Jean-Pierre Léaud en «Los 400 golpes», de François Truffautt
Jean-Pierre Léaud en «Los 400 golpes», de François Truffautt - ABC
EXPOSICIÓN

El CaixaForum de Sevilla muestra la mirada de los niños en el cine

Este miércoles se inaugura «Cine y emociones. Un viaje a la infancia», realizada en colaboración con la Cinémathèque Française

SevillaActualizado:

«Todos los grandes cineastas han hecho una película de niños o con niños». La frase es de Gabrielle Sébire, comisaria de la exposición «Cine y emociones. Un viaje a la infancia», que, en colaboración con la Cinémathèque Française, muestra, desde este miércoles al 23 de septiembre en el CaixaForum de Sevilla, la mirada sobre la infancia de directores que forman parte de la historia del cine, como Charles Chaplin, Jean Vigo, François Truffaut, Víctor Erice, Igmar Bergman, Carlos Saura, Richard Linklater y Wes Anderson, entre otros.

La exposición, que ya se ha visto en los centros que dispone la Fundación Bancaria «La Caixa» en Gerona y Zaragoza, presenta un recorrido por la infancia en el cine a través de las emociones que genera, como la alegría, la rabia, las lágrimas, la risa, el miedo, la valentía y la ilusión.

De esta forma, el CaixaForum propone un recorrido que alterna los clips de películas clásicas y contemporáneas, que van desde «El chico», de Chaplin, o «La noche del cazador», de Charles Laughton, a largos de Pixar, como «Los Increíbles», y «Moonrise Kingdom», de Wes Anderson.

La exposición combina la proyección de imágenes de esas películas con objetos como la escoba de Harry Potter y el cartel de la película «Cría cuervos», la pipa de Jacques Tati en «Las vacaciones de M. Hulot» y fotografías de Jean Marais caracterizándose de la Bestia en la película que dirigió Jean Cocteau sobre el cuento infantil, así como un traje de princesa la película «Piel de asno», de Jacques Demy, que usó Catherine Deneuve.

La muestra también contiene curiosidades, como un fotograma de la considerada primera película animada de la historia, «Las aventuras del príncipe Achmed», realizada en 1926 por la técnica de animación por siluetas por la alemana Lotte Reiniger.

Técnica y estilo al que rendirá homenaje unos setenta años después el realizador francés Michel Ocelot en filmes como «Los cuentos de la noche» o «Príncipes y princesas», cuyos fotogramas también se pueden ver en la exposición, así como el proceso de creación, desde el boceto a las imágenes de la película «Kirikú y la bruja».

La exposición se cierra, como todas las de CaixaForum con un área didáctica dirigido a la interacción de las familias. Así, bajo el título de «Paisajes emocionales» la exposición presenta un espacio donde pequeños y mayores podrán rodar su propia película y expresar emociones diferentes.

Para ello, contarán con elementos escenográficos y una cámara de fotos que les permitirá ir montando una película que posteriormente podrán ver, sentados en las butacas como en un cine, en una pantalla.

Como destacó el director del Área de Cultura de la Fundación Bancaria «La Caixa», Ignasi Miró, la exposición permite apreciar la «capacidad de los niños de tener papeles protagonistas», en un medio, como el cine, «del que los niños han formado parte desde que se inventó».

Unos niños a los que se acercan los directores, explica Sébire -también responsable del Servicio Educativo de la Cinémateque Française- buscando la «naturalidad» que consiguen también cuando trabajan con actores no profesionales.

Porque los niños, como los protagonistas de «La noche del cazador», de Charles Laughton «no son actores profesionales» y, por tanto, señala la comisaria de la muestra, no se aprenden un guión, sino que tiene que expresarlo con sus propias palabras para hacerlo creíble. «Tiene que sacar la naturalidad del niño», añade.

Por ello, explica, Charles Laughton montó un taller de recortes de papel con los niños de su película o Vittorio de Sica eligió al hijo del protagonista de «El ladrón de bicicletas» por su forma de andar.

«Sin la mirada del niño que acompaña al protagonista, la emoción de "El ladron de bicicletas" sería muy diferente, porque el niño asiste a la desesperación del padre», explica Sébire, y todo el público con él.