El busto de Adriano de Itálica, junto a otros tres que provienen de Tarragona, Mérida y Yecla
El busto de Adriano de Itálica, junto a otros tres que provienen de Tarragona, Mérida y Yecla - M. J. LÓPEZ OLMEDO
EXPOSICIÓN

El Arqueológico de Sevilla celebra los 1.900 años de Adriano, el emperador que refundó Roma

Una exposición presenta la transformación que el emperador bético dio al imperio con la integración de sus diferentes territorios

SEVILLAActualizado:

Cuando Adriano subió al trono el año 117, sucedía no solo a Trajano, el primer emperador de la dinastía bética que él mismo continuaba, sino al general que había ensanchado los límites del imperio, con la incorporación de Dacia y Mesopotamia, hasta cotas que nunca superarían sus sucesores.

A Adriano, nacido en Itálica, le correspondía gobernar en paz un vasto territorio desde Hispania a Asia Menor, para lo cual viajó por todo el imperio, para conocerlo en profundidad, e integró la gran diversidad de culturas y territorios, aunque especialmente la Grecia y Egipto, para refundar Roma y mantener su hegemonía en Europa durante tres siglos más.

Mostrar esa transformación que experimentó Roma con Adriano, del que en este 2017 se cumple 1.900 años de su llegada al poder, es el objetivo de la exposición «Adriano Metamorfosis. El nacimiento de una nueva Roma», que puede verse en el Museo Arqueológico hasta el próximo 8 de abril.

La muestra es fruto de la colaboración entre el museo sevillano, de titularidad estatal y gestión de la Junta de Andalucía, y las universidades Pablo de Olavide, de Sevilla y Carlos III.

«El hecho de que Adriano procediese de las provincias y llegase a gobernar un imperio, le hizo entender que la diversidad cultural no tenía que ser reprimida en Roma, sino una parte integral de la personalidad romana, la esencia del imperio, que transformó en una realidad romana pero profundamente múltiple», explicó ayer el profesor de la Olavide Juan Manuel Cortés Copete, comisario de la exposición junto a la profesora de la UPO Elena Muñiz Grijalvo y el profesor de la Hispalense, Fernando Lozano Gómez. La directora del Arqueológico, Ana Navarro, ha sido la comisaria técnica de la muestra.

Esa integración de culturas del imperio se concretó, sobre todo, en la Grecia y Egipto, explica Muñiz Grijalbo, quien pone como ejemplo que Adriano devolvió el esplendor cultural a Atenas, recuperando el proyecto de Pericles del siglo V a. C. del Panhelenium, una liga de ciudades griegas, y culminando durante su mandato el templo deZeus Olímpico.

Además, Adriano recorrió, tal como se muestra en uno de los mapas de la exposición, todo el imperio, porque para él, como recordó Cortés Copete, «viajar era gobernar», lo que le permitió conocer una «realidad romana tremendamente compleja». Además, añade el profesor, asumió el gobierno como un «servicio público», desarrollando leyes y realizando obras en territorios más allá de Roma.

Los bustos del emperador

El recorrido por el mandato del emperador se realiza en las salas temporales del Arqueológico mediante paneles explicativos, que ofrecen el hilo conductor y la contextualización la cincuentena de piezas que se exponen, la mayor parte del propio museo, provenientes del legado italicense, cuyas piezas son de «primer orden y que no se ven en ningún lugar del mundo», explicó Cortés Copete. «Itálica merece se patrimonio de la humanidad», añadió.

Buen ejemplo de ello es el busto de Adriano que se expone en la muestra, realizado entre el 135 y el 140, y que tiene elementos tan singulares como un relieve con la cabeza de Medusa o el manto imperial. «Es el mejor que se conserva del emperador», puntualiza Muñiz Grijalvo. En la muestra se presenta junto a tres bustos más provenientes de Tarragona, Mérida y Yecla, este último descubierto hace pocos años y que por primera vez sale de Murcia.

Otras piezas singulares que presenta la muestra son una falange y el torso de una mano provenientes de una estatua colosal de Adriano y que se muestran por primera vez. Pertenecientes a la colección del museo, se muestran por primera vez y dan una idea del tamaño de la escultura: 25 metros, tan solo nueve menos que la Torre del Oro.

Un recorrido sobre el mandato de Adriano, estructurado temáticamente en cinco apartados, destacando, entre otras cuestiones, su condición de emperador soldado o su divinización con fines propagandísticos, solo dos perfiles del dirigente que transformó Roma en el siglo II.