Pérez Villalta: «Con la tecnología, la gente ya no sabe ni lo que es un círculo»
Guillermo Pérez Villalta, con una de sus obras - juan flores
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Pérez Villalta: «Con la tecnología, la gente ya no sabe ni lo que es un círculo»

El artista tarifeño inaugura exposición en Sevilla de paisajes chinescos, hechos con un compás

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Guillermo Pérez Villalta (Tarifa, Cádiz. 1948), inaugura su segunda exposición individual en Sevilla en menos de un año, en esta ocasión en la galería Rafael Ortiz con el título «Gusto al gusto». El pasado enero se clausuraba la muestra «Souvenir de la vida. El legado de Guillermo Pérez Villalta», en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, donde anunció la donación de prácticamente toda su colección privada, más de doscientas obras, al CAAC.

«Era algo que tenía pensado desde hacía más de quince años. No tengo herederos directos y pensaba, ¿donde va a ir? Vi que hacer una fundación por el lado económico era inviable, no soy rico y no puedo donar un fondo para su mantenimiento, e incluso estuve hablando con fundaciones privadas que me dijeron que no podían. Hubo una en Toledo que sí manifestaron su interés, pero claro yo pensé, ¿qué significa mi obra en Toledo, si yo soy fundamentalmente del Sur, andaluz. No me veía en medio de Castilla. Mi casa de Tarifa también forma parte y quiero que sea como una instalación, donde yo he trabajado, y además está todo diseñado por mi. Allí quiero que se conserve parte de la obra para yo pasearme y verla».

«Gusto al gusto» son obras de 2010 a 2013, «son pequeñas series de dos o tres piezas en las que exploro y me centro en temas. Por ejemplo, esos cuadros de forma extraña, que son difíciles de hacer, y que están basadas en la fórmula de un cuadrado y sobre ello trabajo. Y todo hecho con un compás. Son paisajes chinescos, falsamente chinos, que a mí me encantan. Desde que entramos en el siglo XXI, hay cosas que se van deshaciendo. Mire, hace unos días fui a una tienda a comprar una aguja de compás, y recorrí ocho tiendas. No tenían. Me dijeron que no se usan, que todo el mundo lo hace con ordenador. Ahora la gente no tiene ni conciencia de lo que es un círculo».

En esas memorias recuerda con especial cariño una temporada que pasó en Essaouira (Marruecos), «era el año 73 y fueron dos meses locos, una época muy psicodélica, el mundo de la fantasía de las drogas..., y hubo historias muy divertidas. Y otro momento fue el año 72 que hice un viaje a Grecia y Turquía en mi Seiscientos. Era la primera vez que subía a la Acrópolis. Me vestí de lino blanco y ceremonialmente toqué el Partenón y pensé: es el momento cumbre de mi vida. Y sigo pensándolo porque después empezó la vida de verdad».

Dice el pintor tarifeño que la vida no le ha tratado ni bien ni mal, «en realidad soy yo quien la ha tratado. En el fondo mi voluntad ha sido y es importante. He tenido y tengo una vida muy plena. Tuve conciencia pronto de que no aspiraba a ser rico ni famoso. Lo tenía muy claro. No buscaba eso. Yo quería vivir una vida plena. No he tenido luchas para subir de escala, ni intrigas. Mi obra ha tenido un precio, para el mercado internacional muy bajo, para España quizás un poco más alto. Pero nada más. Yo una vez dije, y repito ahora que la fama es hortera, y hoy en día lo es. Lo importante es el reconocimiento. Eso de salir en la tele en los programas de cotilleo es espantoso».

Son malos tiempos para la lírica, reza la canción, y Pérez Villata, afincionado a la música, dice que es así, «para el ser sensible es terrible. Sobre todo para los jóvenes. El chico sensible debe disfrazarse de chico malo para triunfar, eso es terrible». Enemigo del marketing en el arte, Pérez Villalta reconoce que hay muchos artistas con nombre que no le interesan, «pero ahora hay gente muy rica que lo que quiere es tener un tal o un cual, y nada más. Sin embargo hay muchos artistas interesantísimos y mejores a los que no se les encargan techos en la ONU que lamentablemente pasan desapercibidos».