Pieza de Céleste Boursier Mougenot en la capital francesa
Pieza de Céleste Boursier Mougenot en la capital francesa
ARTE

Una Bienal de Lyon de altos vuelos

Una excelente 14 edición de la Bienal de Lyon apuesta por las fronteras líquidas y los estados de tránsito

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Cuando a Emma Lavigne, la comisaria de esta 14ª Bienal, se le invita a repensar un cosmos tan inabarcable como el de «lo moderno», se decanta por lo líquido, lo abierto, lo fluctuante -y los flujos-, lo nómada, lo móvil, lo inconcluso, lo flotante. Por eso, unos nombres clave: Zygmunt Bauman, evidentemente, el sociólogo de los «Tiempos líquidos» (2007) al que nombra en su texto introductorio. Lucio Fontana (acaso el argumento más sugestivo del proyecto), con el que el Director de la Bienal, Thierry Raspail, inicia el suyo: el Manifiesto Blanco de 1946 y, sobre todo, su «Concetto Spaziale» (1947) o su primer «Ambiente Spaziale» (1949), «la primera tentativa de liberarse de una forma plástica estática»; Duchamp, que encapsula el aire de París (1919); el dadaísta Erik Satie, precursor del minimalismo (hay muchos trabajos sonoros o musicales en esta Bienal); Umberto Eco, que en 1962 escribe «La obra abierta»; y, por último, el 40 Aniversario del Pompidou (donde ha desarrollado su carrera la comisaria), que para celebrarlo expande su colección. En particular, es este el eje de la exposición que se desarrolla en el MAC de Lyon, en la que una veintena de artistas (Cildo Meireles, Ernesto Neto, Rivane Neuenschwander…) dialogan con piezas espléndidas de Marcel Broodthaers, Calder, Arp, Fontana, Richter o Heinz Mack y Otto Piene.

Aunque el propio MAC también exhibe músculo: de su colección aporta obras de Nam June Paik, de Duchamp (nada menos que tres «Boîtes-en-valise» y decenas de dibujos y textos relacionados con «El Gran Vidrio»), Robert Barry, Laurie Anderson o Philip Corner, además de un «Ambiente Spaziale» de 1967.

Explosión a cámara lenta

Al Pompidou pertenece también «El Domo» (1957) de Richard Budkminster Fuller, buen ejemplo de arquitectura nómada, que se ha expone en una céntrica plaza de la ciudad. Alberga el delicado ambiente musical creado por Céleste Boursier-Mougenot (1961): un estanque circular en el que flotan platos de porcelana que chocan entre sí.

La tercera sede de la sección oficial es La Sucrière, en una antigua zona industrial. En sus tres plantas se distribuyen las instalaciones de cuarenta artistas entre las que podrían destacarse, por razones dispares, las de Bruce Conner, Hans Haacke, el «corte» de Matta-Clark, la de Damián Ortega, la reducción a escombros de Lara Almarcegui; las de Tomás Sarraceno, Doug Aitken, las fotos suspendidas de Darío Villalba, o las varias piezas decididamente políticas de Marcelo Brodsky, Daniel Steegmann Mangrané, Julien Creuzet, Anawana Haloba y Marco Godinho. La Bienal se completa, por lo demás, con el programa «Rendez-vous» dedicado a artistas emergentes, «Veduta», dedicado al arte urbano, «Résonnance», 150 expos en toda la región, y múltiples eventos en fundaciones y galerías.

Podría decirse que la ambiciosa 14ª Bienal de Lyon ilustra, a veces con obras de extraordinaria calidad, que el carácter flotante de lo moderno es, como en la película de B. Conner, una explosión a cámara lenta, la suave precipitación de un montón de gas, escombros y cenizas.