Enrique Bocanegra junto al ejemplar de su libro
Enrique Bocanegra junto al ejemplar de su libro - JUAN JOSÉ ÚBEDA
PREMIO COMILLAS

La misión del espía más famoso de la Guerra Fría en la Sevilla de Queipo

El sevillano Enrique Bocanegra presenta «Un espía en la trinchera», en la que narra la peripecia de Kim Philby en la Guerra Civil española

SEVILLAActualizado:

Los aficionados a la literatura de la Guerra Fría conocen bien a Kim Philby, el más famoso del denominado Círculo de Cambridge, un grupo cinco de espías británicos que, dentro de los servicios de inteligencia de su país, trabajó para la Unión Soviética.

Philby, que formó parte de la cúpula del MI6 y que escapó a Rusia en los años sesenta, inspiró a John Le Carré el personaje de Bill Haydon de su famosa novela «El topo» (1974) y su figura ha llenado páginas de biografías y artículos periodísticos. «Tiene más biografías que algunos ministros ingleses», afirma el escritor y periodista sevillano Enrique Bocanegra, quien dedica al doble agente «Un espía en la trinchera» (Tusquets), ganador de la última edición del premio Comillas y que narra su peripecia en la Guerra Civil española.

Este aspecto de su biografía apenas se había investigado, pese que el británico lo consideraba esencial. «Emergí del conflicto como un agente que ha alcanzado su plena madurez al servicio de los soviéticos», señalaba Philby en sus memorias en una cita que Bocanegra incluye en la apertura de su ensayo.

A partir de aquí el escritor sevillano ha desarrollado una investigación siguiendo las huellas del doble agente por la Guerra Civil y que tuvo su punto de partida en la Sevilla de Queipo de Llano, a donde llegó con dos cometidos: «Informar del movimiento de oficiales italianos y alemanes en el bando nacional y conseguir toda la información posible de una persona que, tras unas primeras semanas de confusión, está apareciendo como principal líder de los nacionales, un tal general Francisco Franco del cual los rusos no sabían nada, porque no sabían casi nada de España».

La orden se la da Theodore Mally, un exsacerdote húngaro apresado por los rusos tras la I Guerra Mundial y que se había convertido al comunismo. Philby venía de trabajar en un proyecto fallido de revista para estrechar lazos entre su país la Alemania nazi, y tenía una carta del que sería ministro de Asuntos Exteriores alemán, Joachin von Ribbentrop.

Su periodo de tres meses en Sevilla es el más misterioso de su etapa españolaEnrique Bocanegra

Con estas credenciales, señala Bocanegra, se reunió en Londres con los dos «embajadores oficiosos de los sublevados»: Alfonso Merry del Val y el duque de Alba, que le firmaron una carta que le permitiría, vía Lisboa, entrar en la zona nacional. Allí, gracias a unas cartas de pequeños diarios ingleses, se hace pasar como periodista.

En febrero de 1937 el espía llega a Sevilla, donde estuvo hasta mayo. «Ese periodo de tres meses es el más misterioso de su etapa española. Todo lo que sabemos es por él. No tenemos referencia de nadie que en esos meses lo conociera. Del resto de su estancia en España tenemos otros testimonios», que van desde Merry del Val al escritor Indro Montanelli.

Sus movimientos se centraron, sobre todo, en la Puerta de Jerez. «Su misión era Franco y los alemanes. Franco había estado en el Palacio de Yanduri, pero no volvió a Sevilla hasta después de la guerra. Los alemanes estaban en el Hotel Cristina. Donde más tiempo tuvo que pasar Philby fue en la Puerta de Jerez. Era de lo que podía informar».

Durante su estancia no se entrevistó con Queipo de Llano, posiblemente escarmentado por la experiencia de Arthur Koestler, el periodista húngaro y comunista que se hizo pasar por simpatizante de los nacionales para narrar sus horrores. Tampoco tuvo mucha suerte con los oficiales alemanes, a pesar de dominar el idioma.

Matar a Franco

«Tenía la carta de Ribbentrop, pero en esas fechas ya estaban ojo avizor. Ya habían detenido a Koestler y no tenía ningún gran medio que lo avalase. Resultaba sospechoso. Queipo, por su parte, no se relacionaba con periodistas a menos que estuvieran muy acreditados», señala.

Durante esos meses hay otro episodio oscuro: «Cuando recibe el encargo de matar a Franco». ¿Hizo Philby algún intento en ese sentido? El escritor señala que se desconoce, «tampoco si recibió la orden, no hay información fiable».

No se entiende la carrera de Philby sin la experiencia españolaEnrique Bocanegra

Su estancia, al menos, le sirvió para escribir el artículo que le abrió las puertas de The Times, datado el 24 de mayo de 1937 en Sevilla. Aunque más que el artículo, quien le abre las puertas del periódico es su padre St John Philby, «uno de los prohombres del Imperio británico, que es quien le lleva el artículo al director de The Times».

No consiguió matar al dictador, pero esos vínculos con el bando nacional, donde pasaba por conservador y simpatizante de los alemanes, le permitieron hacer carrera en el MI6, al acceder a un puesto de contraespionaje en el despacho dedicado a la península ibérica, punto de partida de su meteórica y controvertida trayectoria. «No se entiende la carrera de Philby sin la experiencia española», concluye.