Fotografía de archivo de Tom Wolfe recibiendo de manos del presidente George W. Bush la Medalla Nacional de Humanidades en Washington - REUTERS

Talese, a los imitadores de Wolfe: «Mejor que trabajaran de carniceros»

EE.UU. despide al genio de la novela y del periodismo, empezando por los que aprendieron con él.

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Con la muerte de Tom Wolfe, se repite el calificativo de ‘maestro’. De periodistas, de escritores, de vividores, de estetas… Sonaría hueco, si tantos de quienes han reaccionado a su fallecimiento no hubieran dejado claro que su obra hubiera sido diferente sin Wolfe. «Espero que la gente sepa que era bueno y generoso. No solo un gran escritor, sino un gran alma. No solo me ayudó a convertirme en un escritor. Lo hizo con gusto», aseguró a «The Associated Press» Michael Lewis, uno de los autores de libros de no ficción con más éxito en la actualidad, con obras como ‘Moneyball’, ‘The Blind Side’ o ‘The Big Short’, todos ellos adaptados al cine.

«Su obra cambió mi vida y me convenció de que debía escribir no ficción. Que vaya bien, Tom», reaccionó en Twitter Susan Orlean, una de las firmas con más trayectoria de la revista ‘The New Yorker’ y autora de varios libros. Touré -el nombre con el que se conoce a Touré Neblett-, un periodista clave en la disección de las cuestiones raciales de la minoría negra, aseguró en Twitter que coincidió con Wolfe en diferentes ocasiones y siempre fue un placer. «Leí su obra con voracidad en mi juventud y fue decisivo a la hora de ayudarme a aprender a escribir», añadió.

La editora y periodista Tina Brown, que en su día calificó a Wolfe como «una vela alta y delgada con su traje blanco» y con quien colaboró durante años, le calificó de «sin igual» y «el mejor de los mejores».

Este martes, día de su muerte, la catarata de cumplidos que recibía Wolfe y su obra en la prensa estadounidense estaba a la altura de su prosa rococó y excesiva. ‘The New York Times’ celebraba la «pirotecnia verbal» y su «reporterismo meticuloso» y recordaba lo que grandes críticos estadounidenses habían dicho de su obra: «Es probablemente el escritor más hábil de EE.UU. Con eso quiero decir que es capaz de hacer más con las palabras que el resto», escribió William Buckley en ‘National Review’. «Como campeón de la rimbombancia no tiene igual en el mundo occidental», aseguró Joseph Epstein en ‘The New Republic’. «El estilo de su prosa es una escopeta barroca, que a veces oscila hacia una ametralladora rococó». ‘Los Angeles Times’ lo calificaba de «sumo sacerdote» del Nuevo Periodismo y ’The Washington Post’ recordaba las palabras del autor Ben Yagoda de que «el periodismo estadounidense nunca ha tenido un practicante que combinara los atributos de talento, audacia, aprendizaje, preparación y observación pura tan bien como Tom Wolfe».

A Wolfe le gustó además llevar la contraria, molestar al pensamiento predominante. Atacó a la elite liberal de lo políticamente, cenó con Ronald Reagan, apoyó a George Bush y se colgó un pin con la bandera de EE.UU., que para él era como «mostrar una cruz a los hombres-lobo». Quizá por ello entre quienes se acordaban de él estaban también representantes del periodismo más conservador, como Laura Ingraham: «¡Qué talento! Era único. Una de las personas más buenas y deliciosas que he conocido o entrevistado en mi vida», dijo en Twitter.

No pudo faltar en los homenajes otra de las plumas indispensables del siglo XX: Gay Talese, otro maestro de periodistas y escritores, y el último de los impulsores del Nuevo Periodismo en vida. Fue, además, gran amigo y admirador de Wolfe. «Era un escritor increíble», aseguró ayer tras conocer su muerte. «Y no podías imitarle. Los que trataron de hacerlo fueron un desastre. Deberían haberse buscado un trabajo en una carnicería».