Imagen del Manuel Lebrón, ex policía local de Alcalá de Guadaíra
Imagen del Manuel Lebrón, ex policía local de Alcalá de Guadaíra - ABC

Abogado, condenado y desterrado, así es el expolicía que retenía a sus hijos en Sevilla

El exagente se defiende a sí mismo está condenado a 34 meses por maltrato, tiene varios arrestos previos y un odio público a la ley de violencia de género

SEVILLAActualizado:

Manuel Lebrón es un viejo conocido de la sección de sucesos de los periódicos. Este exagente fue expulsado de la Policía Local de Alcalá de Guadaíra (Sevilla) porque acumulaba varios casos de violencia y polémicas como prácticas de tiro en una parcela de su propiedad. Licenciado en Derecho, explican quienes han tratado con él, Manuel es un hombre «con mucho ego». Tanto, aseguran, que él mismo se defiende en los numerosos juicios por los que ha pasado en estos últimos años.

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Lebrón es especialmente beligerante contra la Junta de Andalucía y contra las leyes que plantan cara a la violencia machista. En su perfil de Facebook hay numerosas referencias a estas cuestiones. «El proyecto de la nueva ley de violencia de género es una auténtica aberración [...]. Volvemos a los tiempos inquisitoriales, solicito la intervención episcopal española en un asunto civil» dice sobre la legislación contra el maltrato a las mujeres.

No es mejor su opinión sobre el Instituto Andaluz de la Mujer (IAJ) de la Junta de Andalucía, institución que auxilió a su exmujer y la escondió en Granada cuando él la localizó en el piso de acogida de Sevilla. Lebrón tacha a este organismo de campo de concentración, de «Auschwitz a lo sibilino, centro neurálgico de las políticas de ideología de género de Andalucía».

Las «feminazis en España»

En otro texto asegura que «la ideología de género» es «instaurada por las feminazis en España, instigadas por los institutos de la mujer y la equiescencia de políticos, y la colaboración de la judicatura [...]. Escupo la ideología de género, vuestra futuras reformas, y lo hago con la mayor ley existen, la Divina», asegura.

En medio de los mensajes contra las leyes de protección para mujeres se mezclan textos más oscuros. «Nunca desafíes a una persona que no tiene nada que perder. Cuando perdió todo también perdió el miedo», publicó el 19 de noviembre. Para entonces, asegura la madre de sus hijos, ya había advertido de que se quería ir lejos con sus hijos para tardar mucho en volver».

Manuel Lebrón ha protagonizado numerosos episodios «violentos» en Alcalá de Guadaíra. El último que se le conoce fue el de saltarse una orden de alejamiento sobre su vecina. En el suceso escapó de la Policía Nacional, pero fue detenido en el municipio de Dos Hermanas por la Policía Local.

Prohibición de entrar en Alcalá

Por estos hechos, el juez le impuso al ahora detenido como medida cautelar la prohibición de entrar en Alcalá y de acercarse a 500 metros de sus vecinos, a los que ha amenazado en reiteradas ocasiones. Suma pues Lebrón dos órdenes de alejamiento (una a su exmujer y otra a sus vecinos) y, además, una orden de destierro de Alcalá de Guadaíra y una condena de 34 meses de prisión por pegar a su expareja delante de sus hijos.

Tras este nuevo suceso de Alcalá al ya detenido se le imputó conducción temeraria, quebrantamiento de condena y atentado de desobediencia y resistencia a los agentes de la autoridad.

A Manuel Lebrón además, le constan al menos seis detenciones anteriores y una de la Guardia Civil de Chipiona. En esa localidad de la costa gaditana, cuenta el abogado de su exmujer, se vio envuelto en un tiroteo con la Guardia Civil.

Lebrón también colecciona denuncias de su expareja. Ya van más de 30 por agresiones, amenazas o acoso. «Le han detenido con cuchillos y puños americanos», cuentan quienes conocen su expediente policial.

Pero, ¿por qué no está Manuel Lebrón en la cárcel si además tiene una condena firme? Explica el abogado de Sonia Barea que hay dos razones. Por un lado, que «recurre todos los procedimientos legales hasta la extenuación, alargando cualquier proceso hasta el infinito». La otra razón, indica, es que es un maestro a la hora de esconderse. «Desaparece del mapa y no hay forma de notificarle nada», se queja el letrado.