El director del CAAC junto a algunos artistas presentes en la muestra
El director del CAAC junto a algunos artistas presentes en la muestra - JUAN JOSÉ ÚBEDA
CAAC

El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo presenta en una exposición las otras Expo92 de Sevilla

El centro propone una mirada crítica cuando se cumplen veinticinco años de la exposición universal

SEVILLAActualizado:

El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) inaugura este jueves la exposición «Arte y Cultura en torno a 1992», que pretende conmemorar los veinticinco años de la Expo92 de Sevilla con una mirada crítica, sin caer en la tentación de la nostalgia, y presentando las otras caras de este acontecimiento, desde los proyectos frustrados, como el lago que planteó Emilio Ambasz, a los que han desaparecido, el Palenque de José Miguel de Prada Poole, pasando por el colonialismo asociado al descubrimiento de América, un aspecto por el que se pasó entonces de puntillas.

El concepto de esta exposición, que permanecerá abierta hasta el 24 de septiembre, se sustenta en dos ejes. Para empezar, su título es un guiño a la primera muestra que acogió el Monasterio de la Cartuja, hoy sede del CAAC, en la Expo, entonces sede principal de la exposición. Se tituló «Arte y Cultura en torno a 1992» y presentó una serie de piezas de diferentes estilos y disciplinas provenientes de numerosos museos del mundo en torno a la fecha del Descubrimiento.

Este eje se relaciona con un libro clave sobre historia del arte para el director del CAAC, Juan Antonio Álvarez Reyes, comisario de esta exposición. Se trata de «Arte desde 1900. Modernidad, Antimodernidad, Posmodernidad», de Rosalind Krauss, Yve-Alanin Bois, Hal Foster y Benjamin Buchloh.

La muestra cuestiona el museo como lugar de difusión de ideas y su relación con el colonialismo

El capítulo dedicado a 1992 se centra en la crítica institucional y a artistas que cuestionan el museo como lugar de difusión de ideas y su relación con el colonialismo, que narra unas historias, señala Álvarez Reyes, «historias a veces falsificadas por parte del poder. No hay estudios en este país que pongan en cuestión el colonialismo español».

A partir de estas dos premisas, la exposición del CAAC estructura un discurso que se centra, fundamentalmente, en las otras Expos92, sobre la que las diferentes piezas arrojan una mirada crítica. Sin olvidar, sin embargo, piezas realizadas por artistas andaluces en el marco de la exposición universal, como unas esculturas de Curro González en las que retrataba a artistas y críticos y que se expusieron en la bodega Morales, o una sala donde se proyectan en múltiples pantallas imágenes de la Expo, desde las cabalgatas a la visita de personalidades.

El recorrido comienza por las Expo que pudieron ser y no fueron. De entrada, los diseños ganadores para la ordenación del recinto que no se llevaron a cabo. De un lado, el presentado por José Antonio Fernández Ordoñez y Emilio Ambasz, un proyecto basado en el agua, con colinas artificiales, lagunas y pabellones flotantes.

De otro, el José Miguel de Prada Poole, autor del recordado Hielotrón y que construyó el Palenque, derribado en 2007 y hoy un solar. Su ordenación para el recinto tampoco se llevó a cabo, en la que planteaba pabellones con telas, para que la isla de la Cartuja pareciera un barco con todas sus velas desplegadas, y con los pabellones con techos transparentes, dotados de vaporizadores de agua para mitigar el calor.

El sistema de vaporizadores, al menos, sí se instaló, al igual que zonas de vegetación y de plantas. Prada Poole señala que el proyecto, más ambicioso, se frustró por «falta de tiempo», aunque señala que el tiempo le ha dado la razón con los vaporizadores, hoy presentes en muchos toldos de bares de la ciudad. «La gente lo consideraba una locura y hoy es evidente», señaló el arquitecto a quien el CAAC dedicará próximamente una exposición individual.

Museo y colonialismo

El cuestionamiento del museo y su relación con el colonialismo se integra en la exposición a través de cuatro artistas que recogía como ejemplos de ello el mencionado libro «Arte desde 1900»: Renée Green, Fred Wilson, Andrea Fraser y Mark Dion. De todos ellos se exhiben piezas, préstamos de museos y galerías internacionales.

Entre ellas, quizás sea la obra de Renée Green, «Mise en Scène, Commemorative Toile» (1993), la que reflexione de una forma más clara en estas coordenadas, al presentar un conjunto de sillas, con tapicería a juego con el papel pintado que las enmarca, que presentan dibujos rococós de temática esclavista. Una obra nunca vista en España que Álvarez Reyes relaciona en el mismo espacio con una vajilla de la Cartuja con colores similares y motivos orientales.

Este capítulo se completa con obras encargadas por el CAAC ex profeso para esta exposición, ante la carencia de obras de artistas españoles que reflexionen sobre el colonialismo, señaló el comisario. Una de ellas es María Cañas, que presenta «Cumbia Against The Machine», donde contrapone visitas de autoridades con una Expo tomada por zombies; y «EXPO LIO», un trabajo, según la creadora sevillana, de «videoguerrilla», que contiene los elementos de «humor y resistencia popular» que caracterizan su obra.

La segunda de las piezas es la realizada por Rogelio López Cuenca y Elo Vega y presidida por una frase de «El corazón de las tinieblas» de Joseph Conrad: «Este ha sido también uno de los lugares oscuros de la tierra». A partir de ahí, el proyecto presenta un recorrido, a través de diversos formatos, por monumentos y lugares emblemáticos de Sevilla. Estos enclaves no solo muestran el poder, en palabras de López Cuenca, sino que «también hablan de lo que silencian», es decir, «el expolio, el saqueo, cuestiones de género...».

El último de los proyectos es el realizado por Patricia Esquivias, toma como punto de partida la historia de un cactus que regaló a Sevilla un ingeniero agrónomo mexicano y que está situado frente al Pabellón de México, desde hace unos años rodeado de coches al haberse instalado un parking. Ese viaje del cactus lo relaciona Esquivias con «los viajes de Colón en los que trajo como regalos plantas, animales y personas».

En la exposición se muestran por primera vez los regalos de países y comunidades a la Expo, muchos de ellos son puro kitsch

El recorrido se completa con referencias directas a la Expo92, en primer lugar, con obras realizadas aquel año por artistas andaluces. A la mencionada obra de Curro González, donde representa bustos de, entre otros, Patricio Cabrera, Ricardo Cadenas, Pedro G. Romero y Alberto Marina, se suma «Sin título (Sangre en la calle», la segunda performance de Pilar Albarracín.

En ella, la artista, grabada en vídeo, aparecía simulando estar muerta y ensangrentada en lugares emblemáticos de la ciudad, como la Campana o el antiguo mercado de la Encarnación. «Entonces había un miedo especial a la sangre, no sólo por el miedo a atentados terroristas, sino también por el Sida».

En segundo lugar, por mostrar mobiliario urbano de la Expo, como bancos y vallas, pero también las señales que realizó Rogelio López Cuenca, similares a las informativas que se repartían por todo el recinto, pero en las que introdujo motivos poéticos y políticos, por lo que fueron retiradas. La muestra presenta también el archivo audiovisual de la Expo, cuyas cintas en formato Betacam, que apenas se han digitalizado, se muestran colocadas en estantes.

A ello se suma, quizás, la mayor curiosidad de la exposición: los regalos que países y comunidades autónomas entregaron a la Expo y que por primera vez han sido catalogados. Allí se suceden piezas como el libro de honor de la Expo y monedas conmemorativas junto a objetos que son puro kitsch: una figura de Colón de Lladró, un relieve en madera de Don Quijote y Sáncho Panza, una figurilla de un filósofo griego sobre un pedestal e, incluso, un plato chino comprado en el Corte Inglés.