Fachada del hostal en la calle Postigos, junto a la muralla de Marbella
Fachada del hostal en la calle Postigos, junto a la muralla de Marbella - ABC
Andalucía

Un motel «okupa» en pleno casco histórico de Marbella

Los vecinos llevan dos años luchando contra un grupo que se ha hecho con un antiguo hostal

MARBELLAActualizado:

Son las 11.30 horas en la histórica calle Lobatas, junto a la muralla de Marbella. Una madre hace una foto a su hija entre las flores y un coche de caballos baja cargado con una familia de turistas. Luce el sol y una mujer que pasa dice: «Si estás aquí por el hostal, desde mi casa podéis grabar el patio lleno de basura y excrementos». En el interior de las viviendas hay un fuerte olor a defecaciones, sobre el suelo del patio se ve una importante aglomeración de heces caninas y sobrevuelan una legión de moscas. El antiguo hostal «okupado» está en calle Postigos, que es paralela a Lobatas, y es un foco de marginalidad.

En la calle hay hartazgo y miedo a partes iguales. Algunos se encaran con ellos, pero las amenazas son constantes y el problema se está ampliando. «A mí me han amenazado en varias ocasiones. Los tengo grabados, porque se están cargando la zona», señala otra vecina, que rehúsa identificarse, pero pasa el video para que haya constancia del relato. En la calle hay un apartamento turístico que sufre las consecuencias de las ocupaciones. Justo en frente de este alojamiento se observa una vivienda abandonada, que ha sufrido un incendio y está a medio tapiar, en uno de los sellos de hormigón se lee «putas», un recado para las vecinas que se quejan.

Toxicómanos

Pocos metros más abajo, en el primer número de la calle, otros toxicómanos han dado una patada a la puerta. El problema se expande, pero el foco principal es el antiguo hostal. Es una zona discreta, pese al tránsito, donde las fuentes de ingresos para comprar la droga son varias y hay un buen sitio para consumir. La más peligrosa son los atracos. Los vecinos narran como los turistas que se adentran en la calle son parados y les piden cinco euros como peaje para comprar heroína.

Un terreno sin construir entre el Parque de la Represa y calle Postigos es otra gran fuente de ingresos para los «okupas». Allí se ponen a aparcar coches y han llegado a pedir a un señor hasta 20 euros por una plaza en el descampado», dicen los habitantes de la zona. Es también su vertedero. Uno de los vecinos explica que ya no queda nada dentro del edificio. Se lo han llevado todo. Han vendido tuberías, cableado, ventanas, mobiliario... «Hacen sus necesidades en cubos y las tiran en el arroyo seco del aparcamiento», apunta este vecino.

Amenazas de muerte

En el pequeño vertedero se pueden ver los restos de la vida «okupa» y trozos de escayola de los techos del hostal. Los vecinos narran cómo a las 23.00 horas se ponen a tumbar tabiques, la música como si fuese una discoteca o a gritar y pelearse. «Se amenazan de muerte. El otro día uno gritaba que tenía un pincho. Hasta que no ocurra una desgracia importante no van a poner remedio», explica el hijo de otro vecino, que ha ido a ver a sus padres y que asegura que los 12 habitantes que pegan al hostal son personas mayores. Entre ellos un hombre con silla de ruedas que teme que un incendio, como el ocurrido algunas casas más abajo, lo deje aislado sin remedio.

Una de las mujeres más mayores de la calle Postigos asegura que lleva dos años luchando, porque comparte pared con ellos. «He visto salir a un policía e irse directo al hospital porque se lo estaban comiendo las pulgas», apunta esta vecina. Hay denuncias ante Sanidad, Policía Nacional y Local, Ayuntamiento de Marbella y en sede judicial. El Seprona volvió a retirar el jueves los perros potencialmente peligrosos (pitbull y rottweiler) que hay dentro. «Nos dicen que los tienen para defenderse», asegura esta vecina, que señala que el propietario de los animales está denunciado por maltrato y que no es la primera vez que le quitan los canes, pero que «salta a la protectora y se los vuelve a traer».

El hostal era de un extranjero que llegó a montar su negocio, pero quebró. El inmueble se lo quedó un banco y el primer okupa entró con su llave aconsejado por un grupo contra los desahucios de Marbella. Se abrió la veda y se comenzaron a instalar hasta llegar a los 15 que hay en la actualidad. «Sólo queremos poder convivir. En algún lado tienen que estar, si es ahí, lo aceptamos, pero con unas condiciones de higiene y civismo», concluyen los vecinos.