«Libro de registro de hermanos del Amor» de 1803
«Libro de registro de hermanos del Amor» de 1803 - ABC
INVESTIGACIÓN

De cómo Sevilla inventó su Semana Santa en el Siglo de las Luces

Rocío Plaza publica un documentado ensayo que anticipa el inicio de las procesiones modernas en el XVIII y no en las primaveras románticas del XIX

SEVILLAActualizado:

El final del siglo XVIII es uno de esos momentos cruciales de la Semana Santa, un periodo de crisis en el que probablemente estuvo a punto de desaparecer, pero que al final resultó la época en la que logra asentarse como fenómeno moderno.

La Semana Santa en el Siglo de las Luces con sus reformas laicas reforzó el poder de algunas cofradías y la Semana Santa pasó de simbolizar el Antiguo Régimen con su gravedad católica a mostrarse con una nueva estética teatral, hermosa y exuberante que aún reconocemos.

La investigadora Rocío Plaza Orellana, autora de libros fundamentales sobre la historia de la cultura andaluza especialmente del flamenco, el teatro, la moda y la literatura de viajes, sorprende con un ambicioso estudio que replantea el origen de la Semana Santa contemporánea.

Frente a la idea de que la fiesta actual se remonta en su iconografía a la creación romántica del siglo XIX con la influencia clave de la burguesía y de la corte «chica» de los Montpensier, la historiadora replantea estos inicios y se remonta al siglo XVIII y las convulsas reformas ilustradas que obligaron a un cambio de mapa.

En «Los orígenes modernos de la Semana Santa de Sevilla. El poder de las cofradías (1777-1808)», publicada por la editorial El Paseo, Rocío Plaza Orellana documenta esta tesis después de un exhaustivo trabajo de documentación en los archivos civiles y de las propias hermandades.

Se trata de un ensayo de amplísima erudicción que replantea algunos cimientos de los estudios de la Semana Santa

Se trata de un ensayo de amplísima erudición que replantea algunos cimientos de los estudios de Semana Santa, en tantas ocasiones basados en un material de acarreo repetido una y otra vez y con escasa ambición académica y científica. Frente a eso, Plaza Orellana despliega un interesante aparato documental que obliga a reformular los orígenes.

La tesis de la investigadora se basa en el cambio producido con la reforma del Estado Ilustrado que revisa las normas de los cortejos procesionales prohibiendo la salida de noche, los disciplinantes y penitentes de sangre, el uso del antifaz o las primeras desamortizaciones que llevaron a la desaparición de algunas cofradías y el definitivo reforzamiento de otras.

En 1783 se crea un decreto que obligaba a la extinción de las cofradías, más concretamente las gremiales, y las que no tenían la aprobación civil o eclesiástica. En 1798 se promulga otro decreto que inicia la política desamortizadora contra la Iglesia y que marcará el siglo siguiente. Sin embargo, las cofradías de Sevilla lograrán revocar las órdenes.

El caso de Sevilla es singular porque existe un ensayo anterior. Y es que el asistente Olavide en 1768 ya intentó acabar con ciertas costumbres de las hermandades como que una vez caída la noche las cofradías no podían encontrarse por las calles alegando los desórdenes públicos y los delitos que se cometían al refugio de las sombras.

Sin embargo, en Olavide se resume el dolor y el fracaso de la Ilustración porque es detenido en 1776 y acusado por la Inquisición de ser «el asistente impío». Será la primera batalla ganada a las reformas del Siglo de las Luces.

El amanecer a las dos de la madrugada

Las cofradías tuvieron que luchar contra la prohibición de salir de noche. El Silencio reformó sus reglas para adaptar su cortejo a las nuevas medidas y así salir «al rayar el alba del Viernes Santo por ser la de mayor silencio». Un alba o amanecer que en Sevilla se tradujo a partir de entonces como las dos de la madrugada.

«Fue algo que vino a formar parte de la compleja estrategia de engaños, resistencias y desacatos que las cofradías ofrecieron a los nuevos ordenamientos provenientes de Madrid, como si Sevilla tuviera otro amanecer», explica Rocío Plaza asegurando que será así como las hermandades del Gran Poder o la Macarena conquisten la noche, a pesar de la prohibición, e inventen la madrugada.

Las cofradías también tuvieron que luchar contra la primera desamortizacion que impulsó Manuel Godoy, el valido de Carlos IV, y que marcaría el inicio del derrumbe del Antiguo Régimen. Es entonces cuando se ordena el control de las hermandades para limitarlas o extinguirlas con la incautación de sus bienes.

Los que probablemente salvaron las hermandades fueron los síndicos y diputados del común. Estas figuras políticas fueron una creación de la Corona en 1766 para prevenir los habituales motines populares. Los vecinos podían elegir por parroquias o barrios a cuatro diputados para que ocuparan asiento con voz y voto junto al asistente y los regidores.

Según Rocío Plaza Orellana, estos representantes del pueblo resultarían fundamentales para la supervivencia de la Semana Santa porque muchos de ellos eran cofrades. Estos diputados y alcaldes de barrio crearon nuevos engranajes de poder integrando en ellos a las cofradías.

La investigadora cita a un personaje clave en la hermandad de la Macarena que determinó el destino de la cofradía:el alcalde de barrio, diputado del común, mayordomo y también hermano mayor Juan Nepomuceno Sarramián. «Fue un hombre que manejó las circunstancias con tanta habilidad que fue capaz de sacar adelante a su cofradía en un momento aciago», apunta.

Otro caso fue el de algunas hermandades que estaban en manos de la nobleza, como la Soledad, y que no actuaron con tanta eficacia. «Fue una cofradía que, a pesar de contar entre sus hermanos con miembros de los poderes tradicionales de la ciudad, fue incapaz de manejarse sorteando los envites de los diferentes acontecimientos que le tocó vivir, disponiéndose fuera de los cortejos procesionales».

La Semana Santa que surge de la Ilustración se apropiará de muchos recursos teatrales para desprenderse de la gravedad de los flagelantes

Como estudiosa de la historia de las artes escénicas y la fiesta, Rocío Plaza plantea una lectura paralela entre el teatro y la Semana Santa en este tiempo convulso. Como señaló Domínguez Ortiz la defensa del teatro en el país, y más concretamente en Sevilla, se convierte en insignia del pensamiento ilustrado.

En la ciudad el teatro tendrá las épocas de feliz impulso de Olavide y también la de Godoy, con su cuñado Manuel Cándido Moreno como asistente, pero será prohibido por la influencia de personajes como fray Diego de Cádiz y no pocos cofrades.

«El teatro y las cofradías como cortejos religiososo unos, y espectáculos laicos otros, sobrevivirán a todo y a todos;tanto a sus protectores como a sus enemigos, en este complejo siglo cuajado de luces intermitentes», señala la investigadora.

La Semana Santa que surge de la Ilustración se apropiará precisamente de muchos recursos teatrales para desprenderse de la gravedad de flagelantes y la oscuridad tenebrosa de los cortejos del Antiguo Régimen.

«El teatro fue un espejo de influencias para los cortejos procesionales. La Semana Santa se llenó de sibilas, ángeles alados con lentejuelas, las corazas militares de los que serían los futuros armados, capirotes multicolores y gasas escarchadas para los rostrillos de las dolorosas para la gran celebración religiosa de la burguesía», añade Rocío Plaza.