Imagen de archivo de un ejemplar de lince ibérico atropellado en Doñana
Imagen de archivo de un ejemplar de lince ibérico atropellado en Doñana - EFE
MEDIO AMBIENTE

El lince ibérico y su enemigo más mortal: los atropellos

Conforme aumenta la superficie del hábitat natural del lince, crece el riesgo de mortalidad por esta causa

SEVILLAActualizado:

De apenas un centenar de ejemplares en 2002 a casi seiscientos en la actualidad. El lince ibérico ha pasado de estar oficialmente en «peligro crítico de extinción» a solo en «peligro de extinción» tras años de trabajo intenso e inversiones millonarias en los distintos programas llevados a cabo para su recuperación.

Pero este felino característico de la península ibérica se enfrenta a un nuevo problema que está afectando a su crecimiento: los atropellos. En 2017 se produjeron hasta 31, 18 de ellos en Andalucía, convirtiéndose esta en la principal causa de mortalidad del lince. El furtivismo tampoco ayuda, sobre todo en esta comunidad autónoma, donde el pasado año murieron siete ejemplares por esta causa.

2018 va camino de convertirse en otro año trágico para el lince ibérico en las carreteras, con siete ejemplares muertos en lo que va de año. El último felino fallecido en Andalucía se producía a mediados de marzo cuando un cachorro fue encontrado muerto en el kilómetro 342,5 de la A-4, dentro del término municipal de Marmolejo (Jaén). Pocos días después se producía otro atropello mortal en la provincia de Badajoz.

La principal causa del aumento de atropellos mortales es simple: el incremento del número de ejemplares va ligado al incremento de la superfice de su hábitat natural, en la que se incluyen cada vez más carreteras e incluso autovías como la A-4 que conecta Andalucía con Madrid.

«Al principio solo había presencia de linces en Doñana y Andújar en apenas 125 kilómetros cuadrados y ahora estamos hablando de unos 2.000 kilómetros cuadrados en la actualidad», explica el director del proyecto Life+Iberlince, Miguel Ángel Simón, que califica de «muy elevado» este índice de atropellos. Además, el virus que desde 2012 ha mermado la población de conejos, principal alimento del lince, hace que este tenga que desplazarse más para buscar comida, aumentando la posibilidad de cruzar carreteras.

Puntos negros

Desde el proyecto que dirige Simón se están tomando las primeras medidas para luchar contra esta lacra. También desde la ONG medioambiental WWF se remitió un informe a la Fiscalía General de Medio Ambiente para tratar este asunto, y se abrió una investigación que no llegó a nada.

Pero para Simón la vía a seguir pasa más por la búsqueda de complicidad entre las diferentes administraciones encargadas de gestionar las carreteras donde se producen los accidentes.

Existen una serie de puntos negros donde hay que actuar, siendo el principal el que pasa por la autovía A-4 y para el que ya hay un proyecto para crear un paso de linces promovido por el Ministerio de Fomento que podría ser aprobado este año.

«Hay que trabajar uno a uno en estos puntos negros, lo cual es complicado porque según el tipo de carretera hay que dirigirse a una administración u otra y también porque se necesita una inversión de un millón de euros para crear cada uno de estos pasos», señala Simón, que además reconoce que es inevitable que se produzcan más atropellos y que «la actuación sobre puntos aislados es, en principio, inviable».

A finales de marzo se conocía, además, que nacían los primeros cachorros de lince en estado salvaje de esta temporada: tres de la hembra «Granadilla» en Jaén y otra camada de dos ejemplares en la zona de Doñana. A pesar de las dificultades, aún queda esperanza para este peculiar felino.