Los restos de lo que fue la fábrica de Cárnicas Molina, empresa beneficiaria del primer ERE sospechoso tras el de Mercasevilla
Los restos de lo que fue la fábrica de Cárnicas Molina, empresa beneficiaria del primer ERE sospechoso tras el de Mercasevilla - ABC

La falta de industrias sitúa a Jaén como zona cero del Caso ERE

La economía de la provincia quedó bajo mínimos tras gestionar la Junta varios proyectos que terminaron con los ERE de Cárnicas Molina, Santana o Dhul

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Una pintada («Jaén no puede permitirse perder 148 empleos») habla de un tiempo de lucha en la fábrica Hijos de Andrés Molina, célebre por sus afamados productos cárnicos y por ser la empresa piloto de los ERE. La pintada es casi lo único que queda en pie del emporio que contó en los ochenta con más de un millar de trabajadores. La crisis de los noventa acabó con la mitad de la plantilla y un cambalache posterior de la Junta de Andalucía dejó sin nómina a la otra mitad.

Cárnicas Molina es la zona cero de los ERE. En ella se doctoró Juan Lanzas, convertido en uno de los principales encausados en el proceso que juzga ahora la Audiencia de Sevilla, que también tomará declaración a otros sindicalistas y políticos en el marco de la causa.

Como dirigente de la federación agroalimentaria de la UGT de Jaén cobró protagonismo en la revuelta de los trabajadores contra la dirección de la empresa. Sus vibrantes arengas diarias a la plantilla, trufadas de demagogia, surtieron efecto. Tras ellas arreciaron las huelgas y los escraches a los dueños. El coche del abogado de la empresa fue volcado. Los propietarios pidieron tiempo muerto.

La crispación no era buena para el ebitda, de modo que los herederos de Andrés Molina, que habían solicitado ayuda financiera a la Junta de Andalucía sin hacer frente al pago, decidieron vender la empresa fundada en 1952 por un carnicero con talento comercial. La adquirió, por un euro, la propia administración autonómica. La plantilla aplaudió el cambio. La izquierda también, ya que, en cierto modo, el proletariado había doblado el pulso a la familia más poderosa de Jaén. En el imaginario obrero la empresa se convertiría en un koljós. Pero la realidad fue otra.

De hecho, el declive empresarial coincidió con la entrada de la Junta de Andalucía en el accionariado. La pésima gestión de la Consejería de Industria se tradujo en un déficit escandaloso y en ayudas públicas millonarias que después fueron cuestionadas en parte por la Unión Europea. El montante sirvió al menos para que la administración mantuviera el empleo.

Cuando en 1995 el Instituto de Fomento de Andalucía se hizo cargo de la fábrica contaba con más de medio millar de empleados, que permanecieron hasta que cuatro años después la Junta vendió la plantilla a Campofrío, que pidió aligerar la carga laboral. Surge así el ERE fundacional.

Lanzas y Zarrías

La plantilla menguó aún más en 2004, tras vender Campofrío los activos a Proinserga, sociedad segoviana que tres años después declaró suspensión de pagos, con la consiguiente zozobra de los empleados jiennenses, quienes solicitaron la ayuda de Juan Lanzas.

También la de Gaspar Zarrías, por entonces secretario general del PSOE de Jaén y secretario de Estado, quien, consumado el cierre de la cárnica, convenció a dos empresas para que se instalaran en la ciudad. Tenía que asumir la plantilla de Molina, pero a cambio recibirían subvenciones públicas.

Una de ellas, Proasego, ni siquiera hizo ademán de instalarse. En cambio, la segunda, Dhul, del grupo Nueva Rumasa, recibió casi cuatro millones de euros de la Junta para una fábrica de productos precocinados.

La familia Ruiz Mateos

La fábrica de Dhul, situada a medio kilómetro de la de Hijos de Andrés Molina, está hoy también en ruinas. Las dificultades financieras de la familia Ruiz Mateos sobrevinieron cuando su grupo había construido más de un tercio de la nave. Por falta de pago la empresa encargada de las obras retiró la maquinaria.

A los albañiles les sustituyeron los saqueadores. Y a la confianza en la Junta le sustituyó el recelo de los 148 empleados, quienes para exigir empleo acamparon junto a la sede de la Delegación del Gobierno andaluz durante más de un año.

Cuando todo acabó, un delegado sindical admitió que el PSOE había intercalado con éxito quintacolumnistas para desactivar las movilizaciones o descafeinar la batalla. Los expedientes de regulación de empleo también determinaron su intensidad porque la pérdida de masa laboral implicó consecuentemente que un menor número de trabajadores exigieran sus derechos.

Antes de los ERE más de medio millar de ellos convocaron una manifestación en la que participaron casi 10.000 jiennenses. Después de ellos, apenas un millar de personas secundaba en el mejor de los casos los actos organizados para recabar la solidaridad de la capital jiennense.

El modelo de Santana Motor

Al margen de contar entre sus filas con empleados que jugaban a dos bandos, el error estratégico, a juicio de este ex representante sindical, fue no copiar el modelo lucha patentado por los trabajadores de Santana Motor, que mediante actos contundentes (cortes diarios de carreteras, disturbios y huelgas) forzaron a la administración autonómica, gestora de la empresa tras el abandono de la multinacional Suzuki, motivada por sus pérdidas millonarias, a librar una ingente cantidad de dinero público para prejubilaciones.