El escritor zaragozano afincado en Sevilla José María Conget
El escritor zaragozano afincado en Sevilla José María Conget - VANESSA GOMEZ
LITERATURA

«La caspa era lo más inaguantable del franquismo»

José María Conget firmó con «Confesión general» uno de los mejores libros de relatos de 2017

SEVILLAActualizado:

José María Conget lleva desde 1990 afincado en Sevilla, a donde llegó para dar clase en el Instituto Martínez Montañés, tras haber desarrollado una carrera académica en ciudades como Lima y Glasgow, y haber sido responsable de actividades culturales en las sedes del Instituto Cervantes en Nueva York yParís.

Pero a este zaragozano de 1948 se le conoce, sobre todo, por una carrera literaria en el que ha alternado la novela, el ensayo y el cuento. A este último género corresponde «Confesión general» (Pre-Textos), una de las mejores colecciones de relatos editadas el pasado año en España y que condensa bien un universo narrativo con espacio para el humor, el componente autobiográfico, la experimentación y el pequeño ensayo cultural, en este caso, sobre «chansons».

Todos estos detalles que conforman una sólida bibliografía han convertido a Conget en lo que muchos definirían como un «escritor de culto», expresión que se podía rastrear en buena parte de las elogiosas reseñas que aparecieron sobre este libro en la prensa nacional. El autor, sin embargo, se lo toma con escepticismo e ironía.

«Se lo inventó hace años un crítico y me he quedado con ese sambenito. Qué es ser escritor de culto: que no vendes, que no ganas mucho dinero, que tienes pocos lectores, pero si al crítico le parece que no lo haces mal, para salvarte te llama escritor de culto. Antes me decía que yo era un “worst-seller” (peor vendido). Después me di cuenta de que “worst-sellers” son la inmensa mayoría de escritores en España, así que presumir de eso es absurdo».

El componente autobiográfico es uno de los que da cuerpo a algunos relatos, como «Tiempo hostil», donde rememora su experiencia bajo el franquismo. «Lo primero que uno ataca del franquismo es la ausencia de democracia, la censura, la falta de libertad, pero lo que recuerdo como más inaguantable es la caspa, esa falta de belleza, de libertad en la vida cotidiana. Lo que cuento en el relato es autobiográfico: a mí y a Maribel (Cruzado, su esposa) nos amenazaron con la Policía porque ella apoyó su cabeza en mi hombro en una cafetería».

Pero en la mayoría de los casos, Conget transforma sus memorias «en ficción, que es para lo que un autor debe transformar el recuerdo. Además, la memoria selecciona, así que ¿para qué pensar que estás haciendo autobiografía si al final ficción es casi todo? Por eso yo prefiero partir de la ficción y, claro, hay elementos sacados de mi experiencia. Nunca podría escribir una novela sobre la Edad Media o Vietnam. Mis novelas ocurren siempre en ciudades en las que he vivido un tiempo».

Un ejemplo de ello es «Dentista», un relato ambientado en Nueva York que revisa el mito de Scheherezade a través de una odontóloga judía de jugosa vida sexual y que sintetiza un sentido del humor apreciable también en «Madurez», un irónico retrato de la vejez.

«El cuento depende mucho de la inspiración repentina, de un episodio que surge o una sensación que quieres contar. Este cuento parte de dos cosas: la sensación de felicidad de escuchar una música que no esperas y la idea de algunos hombres que creen que han llegado a una madurez en la que controlan todo, y eso es mentira, porque en la vida no se controla nada. La madurez no se alcanza nunca, a menos que esta sea la vejez y entonces sí».