Un espectador mira el cuadro «San Antonio con el Niño
Un espectador mira el cuadro «San Antonio con el Niño - J.M.SERRANO
AÑO MURILLO

La Caridad expone el único murillo en manos privadas que nunca abandonó Sevilla

La obra «San Antonio con el Niño» se podrá ver en la Sala Baja de Cabildos del Hospital hasta el 15 de octubre

SevillaActualizado:

Es un murillo bien documentado —aparece en los catálogos de Diego Angulo (1981) y Enrique Valdivieso (2010)— aunque resulta desconocido para muchos sevillanos por pertenecer a una colección privada. Se trata de «San Antonio con el Niño», que desde hoy hasta el 15 de octubre puede disfrutarse en el Hospital de la Santa Caridad y que es el único cuadro del pintor sevillano que estando en manos privadas nunca ha abandonado la ciudad, como explica el catedrático de Arte de la Universidad de Sevilla y experto en la escuela sevillana de pintura, Enrique Valdivieso, uno de los mayores conocedores de la obra de Murillo.

«Es una obra que desde se pintó ha permanecido siempre en Sevilla. Es el único murillo que siendo de propiedad privada nunca ha abandonado la ciudad. Está catalogada desde hace muchos años», explica el historiador, que fue el encargado de presentar la obra ayer en la iglesia de San Jorge de la Santa Caridad, donde disertó sobre la vida de San Antonio de Padua, advocación a la que está dedicado el lienzo, y sus milagros, así como sobre la media docena de obras que pintó Murillo representando el Niño junto a este santo, por el que había una enorme devoción en el siglo XVII

El Hospital albergará la obra hasta el próximo 15 de octubre, en concreto, en la Sala Baja de Cabildos, «enriqueciendo así una de las principales colecciones de arte barroco sevillano», explicaron desde la institución, que suma otra actividad para conmemorar el IV centenario del pintor.

Valdivieso señala que la obra es una pintura destinada para el culto de una familia, en un oratorio, en una alcoba o una capilla particular, por lo que tiene unas dimensiones de 1,96 x 1,25 metros, más reducidas que una pintura encargada para un convento o una iglesia. «Se trata de una pintura devota que sería para un domicilio», señala.

Enrique Valdivieso destaca que es una obra de «total madurez», «rara de ver» y «bastante bien conservada»

Murillo la pintó en una etapa de «total madurez», indica el catedrático, «en torno a 1670. La primera noticia que tenemos de ella se remonta a 1741 en un protocolo notarial en el que se señala que era propiedad de Jerónimo Ortíz de Sandoval, tercer conde de la Mejorada. Ortíz de Sandoval la compra con el asesoramiento previo de Domingo Martínez, el mejor pintor que había entonces en Sevilla, que no fue discípulo de Murillo, pero al que conocía muy bien. De hecho, asesoró a Isabel de Farnesio en la compra de una docena de fantásticos murillos, cuando Felipe V trasladó la corte en Sevilla, y que cuelgan ahora la mayoría de ellos en el Museo del Prado».

«El conde de la Mejorada lo vendió posteriormente a particulares y así hasta la actualidad. Los propietarios actuales son sevillanos y desean que con motivo del IV centenario se exponga públicamente en la Caridad

La obra representa a San Antonio de Padua, al que se le tenía «una gran devoción» en la época de Murillo, con el Niño, por lo que durante su vida recibió numerosos encargos de pinturas con este tema, señala el catedrático de la Hispalense, tanto para conventos e iglesias, como para el culto de particulares.

El resultado es un lienzo que, mantiene Valdivieso, es «propio del espíritu de Murillo, que presenta una escena amable e íntima entre el santo y el Niño Dios, con cariño y afectividad, en una comunión espiritual nunca vista hasta entonces en la historia de la pintura sevillana».

La exposición de este «San Antonio con el Niño» hasta octubre se revela como una magnífica oportunidad de contemplar un murillo «muy raro de ver y que está bastante bien conservado», explica este historiador, y de paso disfrutar de los que posee la Caridad, entre ellos, dos de gran formato que han sido recientemente restaurados y que pueden verse excepcionalmente a ras de suelo: «Milagro de Moisés haciendo brotar el agua de la roca» y el «Milagro de la multiplicación de los panes y los peces».