Libros

Milagros del Corral: «Corremos el peligro de tirar por la borda el esfuerzo visionario que supuso pensar Europa»

Día 02/04/2013 - 14.48h

La ex directora de la Biblioteca Nacional publica su primera novela, «Último otoño en París», una comedia romántica con las Naciones Unidas como telón de fondo

Milagros del Corral (Madrid, 1945) dejó la dirección de la Biblioteca Nacional de España en 2010. Fueron tres años de intensa labor, en los que manejó con inteligencia y buen hacer los hilos de una de las instituciones culturales de mayor enjundia de nuestro país.

TEMAS DE HOY
Cubierta de la novela «Último otoño en París»

No es para menos, ya que en el currículum (abreviado) de esta madrileña de nacimiento y ciudadana del mundo por convicción figuran organismos como la Unesco o el Fondo Internacional para la Promoción de la Cultura, además de proyectos innovadores relacionados con el futuro digital de la Cultura, el desarrollo del e-book, los derechos de autor y las nuevas tecnologías.

Pero Del Corral tenía una espinita clavada, un sueño pendiente de cumplir que, finalmente, ha hecho realidad con la publicación de «Último otoño en París» (Temas de Hoy), su primera novela. Una divertida y elocuente comedia romántica con las Naciones Unidas como telón de fondo.

- Con una producción de no ficción tan extensa a sus espaldas, ¿por qué decidió lanzarse al ruedo de la novela?

- Yo siempre fui bastante osada. Desde pequeña, siempre he sido buena lectora y siempre me tentó escribir una novela, pero ese día nunca llegaba. La verdad es que no pensé que fuera tan complicado, la ficción es un ejercicio muy difícil, soy una novata integral en esto. Lo he disfrutado mucho, porque en esta vida lo que más me divierte es aprender. Ha sido descubrir, desde dentro, un mundo nuevo y presentárselo a los lectores, para que se puedan hacer una idea de qué es, cómo funciona, para qué sirve... Son universos muy endogámicos y herméticos, en los que se concentra como un mundo en pequeñito, es la multiculturalidad en estado puro y se concentran todos los grandes valores del ser humano.

- ¿Y qué aprendió en el proceso de escritura?

- Hay que entrarle a esto con mucha humildad, porque la novela es un género muy difícil. Yo sé que soy una aficionada, nada más. Hay que dedicarle tantas horas y volver tanto sobre ello... Hay que ver cómo los personajes van tomando carne propia y empezando a rodar, a veces sin tu permiso. Luego, por otro lado, he descubierto que escribir una novela tiene bastante que ver con hacer un puzle, está compuesta de muchas cosas pequeñitas que tienes que conseguir que encajen, es un camino constante de construir. Cuando has tenido una vida tan intensa y activa como la mía, es muy difícil que algo te pase por primera vez. Entonces, hacer algo nuevo, completamente nuevo, es un reto tan rejuvenecedor... es fascinante.

- Eva, la protagonista, es una joven inteligente y preparada que tiene un cargo importante, de responsabilidad internacional. ¿Es una especie de alegato feminista?

- Más que alegato, es llamar la atención sobre algo de lo que no se habla cuando se habla de feminismo: el caso de la mujer que trabaja y que llega pronto a un cargo directivo. Eso cambia completamente la vida de esa mujer. No tiene horario, se pasa la vida viajando, de reuniones, y eso tiene un impacto muy distinto al de la mujer trabajadora normal. Es muy atrayente y estimulante, pero el peaje que tienes que pagar es tu vida privada. No es el mismo peaje que el del hombre. Imagínate cómo puede ser la vida de Christine Lagarde, o de Angela Merkel, o de Soraya Sáenz de Santamaría... Yo no resuelvo nada, pero es una manera de llamar la atención sobre esto, porque cada día hay más mujeres así y queremos que haya más, pero debemos saber cuál es el precio.

- Ella trabaja en Naciones Unidas y se da contra la pared de la dura realidad. ¿Cree que es posible superar la actual decadencia de los organismos institucionales?

- Espero que sí sea posible. La gente no está por la labor de que cambie nada. Estas instituciones nacen a raíz de los horrores de la Segunda Guerra Mundial y los países juran que eso no va a volver a ocurrir nunca. Pero ahora, esos países que tiraron de ese carro, que insuflaron toda esa carga ética, están desorientados por la globalización, por la crisis económica, porque no se entienden con su propia gente... Es una situación bastante peligrosa, que de repente dejemos de creer en la democracia y pensemos que nos hace falta un salvador. Será un falso salvador, porque no nos olvidemos que un tal Hitler fue elegido democráticamente, venía a salvar, y la piña que la población hizo con él durante su mandato fue indisoluble, porque había tomado un país en crisis. Por eso los alemanes tienen ese horror... Hay que estudiar la historia de los demás, no solo la propia. Si entramos a ese trapo, podemos estar tirando por la borda, no ya el Estado de bienestar, sino todo el enorme esfuerzo visionario que supuso pensar Europa.

- Incluso hay ciudadanos europeos que empiezan a pensar que salir de la UE sería una buena opción.

- Claro. Eso es no haber entendido nada. El problema es que necesitamos unas líneas de gobernanza supranacional, porque los problemas importantes ya no los puede resolver un solo país, ni siquiera el más poderoso. Yo creo que estas instituciones, tal y como están, no valen para eso, pero sí hay unas semillas muy aprovechables.

- Quizá por eso sea necesaria una refundación del sistema.

- Totalmente, porque cargárselas sería un craso error, porque hay una experiencia acumulada. Pero ha habido una rutina, un hastío, cierta complacencia... Los Estados miembros han dejado de ser visionarios, los líderes que tenemos no tienen la talla que tenían los que fundaron la UE y no saben qué hacer con estos juguetes, están un poco hartos, y como están entretenidos con lo suyo no se dan cuenta de que lo suyo y lo otro tienen que ir de la mano. Hay que recortar, pero no a ojos cerrados, porque te puedes estar cargando el sustrato del edificio, los fundamentos, que son intangibles y por tanto frágiles.

- Uno de esos sustratos es la Cultura.

- Los recortes en Cultura son, en mi opinión, un error. Todos entendemos lo que es una barra de pan y un billete de diez euros, pero lo de la Cultura... Para mucha gente es un magma al que no tienen aprecio, pero no se dan cuenta de que están siendo permeados por todo eso, sobre todo en una época tan mediática y llena de pantallitas como tenemos ahora.

- Muy mediática... y muy mediocre.

- Toda la razón, corremos el riesgo de terminar con un océano de conocimiento de un centímetro de profundidad. Sabemos un poco de todo, pero hemos perdido el gusto por entrarle a las cosas, saber de algo... nos estamos desconcentrando. Creo que hay que tener una visión generalista, pero hay que ser especialista en algo. Tengo fe ciega en la gente de la Cultura, porque aunque es verdad que el talento, la creatividad, es el recurso natural mejor distribuido, si en algún sector se concentra, no cabe duda de que es en el sector de la Cultura. Por mucho que hagan, con la Cultura no se acaba, porque la gente encontrará modos y fórmulas para mantener esa llama el tiempo que haga falta hasta que el mundo sea un poco mejor.

- La Cultura nos hará libres... ¿y nos salvará?

- Será la que tire del carro y es la que hoy por hoy puede insuflarle esperanza al resto de la población, que a lo mejor le cuesta más trabajo encontrar su camino. La situación es mala, pero peor es cuando la creación no se puede expresar, entonces sí te están coartando y asfixiando, y eso no sucede y esperamos que no vuelva a suceder.

- Parece muy optimista.

- Sí, soy optimista. Esta muchacha, Eva, no se rinde. Es el tipo de personaje que hay que aupar y abanderar, y si todos queremos ser a nuestra manera un poco Evas en lo nuestro, las cosas irán mejor.

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