ABC

José Manuel Costa, el hombre que supo escuchar

Periodista de largo recorrido y amplio espectro, impulsó la Nueva Ola madrileña

MADRIDActualizado:

José Manuel Costa hubiera amagado con una de sus sonrisas de medio lado al verse convertido ayer en lo que ahora se conoce como trending topic, homenaje de las nuevas generaciones a quien hasta sus penúltimas horas había ejercido en las redes sociales como guía. Nunca le faltó inquietud y le sobraba magisterio, acumulado durante décadas de oficio periodístico y conocimiento directo del medio. A salto de mata, de un medio a otro y de una generación a la siguiente, Costa firmó una obra -escrita o hablada, más intuitiva que formal- que documenta sus constantes idas y venidas a un submundo cultural al que tenía la buena costumbre de llegar antes que nadie, lo que le permitió estar siempre en el ajo y de vuelta de todo.

De la radio a la prensa escrita, del teclado a los bares, José Manuel Costa percibió y patroneó la Nueva Ola antes de que se oficializase en Movida, lo que le llevó a aparecer en la letra de una revanchista canción de Ramoncín («Se han teñido los pelos y lacados las uñas/ Se han sentado en las sillas de los ejecutivos/ Han llegado a la industria por la puerta de atrás/ Y han dejado que el Costa les llamase Nu Babe»). De las páginas de «El País» pasó a dirigir la emisora -muy moderna, igualmente fallida- con que el ahora periódico global trató de rentabilizar la algarabía pseudocultural de la época, un fiasco que no hizo renunciar a Costa de su fe en el subsuelo musical.

Como corresponsal de ABC, José Manuel Costa tuvo ocasión de vivir y contar a nuestros lectores la caída del Muro de Berlín, ciudad en la que sufrió una segunda, ya definitiva, revelación musical, pasada de volumen y subida de graves. La Nueva Ola madrileña, más que agotada a mediados de los años ochenta, deja los oídos libres a Costa para sintonizar las señales sintéticas de la revuelta electrónica que sacudió la nueva Alemania, de la que se convirtió en embajador de facto, cargo que compatibilizó en ABC con sus crónicas políticas y su nuevo empleo, a tiempo parcial, de DJ festivalero. De Berlín a Londres, donde no terminó de encontrarle la gracia al brit-pop, entonces en boga, Costa acentuó una pasión artística que lo llevó a profundizar en otras expresiones y a desarrollar un olfato que, sumado a su oído, lo trajo de vuelta a Madrid, donde se integró en el equipo de «ABC Cultural».

Hasta al final, José Manuel Costa anduvo de un medio a otro, pasando por emisoras de radio, medios digitales, aventuras periodísticas sin recorrido y establecimientos artísticos, en los que ejerció como comisario y explotó su perfil visionario. No dejó de acudir a conciertos y saraos experimentales, ni a pegar la oreja a lo que los jóvenes componían con sus teclados o iban diciendo por ahí, del pasado o del futuro del arte. Costa tenía la virtud de saber escuchar, y de meterse en esas conversaciones que se improvisan en una red minoritaria, más o menos social. Tenía tan buen oído que prestaba atención a lo que casi cualquiera quería contarle o cantarle.