Un detalle del «Retrato de Diego Ortíz de Zúñiga»
Un detalle del «Retrato de Diego Ortíz de Zúñiga» - ABC
PINTURA BARROCA

Los últimos misterios de Murillo

Cuatro nuevas atribuciones de cuadros, realizadas por el investigador Benito Navarrete, invitan a revisar el legado del pintor sevillano

SEVILLAActualizado:

A una semana justa del inicio en Sevilla de la conmemoración del Año Murillo, que celebrará los 400 años del nacimiento de quien es junto a Velázquez el mayor maestro de la pintura que ha dado esta ciudad, su legado sigue deparando sorpresas. La más reciente ha sido el descubrimiento en un castillo de Gales de un murillo que se creía perdido y que se conocía por una copia que es propiedad del Ayuntamiento de Sevilla. Se trata del «Retrato de Diego Ortiz de Zúñiga», un cuadro realizado en 1653 ó 1654 y que durante los 150 años que lleva colgado en el castillo galés de Penrhyn se había tenido por una copia.

El responsable de que hoy ese cuadro se tenga como salido de los pinceles de Murillo es el profesor de historia del arte de la Universidad de Alcalá de Henares y especialista en pintura del XVII, Benito Navarrete, quien ha realizado otras tres atribuciones recientes que invitan a revisar la obra del artista sevillano. El Año Murillo será una buena ocasión para hacerlo, especialmente, en el congreso internacional que acogerá Sevilla y del que Navarrete es su director científico.

Estas cuatro nuevas atribuciones aparecen recogidas en su libro «Murillo y las metáforas de la imagen» (Cátedra), en el que, precisamente, plantea una revisión de la obra y biografía de un pintor sobre el que ha trabajado intensamente. Prueba de ello es, por ejemplo, la atribución que realizó en 2009 de la «Santa Catalina» de Murillo, que cuelga hoy en el Centro Velázquez de la Fundación Focus de Sevilla, o su papel como comisario de la exposición «El joven Murillo», una coproducción de los museos de bellas artes de Sevilla y Bilbao, con cuarenta piezas de su etapa de juventud que se exhibieron en 2009 y 2010.

Esa dedicación al estudio del pintor sevillano es el que le ha llevado a realizar estas nuevas atribuciones, que recopila en el mencionado volumen y entre la que destaca, quizás por ser la más novelesca, la del «Retrato de Diego Ortiz de Zúñiga», encontrado en el castillo de Penrhyn, al Norte de Gales.

El «Retrato de Ortiz de Zúñiga» es uno de los primeros de Murillo, que se relacionó con personas de poder como este noble para promocionar su obra, mantiene Benito Navarrete

El punto de partida de esta atribución está en Sevilla, para cuyo Ayuntamiento trabajó Navarrete hasta 2011 como director general de Cultura. Uno de sus proyectos era la preparación del «Patrimonium Hispalense», dos volúmenes en los que catalogó los bienes artísticos y patrimoniales del Consistorio.

En la recopilación de datos, llamó la atención de este profesor la ficha que realizó el conservador Pablo Hereza sobre la copia anónima del que es uno de los primeros retratos realizados por Murillo y en la que apunta que el original podía estar Gales.

«Como Pablo Hereza decía que podía ser el original me cogí un avión a Inglaterra». Allí se encontró un retrato «sucísimo» y calificado de copia por el National Trust —el Patrimonio Nacional británico—, pero cuando lo vio no tuvo dudas en atribuirlo al sevillano, por lo que sus propietarios lo mandaron a Londres a limpiarlo.

Viaje a Inglaterra

El retrato, explica Navarrete, «es uno de los primeros de Murillo» y lo realiza cuando Diego Ortiz de Zúñiga es nombrado a los veinte años de edad caballero veinticuatro del Ayuntamiento de Sevilla, esto es, concejal». Su relación con Ortiz de Zúñiga, al igual que la que mantendrá posteriormente con el canónigo Justino de Neve, uno de sus principales mecenas, es una «prueba más» de una de las tesis que defiende este historiador del arte en su reciente libro y que revisan la imagen bondadosa de Murillo como pintor de santos y vírgenes, para presentarlo como un artista ambicioso y consciente del poder de su pintura.

Para ello, Murillo se relacionó con personas con poder que pueden promocionar su obra, como el canónigo sevillano u Ortiz de Zúñiga, que será clave en el encumbramiento del pintor y cuyo retrato, recuerda este investigador, «aparece en su inventario de bienes, junto a otras obras de Murillo y una biblioteca importantísima».

¿Cómo llegó un cuadro pintado en Sevilla a un castillo galés? Navarrete responde que el original estaba en manos de los herederos de Ortiz de Zúñiga, los marqueses de Montefuerte en Sevilla. «Ellos encargaron la copia en 1751 porque habían vendido el original», que adquirió el barón Penrhyn a finales del XIX en un anticuario.

La obra se exhibe estos días en la Frick Collection de Nueva York, dentro de la exposición «Murillo: los autorretratos», que se trasladará a partir del 28 de febrero a la National Gallery londinense. El cuadro aparecía en el catálogo de la muestra como copia, pero tras hablar este profesor con el conservador jefe, Xavier Salomon, y enviarle el libro, este incorporó a la exposición tras la inauguración.

«El venerable padre Fernando Contreras», tras su restauración
«El venerable padre Fernando Contreras», tras su restauración-ABC

La copia que conserva el Ayuntamiento se expondrá el próximo 5 de diciembre en la exposición «Murillo y su estela en Sevilla», de la que Navarrete es su comisario. En la muestra del Espacio Santa Clara también se exhibirá otra de las recientes atribuciones realizadas por este especialista: «El venerable padre Fernando Contreras», también de la colección municipal sevillana y que presentó junto con la del mencionado retrato de Ortiz de Zúñiga en una ponencia dentro del simposio «Murillo pintor religioso», que organizó el Museo del Prado el pasado octubre.

Este retrato, que se tenía como una copia del siglo XVIII, se colgó el 30 de octubre de 1673 en la sacristía de la Catedral de Sevilla, explica Navarrete en su libro, y siglos después perteneció a los duques de Montpensier, cuya corte rivalizó en la Sevilla del XIX con la de Isabel II. De hecho, forma parte de los bienes del salón Montpensier del Ayuntamiento, procedente del Palacio de San Telmo y que donó la infanta María Luisa Fernanda en 1898.

En la exposición «Murillo y su estela en Sevilla» se expondrá esta obra por primera vez tras su reciente restauración, que ha sido clave para realizar la atribución.

«San Pedro penitente», obra que está en una colección privada valenciana
«San Pedro penitente», obra que está en una colección privada valenciana-ABC

Las otras dos atribuciones que ha realizado recientemente este historiador del arte corresponden a colecciones privadas. La primera de ellas es «San Pedro penitente», propiedad de una familia valenciana, y donde se aprecia la influencia de José de Ribera en la obra del sevillano.

Navarrete relaciona esta obra, de un lado, con el «San Pedro penitente de los Venerables», una obra expoliada en la invasión napoleónica y que adquirió la Fundación Focus en 2014 a un coleccionista de la isla de Man (Reino Unido). Y, de otro, con el dibujo «San Pedro penitente» del British Museum, con el que mantiene una relación más directa.

El profesor estima que la obra, que estaba atribuida a Ribalta, es un murillo, realizado en fechas cercanas a 1675, y sería una segunda versión autógrafa y de calidad de la obra que se conserva en el Centro Velázquez del sevillano Hospital de los Venerables.

La segunda de estas obras que está en una colección privada madrileña es «La sagrada familia», datada en 1670 y que este especialista considera dotada de un «color muy característico» de la etapa de madurez del pintor sevillano. Además, añade, es un lienzo que demuestra la admiración que sintió Murillo hacia el napolitano Andrea Vaccaro, que estudió durante su estancia en Madrid en las Colecciones Reales, donde se encuentra su «Descanso en la huida a Egipto».