cultura clásica

¿Sabes de dónde vienen las expresiones «echar un polvo», «bujarrón» o «mala pécora»?

El editor Virgilio Ortega bucea en el origen de los insultos y palabrotas en «Palabrotalogía»

La famosa «Copa Warren» muestra el llamado «pecado nefando»
La famosa «Copa Warren» muestra el llamado «pecado nefando» - abc

Mala pécora, bujarrón, rufián…, la lista es tan larga como la imaginación humana en encontrar palabras para escarnio del prójimo. Pero, ¿cuál es el origen de esos insultos y otras palabras ligadas al sexo que se han considerado históricamente malsonantes. El editor Virgilio Ortega –que ha publicado más de 5.000 libros en sellos que van de Salvat a Planeta DeAgostini- ofrece la explicación etimológica de un buen puñado de ellas en «Palabrotalogía» (Crítica, 2015), un volumen, ameno y divertido, que presentó el pasado miércoles en la Casa del Libro de Sevilla. Aquí seleccionamos las explicaciones que ofrece Ortega de diez de ellas.

Echar un polvo

Esta es la una de las escasas palabras reseñadas en el libro que no procede directamente de un uso o una palabra de la cultura clásica, pues como explica este autor la expresión «echar un polvo» no surge hasta el siglo XVIII vinculada probablemente al consumo de rapé: los caballeros se retiraban a fumar ese polvo de tabaco a una habitación especial… y allí aprovechaban a «echar un polvo». Del latín sí proviene la palabra más malsonante «joder», en concreto de futuere, que en italiano es fottere, en francés foutre, en catalán fotre y en gallego y portugués foder, donde el origen latino está más claro que en el español joder.

Guarra

Ortega explica que de la voz del cerdo «gorr-gorr» o «guarr-guarr», según como se interprete su gruñido (en latín, grunnitus), provienen en español palabras como gorrino, gurripato, guarro…, con las que en cada sitio se llama a este cerdo animal, hasta el gorrón con el que podemos calificar a un hombre o la guarra con la que podemos descalificar a una mujer.

Bujarrón

No está claro el origen de esta palabra, señala el autor, pero podría venir, a través del italiano o el francés/catalán, del latín tardío, bulgarus, búlgaros. El «Buscón» sitúa al bujarrón entre lo peor de lo peor, cuando dice que cierta cosa fue ordenada por “algún puto, cornudo, bujarrón y judío”. Covarrubias, cita también Ortega, recuerda que bujarrón «vale tanto como horadado», en referencia a que podía emplearse para el sodomita pasivo.

Cojones

La etimología de cojones hay que buscarla en «coelus», que en latín significa bolsa de cuero. En latín vulgar cambia luego a coleo, coleonis y de ahí se forma la palabra cojón, que es común a todas las lenguas romances e incluso al esperanto (kojonoj).

Fornicar

Esta palabra es de origen latino y viene de «fornix», palabra que viene de «fornices» o «arcos» del Coliseo romano, lugar donde trabajaban algunas meretrices del imperio.

Rufián

Proviene de «rufus» que significa pelirrojo que, como recuerda este autor, «es el color de las pelucas que se suele poner la prostituta, o sea, la fulana, que quizás venga de “rufulana”», pelirroja. La «Lozana andaluza» hablará también de rufianas como equivalente a alcahuetas.

Chulo

Ortega reconoce que es una «palabra de larga y dudosa historia: el latín “infans”, -ntis, se acorta cariñosamente en italiano en “fante”, que formará diminutivo en “fanciullo” y se abreviará luego en “ciullo” y de ahí pasará al español para designar al “muchacho” o “criado de una prostituta” y finalmente a su chulo, el que la chulea».

Prostíbulo

El término designa prostíbulo y también a la «prostíbula», mujer que trabaja en él, es decir, la prostituta. Ambas palabras vienen de «pro stare», de estar delante, estar expuesto a la mirada pública, estar expuesto a la venta.

Nefando

Suele ir asociada a «pecado nefando», forma antigua de referirse a la homosexualidad. Proviene de «nefandus», explica el autor, por «fari», que significa hablar, con partícula negativa delante. Es decir, el pecado es tan indigno, concluye, que «no se debe hablar de ello».

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