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La primera palabra de Darío, un niño autista, gracias a la tecnología

Día 14/04/2013 - 11.35h
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El padre de un niño autista crea un conjunto de aplicaciones que potencian el aprendizaje de los pequeños con esta patología

Juan Carlos González no se siente alguien especial, aunque muchos de ustedes pensarán lo contrario cuando acaben de leer este reportaje. «Tal vez listo, pero no mucho», se define al otro lado del teléfono. «Perdona si tengo que interrumpir la entrevista, estoy cuidando a mi hijo», se disculpa. Se trata de Darío, el otro protagonista de esta historia. Un pequeño de cinco años que padece autismo y que ha sido el motor y la inspiración para que un informático de Marbella que trabaja vendiendo ordenadores decidiese «dejar de dormir» para desarrollar una serie de aplicaciones tecnológicas que acelerasen el aprendizaje y las habilidades comunicativas de los pequeños con esta patología.

Meses y meses de estudio, observando a su pequeño, comprendiendo sus reacciones, analizando sus estímulos, se han transformado en «Maizapps», un conjunto de «Apps» que se pueden descargar en distintos soportes y que pretenden ser una ayuda en las terapias para mejorar las habilidades de los niños autistas. Su nombre tiene una gran carga emotiva y simbólica: «Es la primera palabra que pronunció Darío». El pequeño tenía enronces tres años y medio.

Este vocablo que rompía un silencio que parecía crónico se consiguió gracias a la primera creación de Juan Carlos. Se trata de «Ablah». Una aplicación que nació hace algo más de dos años para estimular las habilidades comunicativas y que ha recibido multitud de reconocimientos, como el otorgado por la Fundación Vodafone en los Smart Accesibility Awards en 2012 como mejor «App» en la categoría de bienestar.

Quiere dejar claro que «Ablah» –que se puede descargar en la web www.ablah.org– no es un sistema «milagroso» que funciona por si mismo, se trata de una adaptación de los sistemas de pictogramas que se complementa con texto y audio asociados a las imágenes. «La gran mayoría de personas con autismo se sienten atraídos por las imágenes de un televisor o se quedan fijamente mirando la pantalla de un teléfono móvil», explica, «por lo que si trasladamos los pictogramas a una pantalla, tenemos más posibilidades de captar su atención que si usamos papel».

Los avances de Darío con este sistema de aprendizaje avivó la inquietud de este padre. ¿Por qué no iba a poder seguir ayudando a su hijo? No era un genio de la programación, pero contando con la ayuda de la empresa que había colaborado en el desarrollo de «Ablah» podía intentarlo.

«Manos quietas»

La palabra «Maiz» se quedó grabada en la mente de Juan Carlos y ha acabado convirtiéndose en la génesis de su nuevo proyecto. La primera de las herramientas se llama «Manos quietas» y su objetivo es elevar la concentración de los pequeños con autismo. «Consiste en un un reproductor de video que se activa cuando el niño tiene las manos sobre la pantalla; en el momento que las retira, baja un telón y se pone en pausa», explica su creador. La segunda se llama «Economía de fichas» y es una adaptación tecnológica del sistema de enseñanza por fichas.

Juan Carlos Gonzáles sintetiza «Maizapps» como «una familia de aplicaciones que facilitan la labor de los educadores en su trabajo con personas autistas» y que «cubrirán todas las áreas de trabajo que se puedan aplicar a dispositivos móviles y tablets». Estas herramientas complementan las terapias para «intervenir de forma individual» los efectos de esta patología. Ya se pueden descargar en la web: www.maizapps.com.

Pero las aplicaciones ideadas por Juan Carlos también se pueden emplear en la mejora de pacientes con otras patologías, como ictus o accidentes que han dañado la capacidad comunicativa. Explica que estas personas encontrarán mucho más «cómodo, rápido y práctico» usar esta tecnología que una pizarra o la carpeta de pictogramas. «Los adultos pueden seguir bajando al mercado y pedir una docena de huevos o entrar en una cafetería y pedir un té con leche y magdalenas sin necesidad de andar haciendo mil gestos cuando los productos que se demandan no se encuentran a la vista», asegura. ¿Se ha interesado alguna autoridad para aplicarla en el sistema sanitario público? «No».

Aunque él no necesita este tipo de reconocimientos, es feliz sabiendo que puede ayudar a otras personas y acercarse cada día un poco más a su hijo. Una dura tarea en la que demuestra un envidiable carácter de superación y una visión optimista de la vida.

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