Javier Ruibal
Javier Ruibal - EFE

Javier Ruibal: «En mi música hay un batiburrillo de placeres»

El cantautor gaditano celebra sus 35 años en la música con un una caja conmemorativa con canciones grabadas en directo. El 9 de junio estará en el Teatro Fernán Gómez, de Madrid, dentro del festival Flamenco Madrid 2016

Actualizado:

Las canciones de Javier Ruibal tienen sabor a salitre, a tortillita de camarones, al sol más luminoso, a alegría de vivir. Es decir, a El Puerto de Santa María (Cádiz), donde nació. Y también se reconoce en su lírica a los poetas andaluces. Con estos ingredientes es uno de los mejores cantautores españoles, pero su música es saboreada por una selecta minoría de «gourmets».

Ahora cumple 35 años de la publicación su primer disco, y lo hace con una caja de dos CD mas dos DVD con una selección de sus composiciones interpretadas junto a artistas como Kiko Veneno, Martirio, Miguel Ríos, Tomasito, Jorge Drexler, Carmen Linares o Pasión Vega.

-¿Qué influencias, musicales o de cualquier tipo, encontramos en las canciones de Javier Ruibal?

-En cuanto a la letra, por supuesto tienes que rimar y tienes que acercarte a lo poético, con mayor o menor acierto. A mí me seduce mucho la poesía llena de imágenes fantásticas y cuando se habla, por ejemplo, del terreno amoroso, del arrebato y las pasiones, me fijo en cómo las han ido manejando los poetas del 27 y, fundamentalmente, García Lorca. Ese mundo suyo encaja muy bien con mis modos musicales, que también están relacionados con algo muy colorista y aromático, muy andalusí. Ahí, de pronto, hay referencia al modo flamenco musical y en los textos, y a muchas otras músicas. Soy un batiburrillo de placeres. A lo que me complace me acerco y lo contemplo y lo vivo con mucha pasión. Me gusta también la buena novela, y me gustan los personajes secundarios, que aparecen en un capítulo, te seducen y tardan tres capítulos en aparecer. Es un modo de entender la vida. De hecho, no me molesta en esto del arte no ser un primera división, me basta con salir a mover la pelota y hacerlo bien.

-¿Como el Cádiz F. C.?

-(Ríe) Efectivamente. Si es que todo viene de lo mismo.

-También se nota influencia de la calle, el sol, el mar...

-Evidentemente. Somos niños que nos hemos criado en la calle hasta altas horas. En el apetito por ser artista musical hay mucho de la fantasía de la infancia, y ese contacto con el mar permanente, esa manera de alargar los días. Dedicarse a este oficio es un poco alargar el tiempo, prolongar los estados de ánimo que más te gustan, aunque para hacer una canción hay que trabajarla.

-¿Dónde acaba el poeta y empieza el músico, o viceversa?

-Son como dos partidas simultáneas. Con la música tengo el reto de que la pieza pueda oírse sola y sea interesante. Y en el texto lo mismo, intento emular, salvando las enormes diferencias, a los grandes poetas, dar la sensación de que todo está medianamente equilibrado. Y por último, que haya una relación. A una música con cierta chispa o ritmo ligero no le puedes poner una letra intensa. Se trata de crear una especie de pieza de orfebrería en la que todo encaje. Yo me considero, y lo he dicho muchas veces, más artesano que artista. El resultado puede ser muy artístico, pero por la vía de lo artesanal.