Javier Cercas en un hotel de Sevilla
Javier Cercas en un hotel de Sevilla - J. M. SERRANO
NOVELA

Javier Cercas: «Reivindico la República y la Transición, no es algo contradictorio»

El escritor regresa a la Guerra Civil con «El monarca de las sombras», para narrar la historia de su tío abuelo falangista, que falleció en el conflicto

SEVILLAActualizado:

No hay un periodo histórico que levante más ampollas en España que la Guerra Civil, un territorio en el que Javier Cercas (Ibahernando, 1962) se introdujo con gran éxito con «Soldados de Salamina» (2001) y al que regresa con la novela que más trabajo le ha costado escribir: «El monarca de las sombras» (Random House, 2017). En ella investiga la peripecia y muerte de su tío abuelo Manuel Mena, falangista y soldado nacional que falleció en la batalla del Ebro. A partir de ahí, Cercas construye una obra en la que se entrelazan historia y ficción, la razón política y la razón moral de quienes combatieron en la Guerra Civil, pero también la necesidad de conocer el pasado para comprender el presente y no repetir errores. Una nueva novela sobre la Guerra Civil, pero también una reflexión sobre todas las guerras y sobre el relato con el que los hombres las cuentan.

Es el libro que más le ha costado escribir, ¿por el pasado falangista de su familia? ¿por la dificultad de afrontar una historia tan autobiográfica? ¿por tratarse de la Guerra Civil?

Es la que más tiempo me ha costado escribir, indudablemente, porque el interrogante que me planteaba el destino de este chaval siempre ha estado en mi cabeza, porque es una historia que escuché de pequeño. Este libro no solo habla de la Guerra Civil, habla la herencia de la Guerra Civil. Todos tenemos esa herencia sin excepción. Todos tenemos esa historia familiar que nos ha contado nuestra madre o nuestro padre y que nos intriga, porque es una historia de violencia, de muerte… Esa es la historia que tenía ahí y no estaba seguro de poder escribirla, por todos los motivos que comenta. Cómo convertir algo tan personal, como una historia familiar, en una historia universal, que es lo que hace la literatura. Esto no es una crónica, intento hacer de esto algo universal.

Porque está planteando una novela, no una memoria.

Claro. Tolstoi decía: «Pinta a tu familia y pintarás a todas las familias». Eso es lo que yo quiero: a partir de la historia de este chaval quiero hablar de temas universales, no solo españoles, porque la Guerra Civil es un avatar de la guerra con mayúsculas. Además, mi familia no estaba del lado de los buenos, con todas las comillas que quiera ponerle, eso lo complicaba todavía más. Hemos visto muchos casos de gente que en los últimos años se ha dedicado a buscar las huellas del abuelo muerto. Me parece muy bien, pero todos eran del lado bueno. El problema son los del lado malo, entrecomillas. El problema es ese, yo vengo de ahí. Hay esa búsqueda de un pasado duro, un pasado terrible. Lo que hay que hacer es mirarlo a la cara, porque es nuestro pasado, nuestra herencia. Mirarlo a la cara intentando comprender, que no significa justificar, significa darse las armas para no cometer los mismos errores.

«Soldados de Salamina» era una novela sobre la Guerra Civil y la posibilidad de reconciliación. Esta es más una reflexión sobre todas la guerras.

Absolutamente. Hay gente que dice: vamos a olvidar el pasado y seguir adelante hacia el futuro. Eso es un inmenso error. La única manera de hacer algo útil con el futuro es tener el pasado siempre presente. Sobre todo, el peor pasado, porque cuando lo olvidas ya estás preparado para repetirlo. Eso es lo que nos está pasando hoy en Occidente. Estamos repitiendo flagrantemente los errores que cometimos en los años treinta.

Tenemos que ponernos de acuerdo en que la razón política la tenía la República. La razón moral estaba repartida. Había canallas y personas decentes en los dos lados

Usted incluye referencias a la «Ilíada» y la «Odisea», relatos fundacionales de la literatura occidental. ¿Su novela es también una reflexión sobre cómo contar la guerra?

Sí. No sabía cómo contar la guerra. La solución que he encontrado ha sido combinar el pasado y el presente, y la ficción con la historia. La novela tiene dos narradores, uno que es historiador que intenta reconstruir con precisión los hechos realmente ocurridos y se atiene a los documentos… Y luego hay un narrador, que soy yo o alguien que se parece mucho a mí, que reconstruye el propio proceso de hacerse la novela. Eso en mis novelas pasa siempre. Lo que hay en el libro es cómo contar la guerra y la cuenta de las dos maneras, desde el presente y el pasado, desde la historia estricta y desde la ficción o la leyenda.

Usted señala en la novela que una de las razones por las que los que apoyaron la República al principio se fueron después con los nacionales fue la pérdida del orden público. Hablar de eso ahora es casi un tabú en España.

Es que eso es un hecho. La descripción que hago de la preguerra en mi pueblo es muy general. Y que hubo una clase media y casi te diría que ni media, pequeños propietarios, gente católica, de orden, que se asustó de que en mi pueblo intentaron quemar una iglesia y la cosa se fue crispando, porque había gente a la que le interesaba crisparlo. Siempre hay mercaderes del odio en todas partes. Toda mi familia es característica de la época. Mi abuelo es azañista, de militancia. Pero la evolución de la República y una serie de circunstancias le llevan a una situación imposible. Lo dice mi primo en el libro: o ellos o nosotros. Eso es una situación terrible en la que se ve envuelta pobre gente. ¿Esto significa que el golpe de Estado de Franco estaba justificado? No. Deberíamos ponernos de acuerdo en ese mínimo común denominador.

¿Por qué sigue siendo tan complicado?

Tenemos un problema grave ahí. Si no nos ponemos de acuerdo con el pasado, no nos podremos poner de acuerdo con el presente, porque ese pasado forma parte del presente. Hubo un golpe de Estado. Que la República cometió errores, muchísimos, a patadas, pero era un régimen democrático, a pesar de sus problemas, a pesar de que llegó un momento en que muy poca gente creía en la República, es verdad.

La dejaron sola.

Pero la solución no era un golpe de Estado. Deberíamos de ponernos de acuerdo con eso. Mi familia se equivocó, políticamente. ¿Eso significa que todos los republicanos eran maravillosas personas? No. Tipos que asesinaron a miles y miles de curas y de monjas a sangre fría, esos tipos no eran personas decentes. Eran canallas. Porque aunque no creían en la República o no fueran demócratas, estaban del lado correcto, defendiendo una democracia, pero eran unos canallas, no tenían la razón moral. Y a la inversa ocurre lo mismo. Gente como Manuel Mena, como mi familia y muchos otros, creyeron con buena fe que era la solución en aquel momento terrible. Nosotros que felizmente vivimos en una democracia, debemos ponernos de acuerdo en que políticamente no tenían razón. Ahora, moralmente, había gente de buena fe.

No se puede juzgar con la visión de hoy.

Tenemos que ponernos de acuerdo en que la razón política la tenía la República. Pero la razón moral estaba repartida, había canallas y personas decentes en todos lados. Lo lamentable es que no nos hayamos puesto de acuerdo con eso, porque es una traba para el presente. Todo poder lo primero que quiere es controlar el pasado.

Claro, crear el relato.

Exacto. Ellos quieren controlar el pasado, porque saben que controlándolo controlan el presente y el futuro. Y nuestro deber como escritores, como personas, es impedir que el poder se apodere del pasado. Esto está en el corazón de todas mis novelas. Ha hablado usted de reconciliación. David Trueba dice que mis enemigos me llaman «reconcilieitor». ¿Dónde está el problema con ella? Me dicen, este es de la reconciliación. Qué quieren que nos matemos. ¿La alternativa es que nos matemos? Porque nos hemos matado durante toda la historia.

La Transición funcionó razonablemente bien. Hay hispanistas que les hubiera gustado que nos hubiésemos matado otra vezJavier Cercas

¿Dónde está el problema?

Dónde está el problema con la reconciliación. Hoy pensaba que reivindicar la República es contradictorio con reivindicar la Transición. Yo reivindico ambas cosas. Están los jóvenes estos, con perdón, semianalfabetos o analfabetos del todo para los que la Transición fue una estafa y la República qué maravilla. Y, al revés, los de la Transición fue una maravilla y que el golpe de Estado fue inevitable. Yo reivindico las dos cosas, son totalmente compatibles. Lo que hizo la Transición fue restaurar el régimen democrático abolido por el golpe de Estado, aunque uno se llame Monarquía y otro República, me da lo mismo, lo importante es la democracia. Prefiero mil veces vivir en una monarquía, como la sueca o la inglesa, que en una república como la siria o como la venezolana. Ese no es el debate, el debate es mejor o peor democracia. La Transición funcionó razonablemente bien porque el pasado siempre estuvo presente. Ahora hay gente que piensa que no. Hay hispanistas que les hubiese gustado que nos hubiéramos matado otra vez. Ellos vienen aquí hacen sus fotos, escriben sus libros…

Los bárbaros de Europa…

Y después dicen: Nosotros nos volvemos a nuestra aburrida y sosa democracia norteamericana porque allí vivimos muy bien, pero ellos que se maten. Esa es la mentalidad. Bueno, no nos matamos. Si eso salió razonablemente bien, no fue porque hubiera un pacto de olvido, eso es una de las mayores falsedades y de los mayores clichés sobre esa época. Lo que hubo fue un pacto para no usar el pasado políticamente, lo que no tiene nada que ver. Son unos ignorantes. En aquella época no se hacía más que hablar de la guerra, del franquismo, había bibliotecas, archivos, películas… Estaba en todas partes, lo que hubo fue un pacto de recuerdo y salió bien porque todo el mundo, desde Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, todos, tenían la guerra aquí y dijeron que no se iba a repetir y por eso no se repitió. El pasado no es un freno, si lo usas bien. Si lo usas para manipular y tirárselo a otro, sí es un freno y un peligro. Es lo que dice Cervantes, el pasado es la escuela del presente, o algo así, lo llama, el aviso para el porvenir.