Manuel Jesús Roldán durante la presentación de uno de sus libros
Manuel Jesús Roldán durante la presentación de uno de sus libros - MILLÁN HERCE
Novedad editorial

Manuel Jesús Roldán: «El artista no es un conglomerado de datos. El arte necesita un juicio»

El profesor presenta, el 11 de octubre en el Ateneo, su obra «Eso no estaba en mi libro de Historia del Arte» (Almuzara)

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Manuel Jesús Roldán da una vuelta de tuerca a la concepción más tradicional del arte reinterpretando el discurso en torno a muchas obras que han pasado a la posteridad gracias a su nuevo libro, «Eso no estaba en mi libro de Historia del Arte» (Almuzara), en el que desgrana anécdotas jugosas, tanto de artistas conocidos como de otros que han sido silenciados con el paso de los siglos. La presentación de esta obra será el próximo 11 de octubre a las 19:30 horas en el Ateneo de Sevilla y correrá a cargo de Manuel Pimentel.

Según dice a ABC, «mi idea era conectar con un público que por primera vez se acercara al arte, pero también quería llegar al alumno de Bachillerato. Doy clases de Arte a alumnos de segundo de Bachillerato en el IES Albero de Alcalá de Guadaíra y te das cuenta de que la Historia del Arte se escribió en el siglo XIX y creo que hay que actualizarla».

En el libro hay un apartado especial dedicado a las mujeres artistas que han sido injustamente marginadas durante siglos. «Salvo Luisa Roldán y Frida Kahlo —asegura este autor—, las mujeres están olvidadas». De este modo, se hace un recorrido por creadoras de la calidad de Sofonisba Anguissola, que fue discípula de Miguel Ángel. Su calidad era tal —estuvo en la corte de Felipe II— que hoy en día muchos estudiosos le atribuyen el famoso cuadro «La dama del armiño», cuya autoría ha sido adjudicada tradicionalmente a El Greco. También es famoso el caso de Luisa Roldán, «que alcanzó un nivel de primera categoría en la escultura española del siglo XVII, pero muchas de sus obras se confundieron con el taller de su padre, Pedro Roldán», comenta el autor. Otro caso parecido es el de la escultora Camille Claudel, amante de Rodin y artista que ha sido ensombrecida con el paso del tiempo porque muchas de sus obras se atribuyen al creador de «El pensador». Esta artista falleció en el olvido en una residencia psiquiátrica en 1943.

Este profesor comenta también que «en los libros de arte se olvidan aspectos sociales, elementos de la vida cotidiana de los artistas, aspectos personales. No se puede entender al artista como un conglomerado de fechas y datos. El arte necesita un juicio. Hay que aprender a ver y contextualizar la obra».

«Rubens sería muy de Facebook porque busca el sitio más adecuado. Durero usaría Instagram al ser más osado»

Otro de los apartados destacados de este libro es el titulado «El “selfie” del artista», que habla de la importancia del autorretrato a lo largo de la Historia del Arte. «Hoy en día hay una obsesión por el autorretrato que se vuelca en las redes sociales. Rubens sería muy de Facebook, porque busca el sitio más adecuado y amable. Durero usaría Instagram porque es más osado y se representa incluso desnudo. Muchos autorretratos son reflejo de la personalidad, como pasa con Rembrandt o Van Gogh».

Los artistas rechazados

Existen numerosos casos en los que grandes artistas fueron rechazados. Eso lo explica Manuel Jesús Roldán con ejemplos como el de «El Juicio Final» de Miguel Ángel, ya que este artista «retrató a muchos personajes desnudos, algo que provocó un gran rechazo en su época». Pío V ordenó a Daniele da Volterra, discípulo de Miguel Ángel, que vistiera a las figuras con unos paños, por eso fue conocido por el sobrenombre de «Il Braghettone». Otros casos de rechazo lo sufrieron Caravaggio o los impresionistas.

Cubierta del libro
Cubierta del libro- ABC

Este libro de Manuel Jesús Roldán trata otros temas como el del erotismo en el arte. Desde la época griega hasta el siglo XIX la representación del sexo femenino era un tabú, pero artistas como Gustave Courbet cambiaron esta concepción con obras tan atrevidas como «El origen del mundo» (1866), donde representaba la vulva y el vello púbico de una mujer.

En esta obra hay también otro apartado interesante, como el que se refiere a los artistas suicidas. Es el caso de Torrigiano, famoso por esculturas como el San Jerónimo penitente, que está en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, pero, sobre todo, por su carácter pendenciero. Según la leyenda, le rompió la nariz a Miguel Ángel. Fue acusado de hereje por la Inquisición y murió de suicidio pasivo en las cárceles sevillanas por negarse a probar alimentos. Giorgio Vasari, que era amigo de Miguel Ángel y enemigo de Torrigiano, creó una falsa imagen del artista en sus biografías. Otros casos de artistas suicidas célebres son Borromini, que se mató con una espada; Van Gogh, que se disparó con un revólver en el pecho y murió dos días después, o el sevillano Antonio Susillo, que se suicidó tras una experiencia vital fracasada.

En el libro tienen cabida, igualmente, artistas que destacaron por su carácter conflictivo, como ocurrió con Benvenutto Cellini, que fue conocido por ser violento. «Lo acusaron de sodomía, pero salió adelante por el apoyo de sus patrones», dice este profesor de la universidad CEU San Pablo. Caravaggio, por su parte, estuvo implicado en pendencias, asesinatos, etc., pero fue protegido incluso por el Papa. También cabe destacar el caso de JuanMartínez Montañés, que estuvo en la cárcel por matar a un hombre en una disputa. «Eso está documentado. El escultor tuvo que pagar una fianza y la mujer del difunto lo perdonó. Montañés pudo sufrir procesos ciclotímicos, pero todas esas historias se mantienen ocultas en la Historia del Arte», concluye Manuel Jesús Roldán.