Córdoba

Córdoba / Salvador Gutiérrez Solís, Escritor

«Mi generación pasó del caldo del cocido a la cocina japonesa»

Día 04/12/2012
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Quienes ahora tienen entre 35 y 50 años, con sus sueños y aspiraciones, son los protagonistas de «El escalador congelado», última novela del autor

«Mi generación pasó del caldo del cocido a la cocina japonesa»
v. merino

Un mosaico de personajes que empiezan a notar que no son tan jóvenes y que conservan anhelos que realizar se asoman a la última novela de Gutiérrez Solís, publicada por Destino.

-¿Ésta es una novela sobre la crisis que va de los 30 a los 40 años?

-Hoy en día, esa franja en la cual pasas de ser joven a esa otra franja, tan difusa, que se llama edad adulta, cada vez se ha extendido más en el tiempo. Lo que he tratado de trasladar en esta novela es que esa generación actual, aunque tiene los mismos rasgos comunes que tienen las anteriores y las que vendrán, sí se diferencia en que crecieron, se formaron, tuvieron su adolescencia y primera juventud en un país absolutamente cambiante. Tuvimos la sensación de que nuestra vida era infinitamente mejor que la que tuvieron nuestros padres, pero además la sensación de que no teníamos límite, de que podíamos llegar a cualquier cosa: no había reto que no pudiéramos alcanzar. Yo creo que eso también provocando muchas frustraciones, sobre todo en los últimos años con esta gran crisis que nos está asolando. Hemos pasado a darnos cuenta de que ha habido un freno en nuestras vidas.

-Es una generación que ha vivido con mucha comodidad. En la novela aparecen personajes que guardan arena de las playas por las que han pasado, que viajan a muchos sitios.

-Sí, porque los que tenemos ahora entre 35 y 50 años hemos pasado casi sin darnos cuenta de estar alimentados con el caldo del cocido a que ahora a todos nos gusta la cocina japonesa y somos capaces de distinguir vinos. Nos hemos vuelto cosmopolitas en muy poco tiempo: nacimos en un tipo de sociedad y crecimos en otra, y ahora sin embargo nos encontramos en otro tipo de sociedad que no se parece ni a una ni a otra.

-Pero el libro habla también de personas que no alcanzaron aquello con lo que soñaban de jóvenes.

-En la sociedad sí hubo como una especie de dogma de que el éxito siempre estaba vinculado a algo material, y cuando digo material en el 90% de los casos era a la posesión. Los protagonistas de la novela, la mayoría lo que están buscando es alcanzar un cima personal: poder desarrollar la vida que quieren llevar, tener realmente definida y estructurada su identidad sexual, o levantarse de la cama, simplemente, y que la vida no te duela tanto. Son retos mucho más íntimos, personales, pero que yo creo y estoy plenamente convencido de que son los grandes retos a los que queremos aspirar.

-Sueños aplazados, ¿no?

-Te das cuenta de que no los has hecho, de que no sabes si tienes las fuerzas y el margen suficiente para poder hacerlo, y sobre todo porque te das cuenta de que ya no somos los jóvenes indestructibles, invencibles, que un día creímos ser, sino otro tipo de personas.

-En la solapa se alude a Peter Pan. ¿Hay quien se niega a saber que ha crecido?

-Hay muchos casos, y cada vez más frecuentes, de querer alargar el periodo de la juventud, pero desde un punto de vista casi ficticio, artificial. A mí siempre me ha llamado mucho la atención cuando te encuentras con un amigo de la juventud que, pesar de seguir cumpliendo años como todo el mundo, sigue intentado llevar incluso la misma pose de cuando éramos jóvenes. Esa resistencia siempre me ha llamado mucho la atención, pero siempre me ha dado un poco de pudor, cuando no pena.

-¿Habría escrito esta novela si no tuviera ahora 44 años?

-Seguramente no, porque no tendría el poso de experiencia que me han dado estos 44 años, y ha sido la novela con la que he tenido una relación más intensa a lo largo de mi vida. Yo que siempre he tenido una relación gozosa con la novela, y en algunos casos, como los «malaleches», placentera. Con esta novela, ha sido una relación bipolar, cinco años no dedicado en pleno a escribirla, pero sí a reestructurarla, a redefinirla, a volverla a escribir una vez y otra, porque no acababa de dar con la tecla de lo que quería realmente mostrar en ella. En la primera versión los protagonistas se relacionaban por correo electrónico, en la segunda ya tenían facebook, y ahora twitter, para que vea el tiempo que le he dedicado.

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