Imagen aérea de las balsas de fosfoyesos de Huelva
Imagen aérea de las balsas de fosfoyesos de Huelva - ABC

El subsuelo de la marisma del Tinto se resiente por el peso del fosfoyeso

El informe de expertos encargado a la Universidad de Huelva alerta de la sobrepresión que ejercen los 120 millones de toneladas de este residuo

HUELVAActualizado:

El subsuelo sobre el que se asienta el almacén con forma de pirámide que -apila en las marismas de El Rincón, a las puertas de la ciudad de Huelva y la margen derecha del río Tinto, unos 120 millones de toneladas de residuos industriales procedentes de la producción de fertilizantes (denominados fosfoyesos), está tocado, aunque no hundido.

La acumulación de estos residuos en las balsas – que ocupan unas 1.200 hectáreas- a lo largo de las últimas décadas ha provocado «deformaciones por sobrepresión» en los sedimentos que tienen bajo sus pies, y se han detectado en los mismos desplazamientos de fluidos en busca de vías de escape hacia el exterior.

Lo afirma el primer informe científico realizado, a encargo de la Mesa de Participación de los Fosfoyesos, por un comité de expertos creado de forma expresa para buscar una solución definitiva al problema ambiental que tiene Huelva a escasos metros de algunos de sus barrios.

Momento decisivo

La señal de alerta del comité de expertos toma protagonismo en la cuenta atrás de dos momentos decisivos para encarar el futuro de las balsas. De un lado, está a punto de concluir el plazo para que Fertiberia (empresa responsable de la producción y apilamiento de los residuos) emita, siguiendo las directrices marcadas por la Audiencia Nacional, el informe de las alegaciones al proyecto de clausura y recuperación de las balsas. De otro, la finalización – hace escasos días- de la última campaña de trabajos en la zona. Los datos están en pleno procesamiento.

Por lo pronto, el informe científico al que ha tenido acceso ABC evidencia una «fuerte afectación por sobrepresión del sustrato sedimentario», efectos que hasta ahora no se han tenido en consideración para analizar científicamente la estabilidad de la estructura de los apilamientos.

El equipo de expertos que dirige el catedrático del área de Estratigrafía y Sedimentología de la Universidad de Huelva (UHU), José Borrego, ha detectado –mediante tecnología sísmica de alta resolución– las referidas estructuras de deformación, que afectan de forma especial a la llamada zona 2, así como migraciones de fluidos que «han modificado completamente la estructura sedimentaria y el comportamiento mecánico del soporte de las balsas».

En el extremo del apilamiento de la zona 2 los investigadores de la UHU han descubierto un abultamiento de 300 metros de longitud

Precisamente en el extremo del apilamiento de la zona 2, con las técnicas utilizadas, los investigadores de la UHU han descubierto un abultamiento en el fondo del canal de 300 metros de longitud (casi la mitad del canal) y de una anchura media de 70 metros, que de seguir aumentando llevaría consigo una pérdida de profundidad del canal y a la larga un «efecto dique», según Borrego.

El ritmo de los vertidos sobre las marismas da idea de la presión que recibe el subsuelo. En condiciones naturales, en el estuario del Tinto, se acumularon 25 metros de sedimento durante 8.000 años. El apilamiento masivo de fosfoyesos sobre las marismas se ha producido en unas cuatro décadas, originando una presión superior, que, según los cálculos de los expertos, puede ser más del doble a la natural.

Metales, arsénico, cadmio

En cuanto a la composición de los fosfoyesos analizados por los expertos, obtenidos mediante sondeo en la zona 3, se diferencian de otros existentes en otras parte del mundo por presentar un enriquecimiento en metales y metaloides, que según el informe, puede deberse a la falta de impermeabilización entre el residuo y el suelo de la marisma o a la calidad del ácido sulfúrico utilizado.

Lo más destacable de la composición de este fosfoyeso es la elevada concentración de arsénico encontrada, entre uno y dos órdenes de magnitud mayor que la bibliografía consultada, alta concentración que se encuentra en el lixiviado de la zona saturada (desde dos metros al contacto con la marisma), además de cadmio. Por la movilidad de ambos, el fosfoyeso de Huelva se clasifica como peligroso según la normativa de la UE, e implicaría almacenarlo en un vertedero para este tipo de residuos.

En caso de un tsunami

Los expertos cuestionan el plan presentado por Fertiberia (escollera) frente a posibles tsunamis en la Costa de Huelva, al considerar que el planteamiento de la empresa «está lleno de imprecisiones» y presenta lagunas en varios aspectos.

De entrada, el equipo dirigido por Borrego resta crédito al escenario que la empresa dibuja: un maremoto originado en la falla Cádiz WedgeFault, en el que las zonas bajas de los esteros del Rincón y Mendaña, así como el extremo norte de la zona 4, serían susceptibles de sufrir una inundación de 2,5 metros sobre el nivel de agua habitual, y a un metro en las zonas bajas de marismas que circundan las balsas de fosfoyesos. El estudio de la empresa llega a decir que «un tsuami no llegaría a afectar de una manera global a las balsas ocasionando un accidente grave».

Los investigadores rebaten tanto el escenario de salida como las afirmaciones que la compañía recoge en la adenda. En primer lugar, indican, porque no expresa el punto de inicio del tsumani en una falla de cientos de kilómetros, la magnitud del sismo y las dimensiones de la supuesta ola (altura y longitud de ondas, por lo que lo califica de «impreciso».

Una falla viva

Todo esto está ocurriendo en una zona que está sometida a una neotectónica activa. En este sentido, el informe concreta que justo debajo de las balsas de fosfoyesos se encuentra una falla de distensión viva, que pasa por Isla Saltés, Bacuta Sur y se adentra hacia las montañas de fosfoyesos a través de la Avenida Francisco Montenegro. «Las presencias de estas fallas implicarían un riesgo estructural importante que afecta a la estabilidad de las balsas y los apilamientos», destaca el documento, por lo que los investigadores consideran necesario un estudio de la geología del subsuelo y conocer «la situación real que soporta la estructura de acumulación de los fosfoyesos».

Hasta ahora se conoce la afectación en los seis primeros metros del sustrato. Las conclusiones del informe están en manos de las administraciones central, autonómica y local. No se ha producido pronunciamiento oficial alguno.