Almonte

Gas Natural, sobre su presencia en Doñana: «Llevamos aquí 30 años»

Parte del equipo llegó a Almonte en los años ochenta, de la mano de la multinacional Chevron

Francisco Velasco, director del Proyecto Marismas, con los estudios sísmicos de esta iniciativa.
Francisco Velasco, director del Proyecto Marismas, con los estudios sísmicos de esta iniciativa. - M. A. J.
LUIS MONTOTO Sevilla - Actualizado: Guardado en: Andalucía

Algunos de ellos llegaron hace más de treinta años, cuando la multinacional Chevron tenía los derechos sobre la constelación de pequeños yacimientos de gas que descansan entre Almonte y Aznalcázar. Continuaron después cuando el proyecto pasó a manos de Repsol y, finalmente, a Gas Natural. «Hasta hace apenas tres años éramos casi unos desconocidos, en las ventas a las que íbamos a almorzar nos llamaban los del gas», recuerda Javier García Garrido, jefe de operaciones en la base del proyecto Marismas. Desde hace décadas ningún político de relevancia ha tenido la curiosidad de visitar este enclave.

En 2007 se presentó la iniciativa para utilizar los yacimientos vacíos como pozos para almacenar nuevo gas, para lo cual se reaprovecha una buena parte de la infraestructura existente. El proyecto fue cumpliendo los trámites administrativos sin objeciones en un largo proceso de seis años. Cuando la meta estaba cerca, IU se opuso y provocó el bloqueo político del mismo. Ahora el consejero de Medio Ambiente, José Fiscal, ha amenazado al Gobierno con ir a los tribunales si no paraliza la iniciativa y, para ello, ha esgrimido un estudio con las opiniones del geólogo Miguel de las Doblas Lavigne, accesible a través de la página de Green Peace.

«El informe de Doblas habla de aspectos regionales muy generalistas, centrándose en zonas que están relativamente alejadas de Almonte», recuerda Francisco Velasco, director de Marismas, que añade a continuación: «Los estudios del Instituto Geológico y Minero demuestran que llevamos treinta años sin sismicidad en esta zona, al igual que tampoco ha habido sismos en los enclaves en los que ya estamos haciendo almacenamiento de gas». Ypara apoyar estas afirmaciones esgrime los estudios realizados por consultoras como la francesa Geostock y la checa Seismik.

El equipo de proyecto está formado por 25 profesionales, que unido a las contratas y al trabajo inducido, eleva el número a 80 empleados. «Son gente muy joven con una enorme ilusión por sacar esto adelante, han trabajado muy duro para ello, aunque como es lógico todo lo que se dice para desacreditar el proyecto les afecta».

Velasco apunta que durante el proceso para obtener la Declaración de Impacto Ambiental positiva se recabó la opinión del Espacio Natural y de la Estación Biológica de Doñana. «Sus aportaciones fueron, de hecho, de enorme valor, las obras para explotar nuevos pozos y adaptar las instalaciones actuales serán en el periodo en el que no afecte a la avifauna, se aprovechan senderos y cortafuegos para las canalizaciones...». Este ingeniero recuerda que hay medidas para mejorar el parque natural, «como actividades de repoblación forestal, la colocación de piezómetros que harán un seguimiento del acuífero, e incluso la repoblación de conejos (una de las presas predilecta del lince)». En total, estas medidas suman una inversión superior a cuatro millones de euros. «¿Quién hará esa inversión si no estamos nosotros? Han renunciado a vernos como una oportunidad», se lamenta.

Uno de los grandes obstáculos con los que se ha encontrado el Proyecto Marismas es con el hecho de que lo hayan identificado con el almacén submarino Castor, que promovió ACS y fue clausurado por generar temblores de tierra en 2013. «Son dos iniciativas que no tienen nada que ver, aquí tenemos pequeños yacimientos de arena y arcilla, Castor era otro tipo de roca; aquí no hay empuje freático, allí sí; con nuestro almacenamiento no sobrepasamos la presión inicial que tenía el yacimiento en origen, algo que no ocurría en Castor… geológicamente no hay ninguna similitud», repasa Velasco.

Junto a la comparación con Castor, la otra gran objeción que se hace ahora contra el proyecto es que en su tramitación se dividiera en cuatro partes. «Creamos cuatro subproyectos en función de las zonas geográficas, pero es que antes se hacía el papeleo pozo a pozo, con lo cual la dispersión era muy superior». La iniciativa se divide en Aznalcázar, Marismas Occidental, Marismas Oriental y Saladillo. Globalmente suman una red de 72 kilómetros de gasoductos para conectar los dieciséis pozos. De esta red, hay 13 kilómetros que ya existen y se mantendrán sin cambios, otros 37 kilómetros serán una renovación de los actuales; hay veintena de kilómetros nuevos. De los dieciséis pozos que contempla Marismas, doce son emplazamientos ya existentes. «Los cuatro proyectos se tramitaron de forma simultánea, con lo cual se evaluó el impacto que provocaban en su conjunto», reafirma el director de Marismas.

Este ingeniero subraya que su equipo seguirá trabajando con la misma ilusión. «Son treinta años en los que hemos demostrado que somos parte de este paisaje, podemos convivir creando riqueza y sin generar afecciones negativas». De los cuatro subproyectos, dos tienen todas las autorizaciones y en las otras dos «continuaremos reclamando nuestros derechos».

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