bienal de flamenco
Estilos de flamenco: del tango a la zambra, pasando por la toná
Pastora Pavón, Chano Lobato o Antonio Mairena, fueron algunos de los cantaores que pusieron voz a estos estilos del flamenco

Con motivo de la celebración de la XVIII Bienal de Flamenco en Sevilla, ABC hace un repaso de los distintos estilos que guarda la cultura flamenca. Un gran abanico de cante y baile, en el que hoy nos detenemos en conocer el origen de las tangos, los tanguillos, la taranta, las tonás y la zambra.
Tangos
Cante con copla de tres o cuatro versos octosílabos. Considerado uno de los estilos básicos del flamenco, el tango tiene variadas modalidades, entre las que destacan las de Cádiz, Triana, Jerez y Málaga. Todas las teorías apuntan a que la cuna del tango han de repartírsela entre Cádiz y Sevilla, descartándose toda relación con el tango argentino. Es posible que procedan de antiguos cantos bailables del siglo XIX y que poco a poco se fueran configurando en lo que hoy conocemos como tal, un cante ejecutado a 4/4 en todas las tonalidades posibles. Por ejemplo, los del Titi de Triana se hacen en tonos menores, los de Cádiz se acompañan en tonos modales, y los de Málaga o del Piyayo en tonos mayores. También hay una modalidad en Granada que se realiza por arriba a un ritmo más lento. Sus primeros intérpretes conocidos fueron El Mellizo y Aurelio Sellés en Cádiz, Pastora Pavón y el Titi en Sevilla, Frijones y el Mojama en Jerez, y La Pirula, la Repompa y el Piyayo en Málaga.
Tanguillos
Cante con copla que admite cualquier métrica. Es genuinamente gaditano, por lo que también es conocido como tanguillo de Cádiz. Sus letras son casi siempre festeras, jocosas e intrascendentes y se suele interpretar mucho en carnaval. Su tiempo, más rápido que el del tango, lo emparenta con éste en lo relativo al flamenco, donde han destacado en su ejecución Pericón y Chano Lobato.
Taranta
Cante con copla de cuatro o cinco versos octosílabos, que al cantarla se repite uno de ellos. Pertence al grupo de los cantes de Levante y dentro de él, a los llamados cantes de las Minas. Su origen está atribuido a Antonio Graus Mora, «El Rojo el Alpargatero», que probablemente se apoyaría en algún fandango almeriense. Se interpreta de forma libre en cuanto a la medida de sus tercios y se acompaña a la guitarra en Fa sostenido. Tras su nacimiento en Almería, este cante se extendió por otras zonas, como Linares y otras localidades mineras de Jaén y la provincia de Murcia, sobre todo La Unión. Es el tronco del que salen el resto de los cantes mineros.
Tonás
Cante con coplas de cuatro versos octosílabos, el segundo y el cuarto con rima asonante, que se suele rematar con un terceto imperfecto. Para casi todos los expertos es el cante madre del flamenco, de él parten todos los demás. Su origen es incierto, aunque podría tener su antecedente en los romances o corridos gitanos que interpretaban El Planeta, el Tío Rivas. Podría fecharse su nacimiento en torno a 1770 tanto en Jerez como en Triana. Es un cante sin acompañamiento musical que engloba de forma genérica a los martinetes, deblas y carceleras. Muchas tonás han pasado a la historia con un nombre propio gracias, sobre todo, a los escritos de Ricardo Molina y Antonio Mairena, que no se ajustan demasiado al rigor. Aún así, ellos hablan de toná liviana de Tío Luis de la Juliana, toná del Cristo, toná de los pajaritos, toná del Tío Luis el Cautivo, toná de Blas Barca, toná del Tío Rivas, toná del Cuadrillero, toná liviana de Curro Pabla, toná liviana de Juan el Cagón, toná liviana de Tía Sarvaora, toná de La Junquera, toná de Juanelo, toná de Perico Frascola.
Zambra
Con el nombre de Zambra se denominaba antiguamente tanto al lugar donde se desarrollaban como a los espectáculos del Sacromonte. Lo que hoy se conserva de ella es un baile integrado a su vez por otros tres: la alboreá, la cachucha y la mosca, que simbolizan diferentes momentos de una boda gitana. Se acompaña por un cante y un toque monótonos, lo que demuestra que se trata de un palo con una evidente raíz folclórica. En los últimos tiempos Manolo Caracol hizo célebre un estilo muy personal al que llamó zambra, pero que nada tiene que ver con ésta. Algunos de los títulos más difundidos de la versión caracolera son «La salvaora» y «La Niña del fuego».
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