CASO DE LAS FACTURAS FALSAS

«Mientras yo paso apuros para pagar mi defensa, los imputados duermen tranquilos»

Entrevista con Roberto Macías Chaves, extrabajador acusado de filtrar datos de UGT

Macías, delante de la sede del sindicato socialista
Macías, delante de la sede del sindicato socialista - VANESSA GÓMEZ
ANTONIO R. VEGA Sevilla - Actualizado: Guardado en: Andalucía

Roberto Macías (Zapotlán, México, 1980) fue despedido en 2012 por UGT Andalucía. El sindicato hermano del PSOE ha pedido a un juez que lo condene a cuatro años de cárcel por la supuesta revelación de información confidencial que puso patas arriba su contabilidad. Las subvenciones de la Junta de Andalucía se convirtieron en la vía más importante de financiación irregular, según un atestado policial incorporado al sumario de la causa de las facturas falsas que investiga el Juzgado de Instrucción 9 de Sevilla. La querella contra este padre de familia, con un hijo de cuatro años y otra de nueve meses, lo ha llevado a una situación límite. «Puedo decir que en mi casa ha habido hambre», confiesa con la voz quebrada. Ha roto su silencio porque lleva tres años callado, porque «no he hecho nada», y porque tiene ganas de hablar. Y se le nota.

—¿Por qué ha decidido hablar ahora?

—He roto mi silencio porque yo no tengo nada que ocultar ni que temer. Yo no he filtrado ningún documento ni he partido nunca una cerradura. He vivido tres años de silencio, en una especie de autoclausura, sufriendo por dentro. Se dice en México que los hombres no deben llorar y yo he llorado porque veo que una organización que presuntamente se financió de forma ilegal, pone en riesgo mi patrimonio y mi vida. He perdido tres años de mi vida en un calvario judicial sin sentido. He perdido mi trabajo y mis pocas posesiones. ¿Qué más quieren que pierda? ¿Mi salud, mi patrimonio, mi familia? No hay derecho a que un sindicato busque sancionar unas supuestas filtraciones que no cometí en lugar de ir de forma enérgica contra los presuntos responsables de desviar sistemáticamente dinero público a otros fines. Pero es más fácil buscar un cabeza de turco para no tener que asumir ninguna responsabilidad.

—¿Lo han utilizado entonces como cortina de humo para distraer las irregularidades del sindicato?

—Me acusan de ser el autor de las filtraciones de la contabilidad. Pretenden maquillar la caída del mito de Manuel Pastrana y el cese de Francisco Fernández. Hablamos de los dos últimos secretarios generales de UGT en Andalucía, que han tenido que dimitir por la magnitud del escándalo. Aunque yo no he tenido nada que ver, quieren que pague sus platos rotos. Es una gran mentira. Le pongo un ejemplo, entre los documentos confidenciales que dice UGT que he filtrado está el extracto de la Visa Oro asignada a Pastrana y publicada por ABC donde aparece la comida que pagó en Suráfrica el día que anunció un ERE. UGT me despidió el 28 de noviembre de 2012 y el extracto bancario no le llega hasta el 28 de diciembre. Yo ya estaba fuera. Es imposible que pudiera filtrar un documento al que no he tenido acceso.

—Cuando trabajaba en UGT, ¿le sorprendió el modo que tenía de gestionar las subvenciones o que creara botes con el dinero de los proveedores que contrataban con las ayudas?

—No me sorprendió porque el sistema ya funcionaba en el año 2006, cuando entré en el departamento de Compras de UGT Andalucía. Era una práctica normalizada, sólo que en 2006 se llamaba control de saldos.

—UGT le pide 60.000 euros por reparación de daños morales. Sin embargo, no ha exigido medidas cautelares contra exdirigentes imputados en el caso ERE, donde está personado como acusación, como Salvador Mera. También está el conseguidor Juan Lanzas.

—¿Cuántas vacas puede asar Juan Lanzas con 60.0000 euros? Me parece desproporcionado, porque UGT sólo ha reintegrado 25.500 euros a la Junta por facturas de comidas en la Feria, según dijo Susana Díaz. Esto es el mundo al revés. Me piden 60.000 euros por daño moral. De eso me parece que andan cortitos. ¿De qué moral hablamos? ¿De la de sus dirigentes en Madrid que durante años usaron las tarjetas black, o la de los que mandaban en Andalucía que utilizaron la Visa Oro. ¿A qué moral se refieren? ¿A la del líder de los mineros Fernández Villa, a la de Juan Lanzas, a la de quienes negociaron las prejubilaciones de los ERE?

—Cándido Méndez ha asegurado en el congreso de su retirada que no ha habido «ilegalidades» en los ERE. ¿Qué le diría si lo tuviera enfrente?

—Que le faltó mucho valor y mano dura para atacar la presunta corrupción de su organización en muchas comunidades. Podría haber hecho mucho más.

—¿A qué situación personal le ha llevado el cese y la querella de UGT?

—Hoy he pagado el recibo de la luz. Para mí ya es una gran alegría. Llevo dos meses intentando reunir 200 euros para pagar a mi procuradora y no he podido. Mientras yo paso apuros para cubrir los gastos de mi defensa, los imputados de UGT duermen tranquilos y cobijados por la organización. No tienen que preocuparse de nada. Esto es una lucha desigual. Yo estoy desprotegido, sin recursos, sin cobertura de nadie para defender mi inocencia. Las únicas ayudas que recibo son de mi padre, que está jubilado, y de familiares y amigos mexicanos que me han prestado dinero sin fecha de devolución. No entiendo cómo un sindicato centenario que dice defender a los trabajadores me quiere despellejar vivo mientras los presuntos culpables siguen viviendo a cuerpo de rey

—¿Cree que fallaron los controles en la Junta sobre las subvenciones millonarias concedidas al sindicato?

—En el control de las ayudas algo falló. Eso está clarísimo. Con un simple cambio de concepto UGT parece que le colaba la factura a la Junta. Su reacción ha sido tardía y muy tibia.

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