Carlos Montaño, junto a algunas de las obras expuestas en Birimbao
Carlos Montaño, junto a algunas de las obras expuestas en Birimbao - J.M. SERRANO

Carlos Montaño: «En el arte prefiero la gente más canalla a la que te aplaude en los circuitos»

El artista presenta en la galería Birimbao una colección de obras en técnica mixta sobre tabla bajo el título de «Preludio»

SevillaActualizado:

La pintura de Carlos Montaño (Sevilla,1956), se expande por cuadros de mediano y gran formato en las paredes de la galería Birimao en esta nueva exposición titulada «Preludio», una especie de premonición de lo que va a venir, y el que el artista tiene ya en su pensamiento y aún no en sus pinceles. Tras «Conflicto del objeto o la memoria de Dios», una muestra que se expuso en la Casa de la Provincia, éstas son las últimas obras de Montaño.

Estudió en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla donde acabó sus estudios en 1982, «generacionalmente no estaba en sintonía con la generación de los 80. Coincidí con la generación que apostaba por la abstracción con aquello de «pintura-pintura» y a mí eso de las frases me matan. No soy un antisistema, pero no me gusta encajarme en nada. Me gusta la autenticidad y prefiero la gente más canalla en el arte, más que los que te aplauden en los circuitos. Esa línea de lo que se lleva, no me va nada de nada, si no, haría cosas más comerciales, pero no puedo. Voy a mi bola, aunque sí, me han entrado ganas de tirar la toalla mil veces».

El artista, jubilado de la enseñanza, «ahora sólo me dedico en cuerpo y alma a la pintura..., bueno como siempre», quiere ofrecer «desnudo de equipaje» un conjunto de obras en las que cada una es síntesis y al mismo tiempo análisis de un concepto total del hombre, del tiempo, de la historia. Una visión que responde, como es lógico, a su personal camino artístico en el que la solidez y sinceridad creativa se convierten en norte de una vida que expresa a través de la escultura, el dibujo o la pintura.

Fascinado por la figura de San Sebastián y el icono en que se ha convertido, tiene sin embargo predilección por el «San Sebastián» de Andrea Mantegna que está en el Ca D'Or de Venecia, un singular museo. «Es una de las composiciones más potentes, cuando voy me quedo allí y lo observo. Desde entonces San Sebastián se convirtió en algo muy icónico para mí. Y cuando terminé esta serie, donde entran los archivos emocionales, he vuelto a utilizar las flechas de San Sebastián pero sustituyéndolas por líneas de composición que son las ramas que aparecen en los cuadros, ramas rotas que son finales no deseados».

Otra de sus obsesiones es el número 3, «todo lo elevo así que en mis cuadros había conceptos como la razón y el tiempo, y me faltaba un tercer concepto 3 y descubrí que era lal duda, esa pregunta sin respuesta. Ahí hay un retrato de la duda. Esta no es una exposición de esto está hecho, sino que estoy haciendo porque avanza lo que va a acontecer».

Pintor de largos paseos y meditaciones, «desayuno a las siete y media y luego me doy un largo paseo y me pongo a meditar y luego me meto en el estudio. Porque hay que trabajar a diario, si no, no es posible que mi trabajo se desarrolle en condiciones de continuidad».

Los cuadros, de tamaños de 110 x 150 y 80 x 120, están realizados con técnica mixta sobre tabla y en todos ellos se aprecia una suerte de división en dos mitades con sutil zona intermedia, sugiriendo los dos hemisferios cerebrales humanos y su estructura de interrelación o cuerpo calloso.

Observador infatigable, dice que busca en la pintura «la obra ideal» y que un día observó en sus paseos cómo se derramaba el óxido de las cadenas de la Catedral, lo que le llevó a incorpar esa sensación a sus cuadros, o el signo de interrogación que tiene el gancho de una percha y que le hace pensar en la duda. «Incluyo en mis cuadros lo que encuentro a mi alrededor, la focalización de esos pensamientos».