Mar García Ranedo, Antonio López y Anabel Morillo en la Iglesia de los Venerables
Mar García Ranedo, Antonio López y Anabel Morillo en la Iglesia de los Venerables - J. M. SERRANO
FUNDACIÓN FOCUS

Antonio López: «Se habla de la Sevilla dulce y de Murillo, pero también le veo algo dramático»

Antonio López inauguró ayer «Conversaciones con arte», donde comentó aspectos de su pintura en una abarrotada iglesia de los Venerables

SEVILLAActualizado:

Antonio López (Tomelloso, 1936) es uno de los grandes pintores españoles de la segunda mitad del siglo XX. Su obra, realista y figurativa, ajena las tendencias del arte internacional, le ha granjeado el reconocimiento de la crítica —cuadros suyos cuelgan en importantes instituciones—, pero también de un público ajeno a la creación contemporánea.

Ese público se ha reconocido en sus composiciones, especialmente en sus icónicos paisajes de un Madrid urbano y despoblado, pero también en los árboles frutales que, como recordaba ayer en la Fundación Focus, lo vuelven a poner en contacto con su infancia manchega.

Árboles como el «Membrillero» del jardín de su casa que pintó en 1990 bajo el atento objetivo de Víctor Erice para «El sol del membrillo» (1992) y que forma parte de la colección de arte contemporáneo de la Fundación Focus.

El cuadro, que forma parte de la exposición «Un panorama del arte actual en la Colección Focus» que puede visitarse hasta otoño en el Hospital de los Venerables, ha sido el punto de partida de una nueva iniciativa cultural de la fundación sevillana: «Conversaciones con arte», que ayer tuvo su primera sesión en una abarrotada iglesia de los Venerables y que trata de poner en conexión a creadores y especialistas en arte para que hablen de las obras que cuelgan en la fundación.

La presencia de una obra emblemática, como el «Membrillero», de un pintor del reconocimiento de Antonio López lo hacían un candidato perfecto para inaugurar el ciclo, a lo que se suma la estrecha relación que el pintor ha mantenido con la Fundación Focus, como explicó su directora, Anabel Morillo.

«Una relación de amistad de verdad», como la definió Morillo, quien recordó que los Venerables ha acogido exposiciones como la dedicada en 1999 a Lucio Muñoz, de la que Antonio López fue su comisario; y como «Antonio López. Proceso de un trabajo», en la que se mostraron cerca de un centenar de obras del pintor.

La Sevilla de Antonio López es la de Velázquez, Carmen Laffón, Luis Gordillo, La Niña de los Peines, Pastora Imperio y Antonio Machado

«Fue en 1994, un año después de la antológica que me dedicó el Reina Sofía, aunque la de Sevilla fue más alegre que aquella», explicó el pintor que protagonizó ayer una conversación con la directora de la fundación, y la artista y profesora de la Facultad de Bellas Artes, Mar García Ranedo, quien destacó la capacidad de Antonio López de «nadar a contracorriente» y su «ensimismamiento en el hecho creativo».

Antes, durante un encuentro con la prensa, Antonio López explicó que su fijación por los árboles le viene de su infancia en El Toboso, por eso pinta membrilleros y parras, pese a haber visto después «árboles más bellos» como palmeras, «pero los que tengo que pintar son los de mi infancia».

El «Membrillero» de Focus no lo pudo terminar de pintar, porque cambió la luz, y el artista pinta en numerosas sesiones buscando superar la «prueba del tiempo», aunque reconoció que «me alegró haber hecho esa pintura y de que haya un documento tan insigne como la película».

Porque a Antonio López le gusta tomarse su tiempo para pintar, «yo no tengo prisa», algo que puede apreciarse en los dos cuadros que el artista comenzó en 2013, tras recibir una invitación para pintar la ciudad del entonces alcalde, Juan Ignacio Zoido, y que muestran una panorámica de Sevilla que incluye, a partir del eje vertebrador del río, la Catedral, la Giralda y la Torre del Oro, de un lado, y de otro, la Torre Sevilla, Triana y Los Remedios.

«Es un trabajo que acaba de comenzar y que voy a hacer sin forzar», explica el pintor quien ha realizado ya sesiones de entre cuatro y seis semanas en cuatro o cinco viajes a Sevilla, a la que suele acudir para pintar entre los meses de mayo y octubre.

La luz sobre Sevilla

«En verano es como más Sevilla, porque el calor potencia lo esencial, lo que yo siento de Sevilla», explica un artista que asegura estar buscando en estas obras «la luz sobre Sevilla», «sobre ese blanco amarillento» que a Antonio López le recuerda a África.

Dos cuadros de trabajo minucioso, donde fue fundamental encontrar el punto desde donde pintar Sevilla, que encontró en la torre de la navegación en la isla de la Cartuja. Una ciudad que quería pintar antes, incluso de conocerla, porque aquí nació su mayor influencia, Velázquez, pero también figuras como Luis Gordillo, Carmen Laffón, Pastora Imperio, la Niña de los Peines y Antonio Machado., entre las que citó.

«No es la Torre Pelli, sino cómo las ciudades se encanallan.Todo empeora con la vida moderna»

«Sevilla es la quintaesencia de lo más seductor de lo español», una ciudad que contenía lo más hermoso que podía contener una ciudad», aunque, como añadió Antonio López, también engaña un poco.

«Se habla de la Sevilla dulce y de Murillo, pero yo también veo en Sevilla algo oscuro y dramático, y eso me inspira muchísima curiosidad, algo que está en Velázquez y en la Niña de los Peines», pero también en la propia obra del pintor. «No puedo pintar una Sevilla dulce, porque no soy dulce».

Antonio López continuará trabajando en sus dos pinturas de Sevilla, donde el artista parece resignarse, no sin cierta amargura, a que aparezca la Torre Sevilla. «Hay algo que es el dinero que lo barre todo, y hay que aceptarlo o irse. No es la torre, sino cómo las ciudades se encanallan. Todo empeora con la vida moderna», señala un pintor que alerta también sobre las consecuencias negativas del turismo masivo. «El turismo que es algo tan deseado, nos hace la pascua».