Novedad editorial

«Todos llevamos dentro un monstruo, y la razón no siempre consigue que éste permanezca dormido»

Rafael García Maldonado publica «Por un perro sin tumba» (Anantes)

Rafael García Maldonado es un gran lector de novela negra, algo que se plasma en «Por un perro sin tumba»
Rafael García Maldonado es un gran lector de novela negra, algo que se plasma en «Por un perro sin tumba» - ABC

Rafael García Maldonado (Fuengirola, 1981) es un escritor atípico y, en cierta medida, heterodoxo, pues no se deja atrapar por lo que dictan las modas. Contumaz lector desde que era pequeño, este malagueño que pertenece a una saga de farmacéuticos ha logrado en apenas cuatro años forjar un estilo propio en el que destaca su decidida apuesta por la literatura de calidad, con una prosa muy cuidada, pero sin renunciar a unas tramas atractivas para los lectores. Después de debutar con su novela «El trapero del tiempo» (2013), este prolífico autor publicó posteriormente «Tras la guarida». También ha destacado en el terreno del cuento con su libro «Cuaderno de incertidumbre», además de haber incluido varios relatos en antologías. Y ahora logra dar otra vuelta de tuerca con su nueva creación, «Por un perro sin tumba» (Anantes), una novela negra con un gran pulso narrativo que muestra la barbarie del ser humano.

Esta obra sigue los esquemas de la novela negra clásica, con reminiscencias a Dashiell Hammett y Raymond Chandler, entre otros muchos, pero también busca aportar elementos originales dentro de un género tan tratado en la narrativa durante las últimas décadas. «Yo quería hacer una reflexión sobre el mal, la violencia y la compasión, y como no quería ni podía hacer un tratado filosófico le di la forma de una novela negra, un género que me entusiasma», asegura el escritor. «La novela negra es inagotable: la muerte, el crimen y el misterio no van a dejar de interesar nunca al ser humano. Y sí, hay posibilidades de hacer cosas nuevas, cada uno con su estilo y su manera diferente de mirar el mundo. Yo hace tiempo que decidí apostar por el estilo y el enigma».

En esta novela, donde abundan numerosos pasajes llenos de violencia y crudeza, se alude al «horror» de «El corazón de las tinieblas». Todo ello para plasmar la maldad del ser humano. «Cito a Conrad –asegura este autor– porque es quizá, junto con Faulkner, Benet y Onetti, el narrador al que más debo como escritor. Nadie que haya leído bien "El corazón de las tinieblas" es el mismo que antes de leer ese tratado sobre el alma humana. Las palabras de Kurtz sobre el horror no se olvidan nunca, ni todo lo que hay detrás de su locura y su descenso a los infiernos. El ser humano es capaz de hacer las mayores aberraciones, pero también de lo mejor, y de eso precisamente –entre otras cosas– va esta novela».

Frente a esa maldad humana, los perros tienen en esta historia un papel fundamental simbolizando la pureza. Uno de los protagonistas, Antonio Antúnez, llega a decir una frase muy reveladora: «En toda mi vida sólo vi a Dios en una parte: en los ojos de mi perro. Si Dios ha mirado a alguien alguna vez, estoy seguro de que lo hizo a través de los ojos de un perro.» A este respecto, el autor de «El trapero del tiempo» asegura que «tengo perro desde muy pequeño, y sé de qué hablo cuando hablo de sus miradas, de su lealtad, de su nobleza. Una vez, hace tiempo, vi a unos niñatos pegándole a un perro indefenso, y me di cuenta que yo, al verlo, me había convertido en una bestia, podía haberlos matado si llego a tener un arma conmigo. Supe entonces que racional e irracionalmente se podía llegar muy lejos en la defensa y el maltrato de los animales. Vi ahí material para explorar el espíritu de manera literaria, que es lo que me interesa. En esta novela hay un perro que desaparece, y ello saca a relucir una catarata de maldad y violencia descomunal.»

«Por un perro sin tumba» es, además, una novela coral donde sobresalen cuatro personajes: el psiquiatra Antonio Antúnez, la inspectora Ana Zuloaga, el inspector-jefe Valcárcel y el sacerdote Sebastián Santamaría. Todos ellos se caracterizan por sus luces y sombras. «Si algo aprende uno con la edad es que el mundo no se puede dividir entre buenos y malos, que las cosas no son tan sencillas, y hoy día la gente está obsesionada con poner etiquetas a todo. La estupidez no acepta los matices, los grises, la extraordinaria complejidad del mundo. Yo he visto a gente buenísima hacer fechorías infames, y también a supuestos malhechores hacer el bien cuando nadie los ve. Todos llevamos dentro un monstruo, y la razón no siempre consigue que éste permanezca dormido».

Cubierta de la novela
Cubierta de la novela- ABC

Por otra parte, en esta novela también destacan elementos por desgracia tan vigentes en la actualidad como la corrupción policial y política, la prostitución, las peleas ilegales de perros, etc., todo ello tratado con gran crudeza y ciñéndose a los hechos reales, sin ocultar o edulcorar nada. Sobre este asunto, el autor de «Cuaderno de incertidumbre» comenta que «me sumergí en el submundo para escribirla, no sólo de la psique, sino de la ciudad que narro, que es la mía. Me documenté a fondo en materia policial con inspectores de homicidios de verdad, que me contaron de primera mano cómo funciona ese mundo, y he acabado siendo amigo de alguno de ellos». Esa documentación minuciosa hizo que este autor diera «muchas vueltas por el lado oscuro, por los barrios deprimidos, los bares más cutres, por algún burdel, y hablé con malogrados por la vida y la desgracia, con prostitutas, con algún ex presidiario. Uno de ellos me llevó a ver una pelea de perros peligrosos, y allí vi a gente que sale en los periódicos locales inaugurando exposiciones culturales y asilos. Fue uno de los peores momentos de mi vida».

Esta novela se podría ver como una historia de venganza, castigo y redención, donde incluso tiene un papel importante la Inquisición española. «Es una historia épica, casi un western policial», señala García Maldonado. «Metí la Inquisición española porque me venía bien para explicar la historia negra de España, que personifica el sacerdote erudito, y que es un personaje-metáfora de nuestra historia, llena de luces y sombras. Esta novela tiene vocación de un público mayor que lo habitual en mí, e introduzco algunos toques de best seller, más que nada para parodiar a ese género, que detesto».

Málaga y el mar

También hay que destacar el papel fundamental que juega Málaga dentro de la narración, constituyéndose en un personaje más de la obra. «Casi toda la trama se desarrolla en Málaga, pero yo no la nombro apenas, sólo la llamo La Ciudad, y claro, deviene en el personaje principal, en el tablero del juego. Me paso la vida entre Málaga y Sevilla, y por tanto soy afortunado, son dos ciudades extraordinarias. La novela termina en Triana, por cierto, en el castillo de San Jorge, primera morada del Santo Oficio».

Asimismo, destaca el simbolismo del mar como un elemento de pureza y escapismo frente a las miserias humanas. «El mar –asegura este escritor– lo es casi todo para mí. No sabría vivir sin el mar, y le presté eso a mi personaje, el psiquiatra Antonio Antúnez, que cuando está desesperado se va a navegar. Yo me saqué el título de patrón de yate para entender mejor las novelas de Conrad y Melville, y porque sé que mi futuro está en el mar, con mis hijos.»

«De los escritores que ahora venden muchísimo no se acordará nadie en 10 o 15 años»
En Facebook, hace ya unas semanas, Rafael García Maldonado abrió un interesante debate a colación de la nueva novela de John Banville, que acaba de publicar bajo su seudónimo Benjamin Black «Las sombras de Quirke». El autor malagueño se planteaba si la literatura de género estaba reñida con la exigencia literaria. En este caso, «Por un perro sin tumba» aúna una trama entretenida con un estilo cuidado. Preguntado por si cree que se vive actualmente bajo la tiranía de la literatura del entretenimiento, Rafael García Maldonado asegura que «así es, y de hecho estoy escribiendo un ensayo sobre la alta literatura ahora mismo, y cómo parece haber desaparecido de las mesas de novedades, sólo practicada por desconocidos escritores de provincias y algún que otro resistente». «Hoy –prosigue– nadie editaría a Onetti ni a Céline, y eso es un drama, hay que pelear porque vuelva la ambición del estilo, lo sublime, la grandeza literaria. De los escritores que ahora venden muchísimo no se acordará nadie dentro de 10 o 15 años».

En cuanto a cuál es el secreto que tiene este narrador para escribir tan prolíficamente y combinarlo con su oficio de farmacéutico, García Maldonado lo tiene muy claro: «Organización, como todo. He publicado bastante, pero no escribo tanto. Yo soy un lector empedernido, un boticario lector que en los ratos libres escribe. Tengo unas cuatro horas al día –duermo muy poco– para la literatura, los fines de semana y las guardias mucho más, y de ahí cojo tres cuartas partes para leer y una para escribir. Pero eso todos los días del año da para mucho. Ganarte bien la vida en una profesión diferente hace que la tarea literaria sea placentera, sosegada y un puro placer».

Y como no podía esperarse de otra forma, los textos de Rafael García Maldonado deben mucho a sus interminables horas de lectura. En muchas páginas de su nueva novela hay referencias claras y en otras veladas hacia numerosos autores. Sobre este asunto, afirma que «siempre he dicho que lo natural es la lectura, no la escritura, y el lector es fundamental. Yo cuando escribo me dirijo a un lector que probablemente no existe. No aspiro a tener muchos lectores, sino a tener los mejores». Además, admite que «antes me influían más las lecturas que ahora, que tengo un estilo más definido, pero por otra parte es lógico que en mis obras se filtren cosas, porque desde Homero hasta Miguel Barrero –que es el autor del último buen libro que he leído– estamos aprendiendo siempre unos de otros».

Toda la actualidad en portada

comentarios